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CÁNCER

Abiertas tres nuevas vías para tratar el mieloma crónico

La oncología centrada en genes y no en tipos de tumor acerca los tratamientos de los cánceres hematológicos a los de órganos sólidos

Células cancerosas dividiéndose.
Células cancerosas dividiéndose.

Tres nuevas vías de ataque al mieloma crónico, el segundo cáncer de la sangre más frecuente tras las leucemias, se han presentado en el congreso de la Sociedad Americana de Oncología Médica (ASCO) que ha concluido hoy en Chicago. Normalmente, la hematooncología reserva sus grandes hallazgos para el congreso de la correspondiente sociedad americana (ASH), pero el nuevo abordaje de estas enfermedades, en el que lo que importa son las mutaciones y no el sitio donde aparece la neoplasia, ha reducido la distancia entre los tratamientos de los cánceres de órganos sólidos (pulmón, hígado, mama) y los de sangre, explica María Victoria Mateos, del hospital Clínico de Salamanca.

El primero en potencial impacto, según Mateos, quien ha participado en los tres ensayos, es el del tratamiento de pacientes que han fracasado con todos los tratamientos existentes con darutumumab (Janssen), un anticuerpo monoclonal que, al bloquear un receptor celular, facilita su destrucción. El ensayo correspondiente, Dara, es muy sencillo: participaron 100 pacientes con mieloma –una enfermedad incurable- que ya habían agotado todas las opciones terapéuticas. De ellos, al menos el 30% mostraron una respuesta, e incluso hay algunos que han llegado a una remisión completa del tumor, explicó Mateos. “A los 10 meses, el 70% está vivo y todavía no se ha alcanzado la mediana de supervivencia”, añadió. Los datos son duros pero optimistas: sin tratamiento que funcione, la esperanza de vida de los pacientes no llega al año.

En un ensayo participaron 100 pacientes con mieloma que ya habían agotado todas las opciones terapéuticas. De ellos, al menos el 30% mostraron una respuesta y algunos han llegado a una remisión completa del tumor

El mieloma crónico aparece cuando las células plasmáticas de la médula empiezan a proliferar (por eso es un tumor). Al crecer, impiden que se desarrollen otras células. Como la médula es el sitio donde se crean los glóbulos sanguíneos, el desequilibrio causado hace que aparezca una superpoblación de una inmunoglobulina (una proteína que actúa en la respuesta inmune) con un doble efecto: se debilita el sistema inmunitario porque no se desplaza la producción de otras inmunoglobulinas y aparece anemia porque no queda sitio para fabricar glóbulos rojos. El crecimiento celular causa dolor y daño en los huesos, y el exceso de proteínas afecta al riñón.

El ensayo DARA puede considerarse el ejemplo de la nueva oncología: un anticuerpo con una diana concreta, el CD34, que empieza usándose en los pacientes en peor situación y se planea ir adelantando su uso, solo o en combinación, en fases más tempranas como después de una primera recaída o incluso en primera opción, con cánceres asintomáticos –este es, precisamente, uno de los campos de investigación de Mateos-.

El nuevo enfoque consiste en centrarse en las mutaciones y no en el lugar donde aparece el cáncer y abre la puerta a un intercambio de tratamientos que rompa la barrera entre los dos grandes grupos de tumores

La segunda presentación con más impacto del congreso, al que EL PAÍS ha acudido invitado por Janssen, es la del estudio Endeavor, que investigó en 900 pacientes el efecto de usar carziltomib (de Amgen) en vez de bortezomib (Janssen) combinados con dexametasona para tratar recaídas del mieloma. Ambos fármacos son de la misma familia, por lo que, en este caso, no tenía mucho sentido combinarlos, opina la médica. “Pero actúan en lugares distintos, así que quién sabe si a alguien no se le ocurrirá probar la combinación”, comenta. Su principal resultado es que el tiempo de libre de enfermedad (el plazo entre recaídas) “se duplica, de los 9 a los 18 meses”, explica Mateos.

Estos números describen el transcurso del mieloma crónico: hay un ataque, se trata, se consigue detener un periodo de tiempo, y reaparece. La idea final de los médicos sería, como siempre, curarlo, pero de momento la opción es cronificarlo.

El tercero de los ensayos presentados es el ELOQUENT-2, en el que se prueba el efecto de añadir otro fármaco biológico (elotuzumab de BMS) al régimen estándar después de una recaída (lenalidomida y dexametasona). Participaron 700 pacientes y el principal resultado es un aumento del tiempo libre de progresión del tumor de unos 13 a 17 meses. Esta terapia combinada “representará un nuevo estándar”, opina Mateos, quien resalta que en este ensayo y en el del daratumumab el “perfil de toxicidad es bueno”.

De momento, el trasvase de medicamentos de cánceres hematológicos a los de órganos sólidos casi no se ha dado, pero el nuevo enfoque consagrado en el congreso de ASCO de centrarse en las mutaciones y no en el lugar donde aparece el cáncer abre la puerta a un intercambio de tratamientos que rompa la barrera entre los dos grandes grupos de neoplasias.