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La basura como solución en Kinshasa

El reciclaje de residuos se plantea como una opción de desarrollo sostenible en la ciudad que apunta a convertirse en la mayor megaurbe del mundo

Dos menores entre montones de basuras en Kinshasa, en la República Democrática del Congo.
Dos menores entre montones de basuras en Kinshasa, en la República Democrática del Congo.

Más de 12 millones de almas cohabitan en la capital de República Democrática del Congo, en la que ha pasado de ser conocida como Kin La Belle (Kinshasa la bella), a Kin La Pouvelle (Kin la sucia). La insuficiencia en infraestructuras y servicios de recogida y tratamiento de residuos hace que los desechos se acumulen en cualquier esquina, contaminen las aguas fluviales, obstruyan alcantarillado y riachuelos que atraviesan la ciudad, o bien generen contaminación del aire a través de la quema. Todo ello, representando un severo problema para la salud pública de sus residentes. Sin embargo, mientras el desempleo afecta a más del 38% de los kinois (como se conoce a los habitantes de Kinshasa) según las últimas estadísticas del Banco Africano de Desarrollo, la recolección y revalorización de residuos sólidos está desempeñando un papel fundamental para las economías de muchos hogares empobrecidos. ¿Podría la gestión de desechos y el reciclaje contribuir a un desarrollo sostenible para la capital congoleña?

La calle Kikwit, en el corazón del barrio de Lemba, anda ajetreada con camiones y trabajadores. Está a punto de caer el sol y los transportistas hacen cola para llevarse toneladas de plástico apiladas en bolsas hacia factorías de reciclaje. Al lado, decenas de recolectores de basura esperan a que los empresarios del almacén les paguen sus salarios. “Se han pasado el día recogiendo y arrastrando, a pie o en carretillas, sacos llenos de plástico por las calles de la ciudad. Los sacan de lugares bastante nauseabundos. Pero no todos vienen cada día, algunos van acumulando kilos y luego alquilan un carro para traerlo todo. Así se ahorran viajes. Porque se les paga por peso, no por jornada trabajada”, explica Vincent de Paul Nzalalemba, director de Recovad, una pequeña oenegé que tiene su taller a la sombra de este gran almacén de plásticos.

Desde que la Unión Europea dejara de financiar un proyecto para la mejora del saneamiento en la capital que se llevó a cabo de 2009 a 2015, la gestión de los residuos ha caído casi enteramente en manos del sector privado y la población local. Y no es tarea fácil, pues Kinshasa genera diariamente 7.000 toneladas de desechos, de los que solamente el 10% son gestionados por el Ayuntamiento, según recoge Radio Okapi.

A pesar de que no hay datos disponibles sobre el número de personas que viven actualmente en los barrios pobres de Kinshasa, la proporción estimada de población urbana que vive en barrios marginales en República Democrática del Congo es del 75%, una cifra que está un 15% por encima de la media en el África subsahariana, según el último informe de 2014 de Perspectivas de Urbanización Mundial.

Kinshasa es la tercera ciudad más poblada de África después de El Cairo y Lagos, y va de camino a convertirse en la urbe más populosa del mundo para 2075, con 390.000 nuevos habitantes cada año, según datos de ONU Habitat. La gestión de residuos sólidos es crucial para cumplir con la Agenda de Desarrollo Sostenible. Una de las principales preocupaciones para la sostenibilidad de su acelerada urbanización se halla en la falta de políticas urbanísticas adecuadas, capaces de solventar los problemas sociales, económicos y medioambientales de la capital.

Diferentes contenedores de metal albergan la humilde oficina y los talleres en los que Recovad opera, en un espacio común donde se colecta el plástico, se hace el tratamiento para su posterior reciclaje “con una fórmula secreta”, según Nzalalemba. y se transforma en adoquines que serán vendidos a constructoras y particulares. “Nuestro modelo es mucho más pequeño que la mayoría de grandes empresas que reciclan el plástico. Tenemos 12 trabajadores internos y una treintena de recolectores, mayoritariamente mujeres, que traen el plástico hasta nuestro taller. Los formamos para que sepan qué plásticos son reciclables y cuáles no, para que no carguen con material que luego no podremos comprarles”, explica el director de esta oenegé congoleña, que decidió empezar con la iniciativa tras haberse formado durante cinco años con los Ingenieros Sin Fronteras belgas y darse cuenta de que, en realidad, el problema de la basura puede pasar a ser parte de la solución.

Una recolectora de basura pesa su recogida de plásticos de una semana, en Kinshasa. ampliar foto
Una recolectora de basura pesa su recogida de plásticos de una semana, en Kinshasa.

“La diferencia de Recovad con otras grandes empresas del sector que hacen lo mismo que nosotros es que nosotros no podemos comprar plástico más que una vez por semana, porque no tenemos capacidad suficiente para reciclarlo rápidamente. Pero en contrapartida, los adoquines que fabricamos son de los más resistentes que hay en el mercado y aseguramos un sueldo digno para nuestros trabajadores”, declara Vincent, que dice que la basura está dando de comer a innumerables familias pobres de la ciudad.

En un país donde cerca del 90% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, los ingresos derivados de este sector son esenciales para la subsistencia de los más pobres. “Lo primero que hacemos en la oenegé es pesar los sacos que nos traen las recolectoras. Les pagamos 20 céntimos de euro por kilo, así que las más fuertes siempre tienen ventaja. Normalmente nos traen entre sesenta y cien kilos cada una, con lo que pueden recibir entre 12 y 20 euros a la semana”, nos cuenta Vincent.

“La basura y los desechos son una fuente de ingresos si se saben gestionar”, explica Kankonde Tshikololo, director de Congo Salubrité, una empresa especializada en la recogida y el reciclaje de basura que opera desde 2007 en diferentes partes de la ciudad y que es considerada líder en el sector. Recuperando desechos orgánicos y plásticos, la empresa fabrica PVC para cables eléctricos, pavimento o materiales de construcción. “Nuestro trabajo genera recursos económicos que permiten a los recolectores de basura mejorar sus condiciones de vida. Y a la vez, limpiamos las calles y barrios de la capital”, expresa Tshikololo, apodado El Americano por haber estudiado en Estados Unidos.

“No se invierten recursos suficientes para paliar el problema de los desechos y el Gobierno tampoco tiene conocimientos para actuar", dice el gerente de una empresa de reciclaje

Congo Salubrité también utiliza la tecnología para recolectar un mayor número desechos. Prueba de ello es la aspiradora fluvial que han instalado en un riachuelo del barrio de Limete para poder recolectar el plástico que circula por el agua de un brazo de río. “Se trata de un proyecto pionero que pone la innovación tecnológica al servicio de la sostenibilidad medioambiental, además es tecnología Made In Congo”, explica orgulloso. Y se queja: “la mayoría de residentes de los barrios pobres tienen una total falta de conciencia del medio en el que viven, y tiran toda la basura que generan en la calle o directamente en el río. Así que, mientras no haya una sensibilización de la población local, que me parece la tarea más difícil que tendremos que afrontar en un futuro, Congo Salubrité tendrá trabajo por hacer y para ofrecer”.

Justicia social y medioambiental para una Kinshasa sostenible

A pesar del problema de los desechos y la falta de recogida por parte de servicios públicos, no todos los barrios tienen el mismo nivel de suciedad acumulada en las calles. Tal como denuncia el investigador de la universidad sudafricana de Witwatersrand, Serge Kubanza, hay una gran disparidad entre los barrios ricos de Kinshasa, con mayor concentración de zonas comerciales y más limpios; y los pobres, donde hay una total falta de servicios de recogida de desechos. “La mayoría de la población pobre de Kinshasa vive en un medio ambiente urbano malsano, infestado de desechos sólidos y enfermedades consecuentes, ya exacerbado por desafíos como la pobreza, el hambre, la exclusión social, las malas condiciones de vivienda, los conflictos y las guerras civiles”, advierte.

Kankonde Tshikololo, director de la empresa de reciclaje Congo Salubrité, posa delante una aspiradora fluvial. ampliar foto
Kankonde Tshikololo, director de la empresa de reciclaje Congo Salubrité, posa delante una aspiradora fluvial.

En países de bajos ingresos como República Democrática del Congo, los estados carecen de recursos e infraestructuras necesarias para hacer frente a la creciente cantidad de residuos que se producen a causa del crecimiento demográfico, la urbanización y los nuevos patrones de consumo. Si bien el sector privado ha sido capaz de asumir parte de esta tarea, generalmente sólo los hogares con ingresos altos pueden pagar estos servicios. Como resultado, las tasas de recolección y reciclado siguen siendo bajas, de acuerdo con el Informe sobre la Economía Verde (PNUMA, 2011), y los residuos son descargados ilegalmente, causando graves daños al medio ambiente, contaminación y problemas de salud. “En el ámbito público no se invierten recursos suficientes para paliar el problema de los desechos en Kinshasa, pero además, el Gobierno tampoco tiene los conocimientos necesarios para actuar. Por eso se han convertido en uno de nuestros principales clientes”, explica el gerente de Congo Salubrité, consciente de la necesidad de cooperación entre el sector público, privado y la sociedad civil.

“Las autoridades municipales deben desarrollar programas específicos de reducción de la pobreza que identifiquen maneras innovadoras de gestionar los residuos sólidos. Muchos problemas urbanos como la pobreza, el desempleo y la falta de vivienda adecuada y servicios urbanos están interrelacionados y deben abordarse a través de un enfoque integral”, destaca Kubanza.

Por otro lado, Jennifer Labarre, reportera de Environews RDC, una asociación sin fines de lucro con sede en Kinshasa que trabaja para movilizar a la población sobre las cuestiones de conservación de la naturaleza y protección del medio ambiente, se muestra optimista con las iniciativas que trabajan para limpiar la ciudad de plásticos. “Proyectos como Recovad o Congo Salubrité contribuyen mucho a reducir la contaminación procedente de los residuos de plástico. Este tipo de actividades son paliativas a la contaminación del suelo y el aire, y luchan contra los efectos nocivos del cambio climático, y el saneamiento ambiental”. A la vez reconoce que los medios de comunicación serán cruciales para sensibilizar a la población local y contribuir a una mejora del medio ambiente y a una urbanización sostenible para Kinshasa.


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