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Manual para rodar con Johnny Depp

El Soho House es una burbuja que divide el mundo en dos y donde te puedes cruzar, por ejemplo, con George Clooney

En la azotea, el Soho House de Los Ángeles.
En la azotea, el Soho House de Los Ángeles.

Al 9.200 de Sunset Boulevard, un edificio de cristales ahumados al pie de las colinas de Hollywood, se accede por el aparcamiento. Al fondo hay una puerta por donde uno se adentra en una salita de espera y se topa con una mujer espectacular recostada en un sofá. El tipo tras el mostrador recorre con el índice una lista. Aquí uno ha de dar su nombre: Paco Cabezas, un director de cine español afincado en la meca del cine, y su acompañante. Vía libre. Muy pocas veces en la vida uno tiene la oportunidad de subirse a un ascensor de paredes acolchadas con solo dos botones. Uno dice “Parking”; el otro, “Club”. El mundo dividido en dos. O estás dentro o fuera. En el penthouse o sepultado bajo tierra. Pulsamos el botón de arriba y un cosquilleo en el estómago nos eleva hasta Soho House, un club privado ubicado en la azotea y del que solo pueden disfrutar los socios y sus invitados. Todos relacionados con el mundo del cine, el diseño, la música. Gente guapa y creativa. Ricos y famosos. Eso dicen quienes lo han visitado, que aquí puedes cruzarte, pongamos, con George Clooney.

No parece el día. Son las 8.30 de un martes. El ascensor se abre. Cabezas sube los peldaños de una escalinata pomposa. Desemboca en una café con mesitas y sillones mullidos. Se encuentra repleto. Gente joven y con ese punto hipster californiano. Unos frente a otros, con sus Mac y sus ipads. Quizá se cuenten el guion del próximo taquillazo. Las vistas desde este último piso muestran la ciudad cubierta por una neblina de polución. El Soho House resiste como una burbuja en lo alto. Donde apenas alcanza el ruido de una mansión en obras a sus pies. Donde no está permitido el uso de móviles. Ni se pueden hacer fotos. Y un socio se juega el puesto si habla de las personas con las que se encuentra dentro. Todo club privado tiene sus reglas.

En una de las mesas, dos británicos devoran un desayuno intensivo en huevos, beicon y kétchup. El realizador español se sienta en su mesa. Son productores. Cabezas ha venido a discutir la posibilidad de embarcarse en una película de terror. Y da la casualidad de que uno de ellos, Richard Johns, es miembro fundador del Soho House original, en el cogollo de Londres. Johns cita otra regla: prohibido venir con corbata. Tiene sentido. “Cuando se abrió el primero, en 1995, la idea fue crear un espacio para los jóvenes rebeldes de la industria del entretenimiento”, explica. “Nació como respuesta al establishment. Aunque ahora se ha convertido en una cadena global”.

De Londres a Berlín, de Nueva York a Miami, Soho House es hoy una franquicia elitista, con 11 clubes, 26.000 socios y unas 11.000 personas en sus listas de espera, según el diario The Guardian. El próximo invierno abrirá sucursal en Barcelona. La tarifa completa, de unos 2.000 euros, permite entrar en todos sus locales. El creador de la marca, Nick Jones, asegura que el secreto de su negocio consiste en que “personas con intereses similares pueden socializar, intercambiar ideas y hacer negocios dentro del arte y la cultura”.

Pongamos el caso de Sanny van Heteren, una actriz y productora de origen hispanoalemán, residente en Los Ángeles, rubia, estilosa y dicharachera, con quien quedamos al atardecer en la azotea. En sus palabras: “Siempre conoces a gente que acaba conociendo a gente que tú conoces”. De hecho, hace poco, tuvo un encuentro providencial en el local de Berlín que le ha llevado a convertirse en productora ejecutiva de la próxima película de Johnny Depp, London fields. Van Heteren se encontró con un viejo amigo. “A él le hacía falta algo; y yo se lo podía dar”. Y hasta ahí puede contar. No da nombres. Las reglas son las reglas.

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