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Los nuevos usos del medicamento que acaba de ganar el premio Nobel

Varios grupos de investigadores trabajan para aplicar el antiparasitario en enfermedades que afectan a las poblaciones más vulnerables, como la malaria, la tuberculosis o la úlcera de Buruli

Investigadores de la tuberculosis en Manhiça (Mozambique)
Investigadores de la tuberculosis en Manhiça (Mozambique).

En 1979 se descubrió una nueva medicina contra los parásitos, la avermectina, que ha servido para salvar cientos de miles de vidas. En 2015, 36 años después, sus investigadores han sido reconocidos con el premio Nobel de Medicina. Pero los beneficios de su hallazgo no se han detenido todavía. Varias pesquisas indagan en la forma en la que esta familia de fármacos puede ayudar a combatir enfermedades contra las que no estaba destinada.

Estas investigaciones se basan lo que en farmacología denominan con el vocablo inglés repurposing, que aunque no tiene una traducción clara en castellano, identifica los procesos mediante los cuales se buscan nuevas utilidades a hallazgos existentes. Esto es especialmente útil en lo referido a enfermedades cuya investigación tiene poca rentabilidad comercial, como las olvidadas, que afectan sobre todo a las poblaciones más vulnerables. Es así porque crear un medicamento de cero es un proceso muy lento y costoso; buscar nuevas utilidades a los que ya están en el mercado ahorra muchas fases: ya se han demostrado seguros para el ser humano, se comercializan, se pueden dispensar sin iniciar un proceso de distribución…

Así se empezó a estudiar algunos usos de la avermectina contra algunas dolencias. Aunque se pensaba que solo era eficaz contra parásitos, se fue comprobando que también podía ser útil contra bacterias. En 2013 se publicó un estudio que mostraba el potencial de esta droga contra las variedades más resistentes de la tuberculosis y este mismo año han visto la luz dos que muestran cómo puede ser efectivo contra la úlcera de Buruli. Eso sí, son estudios que hay que tomar con mucha precaución, ya que están hechos in vitro y tienen todavía un largo camino por delante hasta demostrar —si es el caso— que son efectivos en humanos.

Santiago Ramón García, doctor en microbiología molecular e investigador asociado de la Universidad de British Columbia (Vancouver, Canadá), donde lidera varios proyectos de desarrollo de antibióticos, es el autor responsable de dos de los estudios publicados hasta la fecha en este campo. Explica que ahora se están desarrollando las primeras pruebas para experimentar en modelos animales estos compuestos contra la tuberculosis. “Hacer estos ensayos in vivo contra la úlcera de Buruli es mucho más complicado, puesto que es una verdadera enfermedad olvidada para la que cuesta mucho conseguir financiación. Además, el compuesto más eficaz de esta familia de antiparasíticos, la selamectina, es actualmente de uso exclusivo veterinario. Esto retrasaría su uso en humanos ya que habría que empezar primero con ensayos clínicos para descartar toxicidad”, explica.

Lanzar un fármaco desde cero lleva mucho tiempo y dinero. Los ya existentes pueden ser clave en la lucha contra algunas dolencias

Aunque es prometedora, quedarían años hasta que se pudieran aplicar. Lo mismo sucede en la lucha contra la malaria, que sí es un parásito. El potencial de la avermectina contra ella lleva tiempo investigándose. En 2010, por ejemplo, un ensayo demostró que si se aplicaba a voluntarios sanos, resultaba letal para los mosquitos que les picaban en días posteriores. Esto puede ser crucial en la lucha contra el paludismo, ya que el vector que lo contagia es precisamente este insecto. Posteriormente, otros estudios han venido a ratificar este experimento.

Numerosos grupos de investigación están estudiando la eficacia de esta familia de fármacos a la hora de terminar con la malaria. El doctor Carlos Chaccour, médico investigador de ISGlobal-Barcelona, que ha participado en varios de ellos, explica que tienen mucho potencial, pero que hay demasiadas investigaciones en curso que no siguen una misma línea. “Se genera una evidencia que no es útil para dictar políticas públicas, no es práctico que un montón de grupos trabajen en cosas dispares. Estamos colaborando en iniciativas para homogeneizar todo esto”, explica. Lo ideal, en su opinión, sería seguir una línea “clara” para, en primer lugar, conseguir los permisos regulatorios para aplicar este fármaco en la lucha contra la malaria y, en segundo, llegar a generar los conocimientos para que la Organización Mundial de la Salud haga una recomendación al respecto, algo que no podría producirse en cualquier caso antes de cuatro o cinco años, en el mejor de los casos.

Chaccour aclara que aunque la avermectina puede ser muy útil contra la malaria es solo una herramienta más. Una de las líneas para luchar contra la enfermedad es erradicarla por numerosos medios —mosquiteras, insecticidas, medicamentos— en zonas concretas. Es por ejemplo lo que  ISGlobal está liderando en Magude, una zona rural de Mozambique. En un futuro, la avermectina podría llegar a ser un aliado ideal de este sistema, ya que, en opinión del investigador, es inviable aplicarlo sistemáticamente durante un periodo prolongado de tiempo a grandes poblaciones.

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