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España pierde opciones para el gigantesco telescopio de 30 metros

Las autoridades hawaianas conceden el permiso para su instalación y alejan el sueño de La Palma

Ilustración del emplazamiento del TMT, abajo a la izquierda, en Mauna Kea.

Míster Marshall amenaza con pasar de largo. El alcalde del municipio palmero de Puntagorda ya tenía preparada su lista de peticiones para los científicos californianos, pero el monumental Telescopio de Treinta Metros (TMT) sigue dando pasos para quedarse en EE UU. Concretamente en Hawái, después de que la Junta de Tierras y Recursos Naturales de aquel estado haya dictaminado que los astrónomos tienen permiso para levantar el TMT en lo alto de Mauna Kea, la montaña sagrada de los nativos.

A pesar de que los opositores a la instalación pretenden llevar esta decisión a la Corte Suprema, es un nuevo varapalo a las posibilidades de La Palma. La isla canaria había sido elegida por los científicos estadounidenses como plan B para construir el mayor telescopio del hemisferio norte en caso de que no se pueda instalar en Hawái. El aparato, un proyecto de 1.400 millones de dólares, encontró una fuerte oposición entre el colectivo de nativos en 2014, que frenaron su construcción.

La carrera para la construcción de una nueva generación de telescopios extremadamente grandes obliga a los responsables del TMT a no perder ni un minuto. Por eso, a pesar de esta resolución, siguen trabajando con La Palma por si se vuelve a torcer el plan hawaiano, por lo que no cierran la puerta a Canarias, que se sigue considerando una opción perfectamente viable. Sea como fuere, en abril de 2018 tendrán que tomar una decisión; el terreno se allana en la isla de la Polinesia, aunque todavía quedan algunos escollos que sortear, como el del alquiler de las tierras.

La resolución de la Junta concede el permiso a la instalación del TMT pero impone nada menos que 43 condiciones al consorcio internacional, formado por Caltech, la Universidad de California, Canadá, Japón, India y China. Estas condiciones están destinadas a garantizar un uso del entorno sostenible desde el punto de vista medioambiental y cultural, así como a promover la educación de los jóvenes de la zona y la mejora de las opciones laborales de los trabajadores locales. El dictamen, de 345 páginas, exige que se desinstalen al menos tres de los doce telescopios que ya hay funcionando en esa montaña sagrada y que el TMT sea el último que se levante allí.

No obstante, si finalmente no llega a Canarias, los especialistas consideran que este episodio ha servido para que los científicos de todo el mundo valoren la calidad de las instalaciones científicas españolas y a sus equipos. "El hecho de que los informes estadounidenses, ante todo el mundo, fueran tan positivos y tan favorables acaban con cierta leyenda negra y suponen una oportunidad extraordinaria", decía recientemente Rafael Rebolo, director del Instituto de Astrofísica de Canarias, el organismo que está trabajando para atraer el TMT a La Palma, frente a otros países que competían por ser el emplazamiento alternativo.

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