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EL EXTRAORDINARIO ORIGEN DE MIS COSAS PREFERIDAS

“El manillar de mi bici era una lata de comida de gato”

Imagine una piscina olímpica y media llena de latas de conserva: es el acero que se consume al año en los hogares españoles. Por suerte, se recicla eternamente sin perder sus propiedades

El acero es el material más reciclado del mundo. Esta mezcla de hierro y carbono con la que se elaboran las latas que pueblan nuestras alacenas (desde deliciosas conservas a la comida del gato), “no se degrada ni desaparece, sino que se puede reciclar indefinidamente”, asegura Miguel Aballe, director de la Asociación de Latas de Bebidas. Los botes de refrescos también están hechos de aluminio, aunque el proceso de reciclado es similar. Tras depurarse y fundirse, el nuevo metal acaba siendo parte de un coche, una lavadora, un barco o una bici. Diego Lombardi, copropietario de la empresa británica Racer Rosa Bicycles, lo explica: “Los cuadros centrales que usamos en nuestras bicicletas provienen de una empresa italiana que los fabrica con acero reciclado. Es el modo más barato de producirlas y son piezas que duran toda la vida”. Reciclar acero y envases metálicos no solo hace rentable la empresa de Lombardi, sino que frena el deterioro del medioambiente. “Por cada tonelada de acero que se transforma, la industria española ahorra alrededor de 1,5 toneladas de mineral de hierro, un 85% de agua, un 80% de energía y un 95% de carbón”, afirman desde la Asociación Metalgráfica Española (AME). Cada envase de acero reciclado, a su vez, evita emisiones de CO2 equivalentes a 1,5 veces su peso.

“Los españoles vamos ganando conciencia en este terreno. Un país que apuesta por el reciclaje es un país donde cada uno se está preocupando por el de al lado. Y una nación que recicla se enriquece en todos los aspectos”, sentencia Juan Pedro López, secretario general de Ecoacero.

80 latas de refresco = una llanta

Los envases de acero de uso doméstico vendidos en España, como latas de conserva o de comida de gato, alcanzaron en 2014 la cifra de 282.000 toneladas. O lo que es lo mismo: una piscina olímpica y media llena de latas de refresco. Por fortuna, fuimos capaces de reciclar el 90,6% de todo eso: por cada tonelada de acero que se recicla se ahorra alrededor de 1,5 toneladas de mineral de hierro, un 85% de agua, un 80% de energía y un 95% de carbón.

El proceso por el que una lata se convierte en una bicicleta es el siguiente: al llegar a una planta de reciclaje, el residuo se somete a la fuerza de un imán con el que se separa del resto de la basura; luego se depura y se funde para obtener un acero líquido sin memoria. Puede transformarse eternamente sin perder sus propiedades. El aluminio también vale: con 80 latas, según Ecoembes, se llega a elaborar una llanta. Pero su proceso de reciclaje es más complejo al tener que magnetizarse previamente.

 

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