Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Mataró: laboratorio de España

La localidad se ha convertido en termómetro del malestar ciudadano que toma las calles para plantar cara a la estafa de las preferentes o al desmantelamiento de los ambulatorios

Vecinos durmiendo en el suelo de un centro de Mataró, en un encierro de protesta
Vecinos durmiendo en el suelo de un centro de Mataró, en un encierro de protesta

La reciente okupación de varios ambulatorios reconfirma que Mataró no abandona las trincheras. Esta ciudad catalana de 125.000 habitantes se ha convertido en los últimos años en un auténtico termómetro del malestar español. “En el primero se mezclaron muchas cosas”, me comenta Laia, enfermera del CAP Rocafonda-Palau, “el malestar por el desplazamiento de médicos que llevan muchos años aquí y cuentan con la confianza de muchos pacientes, ahora indignados, no es más que la gota que colma el vaso”. Porque el año pasado fueron destituidas, por los recortes, dos enfermeras y las dos mediadoras africanas. Así que la asociación de vecinos decidió okupar el centro. Se organizaron en turnos. Y empezaron a recoger miles de firmas. “La primera noche”, cuenta Laia, “los de mediana edad tuvieron que insistir para que los ancianos, de hasta 90 años, se fueran a casa, porque estaban dispuestos a dormir en el suelo para que siguiera aquí su doctora de confianza”.

Es difícil establecer este tipo de cronologías, pero es posible que Mataró sea una múltiple pionera del descontento generalizado y las protestas ciudadanas que hoy toman las calles de España. En julio del año pasado, gracias a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), una pareja de invidentes de aquí protagonizó la primera dación en pago del BBVA. Cuatro meses antes, el término “escrache” se había expandido por todo el país en referencia a las acciones de protesta de la propia PAH; pero en Mataró ya hacía un año que se llevaban a cabo “Protestas Estafabanca”, en las que se reprendía a directores de oficina, cómplices en el desaguisado de las preferentes de Caixa Laietana-Bankia. En octubre de 2012, los afectados increparon a Josep Ibern, el director de la entidad, en un acto cultural. Y eso que todavía no sabían que sería pronto indemnizado con medio millón de euros y hasta dos millones de jubilación. Ibern sale en la foto de ese evento con Joan Mora, alcalde de Mataró. Tal vez sea la última imagen en la que aparecen juntos, porque ahora Mora se ha convertido en el paladín contra los abusos de la banca.

Es la única forma de contentar al electorado: el 12% de sus ciudadanos están afectados, unas 15.000 personas, con cerca de 60 millones de euros comprometidos. Solo hay tres tribunales especiales de preferentes en España: dos están en Galicia; el otro, en Mataró. Le pido su opinión a Vern Bueno, de la revista local Capgrós: “Ahora todo el mundo se atreve a atacar a Caixa Laietana, pero durante muchos años fue intocable, por parte de todos los estamentos, del poder, sociales y mediáticos, porque llegaba donde no lo hacía el Ayuntamiento en materia social y cultural; Mora se anota puntos, pero el mérito es de la gente humilde”. Viejos conceptos: asociacionismo, solidaridad, movilización ciudadana, lucha.

Las oficinas ahora son de Bankia. La biblioteca, salas de exposiciones, centros de jubilados y edificios históricos se han difuminado en la nueva Fundación Iluro. Se trata de borrar las palabras “Caixa” y “Laietana” del paisaje urbano. Que la gente se olvide de que esta ciudad no se entendía sin aquel gran letrero de neón con el nombre de la caja, en lo alto del único rascacielos, que lo presidía todo: la N-II, la playa, el centro histórico, los barrios, noche y día. Lo quitaron a finales de 2013. Daba la hora y la temperatura. Mataró tendrá que buscarse otros termómetros.

Más información