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Un ejemplo de cómo los independentistas manipulan la historia

Igual que los papeles de Salamanca volvieron con justicia a Cataluña, el tesoro de Sijena debe volver a Aragón. Es tan simple que intentar razonar de otra manera suena sospechoso

Varios operarios descargan el camión preparado para la mudanza tras la llegada de la Guardia Civil. En vídeo, declaraciones del Ministro de Cultura. Foto: Albert Garcia. Vídeo: ATLAS

El pulso por el tesoro de Sijena es un ejemplo nítido y perfecto de cómo los independentistas manipulan la historia para construir su victimismo. Veamos los hechos:

Las últimas monjas sanjuanistas que vivieron en el monasterio de Villanueva de Sijena se fueron de allí en 1970, pero su orden, San Juan de Jerusalén, desde su sede en Barcelona, fue vendiendo al Gobierno catalán sus tesoros artísticos en varios lotes en 1983, 1992 y 1994, como ha ido relatando minuciosamente José Ángel Montañés en este periódico. Las obras llevaban años depositadas en museos catalanes, ya que en esa época y hasta 1995, en que se creó la Diócesis de Barbastro-Monzón, el monasterio y otras parroquias del Aragón oriental pertenecían a la Diócesis de Lleida. Desde que en 1997 se conoció esta operación, que no cumplió los requisitos de informar al Ministerio de Cultura y al Gobierno autonómico concernido como imponen las leyes sobre patrimonio histórico y artístico, el ayuntamiento afectado y el Gobierno aragonés iniciaron un procedimiento judicial que desembocó en 2015 en una condena a los compradores. Las monjas habían vendido sepulcros, pinturas y hasta las puertas del palacio. 51 de las piezas regresaron en 2016 desde el MNAC, pero las 44 restantes (dos están desaparecidas) han permanecido en el Museo Diocesano de Lleida. El Govern alega que las del MNAC no estaban catalogadas ni protegidas por la ley catalana de patrimonio, a diferencia de las de Lleida. Y aspiraban a una decisión distinta, por tanto, en un recurso al Supremo.

Pero la Audiencia Provincial de Huesca ratificó el 30 de noviembre la sentencia del juzgado que en 2015 ordenó devolver las obras, rechazando el recurso de la Generalitat y el MNAC y centró sus argumentos en la nulidad de los contratos de venta de los bienes y en el carácter “indivisible” del monasterio (y sus objetos), que había recibido en 1923 la consideración de monumento nacional. Un juez dictó entonces su entrega el 11 de diciembre. Y hoy las autoridades están procediendo a ello.

Mientras, el convento de Sijena ha sido realquilado a una orden francesa, que ha incorporado al área una urbanización de chalés.

La reclamación de Aragón es, por tanto, nítida y legítima, además de que las sentencias judiciales son de obligado y obvio cumplimiento. El tesoro de Sijena nunca le fue esquilmado a Cataluña, sino que precisamente ha sido esquilmado a Aragón con la participación de la Diócesis de Lleida, el Vaticano y el Govern. Los patrimonios culturales no pueden construirse sobre ilegalidades y afrentas entre comunidades en un país democrático ni sobre sentimientos infantiles que no se sostienen en un mundo racional, sino con base en la lógica de la legalidad y el respeto mínimo al sentido común.

Los independentistas intentan ahora, en plena campaña, reconstruir la enésima versión del victimismo que les caracteriza y vincular la decisión al artículo 155. También la rechazaríamos  si ese argumento estuviera en boca de las autoridades de Salamanca en reclamación de sus papeles. Pero igual que aquel archivo volvió con justicia a Cataluña, el tesoro de Sijena debe volver con justicia a Aragón. Es tan simple que intentar razonar de otra manera suena sospechoso.

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