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OPINIÓN

La sostenibilidad en la España de 2017: más allá del PIB

Cada vez más ciudadanos reconocen que la buena vida no está relacionada sólo con el dinero. Es necesario ver cómo las políticas públicas y las empresas pueden mejorar la felicidad

Un grupo de mujeres con bicicletas en la Avenida de la Constitución de Sevilla.
Un grupo de mujeres con bicicletas en la Avenida de la Constitución de Sevilla.

Incluso en estos momentos de amenazas inmediatas y urgentes, con desigualdad creciente, corrupción, crisis bancarias de magnitudes brutales que pagamos todos los ciudadanos, empleos precarios o paro, energía cara, pobreza infantil y falta de rendición de cuentas... En estos tiempos de récords de temperaturas, incendios forestales y pérdida de biodiversidad, la sociedad intenta mirar un poco más allá, pensando a medio plazo, y concluye que el Producto Interior Bruto (PIB) no lo es todo. La gente se pregunta cómo ser más felices, cómo aumentar el bienestar, sobre todo ahora que no parece que vayamos a ser más ricos.

Algunos investigadores intentan medir este bienestar intentando valorar qué es lo que nos puede hacer más felices, y claro, incluyen también en la ecuación, el cambio climático o el estado de los ecosistemas. Como resultado, cada vez más ciudadanos y expertos reconocen que la buena vida no tiene que ver sólo con el dinero, y por ello exigen no basarse solo en el PIB, sino en otros indicadores para valorar el progreso y, en definitiva, en ver cómo las políticas públicas y las empresas pueden mejorar la felicidad. Son nuevos indicadores que tratan de medir más allá del PIB, que evalúan la sostenibilidad y utilizan nuevas variables o índices que incluyen dimensiones ambientales y sociales, además de encuestas para preguntarle a la gente como está.

Las recomendaciones de la Comisión coordinada por Stiglitz, Sen y Fitoussi (Commission on the Measurement of Economic Performance and Social Progress) van en este sentido. También lo sugiere la OCDE, al proponer la aplicación por países de su indicador Better Life Index. En la conferencia RIO+20 se propusieron dos indicadores en este sentido: En primer lugar, el Índice de Enriquecimiento Inclusivo (IWI), que es como un PIB verde diseñado para reflejar la riqueza de los países y su capacidad futura de crecimiento teniendo en cuenta los recursos naturales y la evolución de la sociedad; y en segundo lugar, la gran aportación fue proponer los nuevos Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS), que sustituyeron en 2015 a los Objetivos del Milenio.

Es esencial preguntarle directamente a los ciudadanos su opinión y su percepción sobre su forma y su calidad de vida

Por ello, el Observatorio de la Sostenibilidad acaba de publicar el informe #SOS17 en el que recoge las tendencias y el estado actual de más de 100 indicadores repartidos en los 17 ODS. Este ejercicio, a pesar de no ser lo detallado que exigiría respecto a lo que está pasando en España (no es posible hacer un mapa a escala 1:1 como decía Borges) es un intento de radiografía de la realidad del país y el único independiente de contar lo que ocurre desde la perspectiva de la sostenibilidad.

La entidad intenta funcionar recogiendo los mejores saberes de mucha gente, como un observatorio de observatorios, de Think tanks muy rigurosos que hay en este país como el Barcelona Super Computing Center con sus datos de calidad del aire, Caritas con su informe FOESSA, Intermon Oxfam con sus informes de desigualdad o de cooperación, la Universidad Pontifica de Comillas con su cátedra BP de energía, Ecologistas en Acción, la Asociación de Ciencias Ambientales con sus informaciones sobre pobreza energética, el Real Instituto Elcano, etc,.. pero también la Asociación Española de Meteorología (AEMET) con sus índices meteorológicos, el Instituto Geográfico Nacional, los diferentes ministerios, y también organismos internacionales como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Agencia Europea de Medio Ambiente y otros.

Algunas de las preguntas que hemos intentado responder son las siguientes: ¿Se está preparando España para un futuro con menos incendios, medio rural vivo, ciudades sostenibles, ecosistemas sanos y espacios costeros protegidos? ¿Tendemos hacia más trabajo digno, más innovación, energía limpia, economía eficiente, mejor educación? ¿Se dirige hacia una economía verde, circular y descarbonizada? ¿Avanzamos hacia el cumplimiento de los compromisos adquiridos en las firmas de la Agenda 2030 de la Cumbre de Nueva York (sostenibilidad) y del Acuerdo de París (clima) en 2015? ¿Está España avanzando en el camino de la sostenibilidad?

Pero para empezar, nos hemos encontrado con algunos datos y tendencias inquietantes. El año 2016 fue 0,7 grados más cálido que el 2015. ¡Y 2015, registró 0.9 grados más que en 2014!, según la AEMET. ¡Y la primavera de 2017 fue la más cálida desde que tenemos noticias! En marzo, abril y mayo llovió un 23% menos de lo normal y la temperatura media fue 1,7 grados más que la media. Además 2016 fue el sexto año más cálido desde el comienzo de la serie desde 1965 y el quinto más cálido de lo que llevamos de siglo XXI, con 0,65 grados más de media sobre la histórica.

No necesariamente existe coincidencia entre niveles de riqueza, buena vida y sostenibilidad ambiental

Por otra parte los embalses están bajo mínimos en muchas cuencas. Los que abastecen el Tajo-Segura: Buendía y Entrepeñas están al 13% y 14% de su capacidad mientras la media de la última década era 26% y 37% respectivamente. Esta sequia va a tener y ya está teniendo efectos sobre los ecosistemas, la agricultura y sobre las poblaciones. Uno de ellos el fuego. Tema que es para soñar. Permitimos que arda el espacio de mayor grado de protección del país, Doñana, la joya de la corona, mientras soltamos los linces para que no mueran quemados, no había un plan… y en otras latitudes seguimos plantando y defendiendo los eucaliptos tan solo unas semanas después de la tragedia de Portugal.

Pero, en general, las respuestas son largas y matizadas, y de estos riesgos y preocupaciones pueden salir recomendaciones para el futuro. Repasemos algunos indicadores clave:

1. Hemos descuidado la gestión de nuestras aguas, sobre todo desde el punto de vista de la calidad. Nos enfrentamos a importantes multas, pero también desde la cantidad donde nueve de las 20 grandes cuencas europeas catalogadas con elevado estrés hídrico se localizan en nuestro país.

2. Respecto a emisiones de CO2 comprobamos que España es el país que más ha emitido porcentualmente entre 1990 y 2015 según la Agencia Europea de Medio Ambiente.

3. En biodiversidad siguen las amenazas y las disminuciones drásticas en los presupuestos para gestión y planificación.

4. En temas sociales tampoco hay mucho que festejar. España ocupa una posición indecorosa, solo por encima de Grecia, Bulgaria y Rumanía en Europa, en el Índice de Justica Social del Inclusion Monitor Europe (indicador de seis dimensiones y 35 subindicadores que desarrolla Bertelsmann Stiftung).

5. El problema de la vivienda sigue vigente, “casas sin gente y gente sin casas”. La imposibilidad de adquirir una vivienda para el 40% de los que la necesitan debido a su alto precio y a la casi total ausencia de promoción de vivienda pública, mientras sobran millones de ellas. También se observa el aumento del 15% en el precio del alquiler entre 2011 y 2016 y la estabilización del número de ejecuciones de créditos hipotecarios en 60.000 anuales.

6. La brecha de la desigualdad en ingresos y en consumo en España (índices de Gini y de Palma), señala que continuamos ocupando una de las peores posiciones en los rankings de la UE. Según el informe FOESSA, el 70% de los hogares no están notando los efectos de la recuperación económica. En el caso de los hogares bajo el umbral de la pobreza, sólo un 9% percibe, en estos momentos, que la recuperación económica ha mejorado sus condiciones de vida.

7. El análisis del precio de la energía (electricidad y gas), revela el elevado coste comparativo respecto a otros países de la UE, que afecta directamente a la riqueza de los hogares, a la competitividad de las empresas e industrias y hace emerger la pobreza energética. También se observa la tendencia negativa de los indicadores relacionados con la eficiencia energética de la economía y la elevación de nuestra dependencia energética del exterior.

8. Los datos de calidad del aire del año 2016, elaborados por el Barcelona Supercomputing Center, revelan una ligera mejoría respecto a 2015 aunque sigue habiendo porcentajes excesivos de población viviendo con elevados niveles de contaminación.

También hay temas positivos, como por ejemplo la brecha salarial por género, en la cual ocupamos posiciones intermedias en Europa; o la mejora de las aguas de baño desde 1990 hasta 2016 según datos de la Agencia Europea de Medio Ambiente; o la declaración de espacios protegidos y su creciente planificación; o la constatación de que las zonas protegidas en la costa han parado la especulación.

Se ha mejorado en empleo, pero se ha perdido en la temporalidad de los contratos; hay trabajo a tiempo parcial no deseado, trabajadores pobres con empleo, y en definitiva indicadores de la mínima calidad y precariedad en el nuevo empleo. Hay recuperación y crecimiento del PIB, pero los sueldos siguen siendo muy bajos y no se ha observado una subida de los mismos. Respecto a indicadores sintéticos como el de corrupción se observa que hemos vuelto a descender puestos en las escalas mundiales. Sobre el OCDE Better Life y el índice de felicidad de Naciones Unidas vemos que todavía se resiente la sociedad española de la grave crisis de estos años.

Estas conclusiones ­(similares a las obtenidas en otros países) refuerzan la idea de que no necesariamente existe coincidencia entre niveles de riqueza, buena vida y sostenibilidad ambiental. Lo cual, en su expresión más sencilla (aunque siempre matizable) nos recuerda que “la gente más feliz no es siempre la más rica, o que la buena vida no tiene que ver sólo con el dinero”.

Es muy probable que las nuevas demandas de la sociedad ya no sean grandes infraestructuras suntuarias

El principal objetivo de este tipo de trabajos consiste en destacar la importancia de los enfoques que van más allá del PIB en la medición del progreso y el bienestar. Y en subrayar también la conveniencia de aplicar esos nuevos enfoques no solo en todas las administraciones, locales, regionales y estatales sino también en las empresas, trascendiendo la visión actual de la Responsabilidad Social Corporativa.

Asimismo, la metodología de este planteamiento lleva también a una conclusión clara que desemboca directamente en la participación pública: es esencial preguntarle directamente a los ciudadanos su opinión y su percepción sobre su forma y su calidad de vida, no sólo cada cuatro años y de manera no siempre directa y no siempre precisa. Es decir, aunque parezca obvio, deberán hacerse políticas para aumentar el bienestar y la felicidad de los ciudadanos y no para otros fines…

El futuro debe ir hacia la evaluación de las empresas y de las políticas públicas y por la apuesta en la economía verde. Es muy probable que las nuevas demandas de la sociedad ya no sean grandes infraestructuras suntuarias (aeropuertos sin utilizar, puertos infrautilizados, AVE, autopistas, auditorios vacíos...). Los ciudadanos, informados e inteligentes querrán empleos dignos, sanidad pública, educación de calidad, guarderías, pensiones decentes, un medio ambiente sostenible, energía asequible y, en definitiva, mejor medio ambiente, más calidad de vida, rendición de cuentas, más transparencia y menos desigualdad.

Y compartimos, como no, la afirmación de Antonio Guterres, Secretario General de la Organización de Naciones Unidas, hablando sobre sobre cambio climático a los líderes mundiales el 1 de junio 2017, donde dice que: "El tren de la sostenibilidad ha dejado la estación. Suban a bordo o quédense atrás. Aquellos que no apuesten por la economía verde vivirán en un futuro gris".

Fernando Prieto, Ignacio Marinas y Santiago González pertenecen al Observatorio de la Sostenibilidad (OS).

 


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