Ir al contenido
_
_
_
_
In memoriam
Opinión

Bryce Echenique: no, no lo esperen en abril

Estuvo siempre por encima de sus ocurrencias, porque cuando se ponía a escribir como aquel muchacho que lo llevó al mundo de Julius, era una memoria extraordinaria

El escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, durante la presentación de la segunda parte de sus antimemorias 'Permiso para sentir', en Barcelona.Joan Sanchez

Le recordé una cita de César Vallejo, con quien tanto quería: “Hace un frío teórico y práctico”. Y entonces le pregunté qué tiempo hacía en el alma ya entonces muy cansada de Alfredo Bryce Echenique. Él había vivido por el mundo y ahora reposaba en su casa, cerca de Lima. Me dijo desde allí: “Verano”. En el tiempo hacía verano. Y siguió diciendo aquel hombre que era a la vez la noche y el día, callado y dispuesto siempre a salir de juerga, para cantar o para seguir lejano, ensimismado, hasta que se le devolvía la memoria y entonces era el contador de historias más divertido, y preciso, que uno pueda imaginarse.

Verano, hacía verano… “Ahora está demorando mucho. El cielo está cubierto de nubes. Lima tiene cielo de panza de burro. Y eso me falta, el verano. El tiempo de fuga, el mar, la infancia, la adolescencia, el balneario… Por ahí deambula Julius, claro que sí”. Julius era su personaje mayor; cuando ibas con él a la búsqueda de aquel muchacho que él mismo inventó, te llevaba al centro mismo de su inspiración. Aquella novela, Un mundo para Julius, lo llevó al mundo y lo puso cerca del boom.

Fue un muchacho del boom, estaba cerca de su paisano, Mario Vargas Llosa, pero él era la noche y ese hermano mayor de la literatura era el día. Decía Bryce, al menos me dijo en una de las últimas veces que lo entrevisté, que cuando volvía a su casa limeña se le mezclaban los recuerdos “de Barcelona, de Madrid, de Perugia, de Montpellier”, y eso le hacía “volver”.

Una de aquellas veces que fui a entrevistarlo a Barcelona, donde tuvo casa tan duradera como solían ser las casas de Bryce, me recibió oyendo la radio. Se había producido en Madrid aquel cataclismo que lanzó por los aires los trenes, y hubo tantos muertos. Al mediodía, cuando se especulaba en todas partes sobre la culpa de ETA, él me dijo: “Ya me dijeron desde México que no fue ETA, dilo en el periódico”. Luego Bryce me llevó a comer a uno de esos sitios a los que él acudía como si fueran la casa que nunca dejó. La casa de Lima, que iba con él a todas partes.

Pasaron luego muchas cosas en su vida y regresó por fin adonde quería encontrarse otra vez con aquel Julius… Vinieron las tristes noticias de sus plagios. “¿Se ha librado de esa sombra?”, le preguntó el periodista. Nunca vi a Alfredo Bryce Echenique hundirse del todo. Y para sobrevivir de ese modo tenía a su disposición un millón de amigos, por lo menos, a los que acudió hasta el final, pues su última morada en Madrid fue reciente y se cumplió porque él quería que fuera un abrazo final. Ese abrazo lo juntó con los nombres que siempre lo quisieron…

En cuanto al dichoso plagio que le dejó sin un premio en Guadalajara, México, dijo Bryce: “Ningún amigo me criticó. Fue una reivindicación de la amistad, así que tuvo ese lado positivo”. Éramos mejores por carta, escribió en La amigdalitis de Tarzan“Aquí estoy, Chinito, dándole pena a la tristeza…”. Estuvo siempre por encima de sus ocurrencias, porque cuando se ponía a escribir como aquel muchacho que lo llevó al mundo de Julius, Alfredo Bryce Echenique era una memoria extraordinaria. Estuvo siempre por encima de los recuerdos que hicieron memorables sus noches.

Decía que aquel libro de Julius lo visitaba. “No olvido nada de lo que he vivido”. Darán fe de que eso es así todos los que lo vieron contar la vida el día después de cualquier borrachera. No, no lo esperen en abril. Ya estuvo en ese mes y era un libro. Para Bryce Echenique en abril hace siempre un frío teórico y práctico.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_