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La comida justa

Somos lo que comemos, pero también lo que tiramos. En España se malgastan 7,7 millones de toneladas de alimentos al año

A continuación, algunos consejos y recetas para evitar el despilfarro entre fogones.

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Francisco Barboza, ingeniero industrial de 30 años, tiene un prototipo en la cartera, pero está convencido de que pronto estará en las cocinas. Su vida en el extranjero le llevó a crear Kitchen Hub, un proyecto que quedó finalista del Electrolux Design Lab 2013. “Viviendo fuera me di cuenta de la cantidad de comida que acabas tirando. Los datos son escalofriantes. Mi diseño es una declaración de intenciones para un problema de hoy. Aunque no se hable mucho de ello, el 30% de lo que se produce en España va a la basura”, explica Barboza. Por eso ideó este aparato inalámbrico que controla los alimentos que están a punto de caducar, permite hacer listas y recomienda recetas para aprovecharlos.

España es el sexto país de la Unión Europea que más comida desperdicia: 7,7 millones de toneladas, según indica la Comisión Europea. Al año, cada hogar español malgasta 76 kilos de alimentos, según los datos facilitados por el Estudio sobre el desperdicio de alimentos en los hogares. Cataluña y Madrid son las regiones donde se desecha más; en el polo opuesto están Andalucía, Canarias y Galicia.

Paco Muñoz, técnico de la oficina de medio ambiente de la Universidad Autónoma de Barcelona, recuerda que, por habitante, España está situada ligeramente por debajo de la media europea y que los datos deben tomarse con precaución porque incluyen toda la cadena. “Debemos ser muy conscientes de que tirar comida no tiene sentido cuando tanta gente no tiene garantizada una alimentación suficiente. También es preciso considerar los efectos económicos y ambientales. La producción de alimentos deja huella en la emisión de gases a la atmósfera, en tierras cultivables innecesariamente y en gasto de agua”, subraya Muñoz.

“Los datos son muy tristes”, asegura Ana Andújar, gerente de Yocomobien.es, empresa que se encarga de planificar un menú semanal, comprar y llevar la cesta a casa. “El objetivo es evitar la pregunta diaria ¿qué hago de comer? y comprar en la justa medida”. Andújar explica que en los hogares con personas de más de 60 años, el desaprovechamiento baja muchísimo: “Quizá porque han vivido otras cosas y con los años aprendes”.

No solo los hogares desechan. Los restaurantes españoles tiran más de 63.000 toneladas de comida al año –el doble que hace dos décadas–, según un informe de Unilever Food Solutions. Estos sobrantes suponen unas pérdidas de más de 255 millones de euros para el sector. En el centro de Copenhague, un grupo de voluntarios ha encontrado la solución. Se llama Rub & Stub, un restaurante que cocina a partir de los alimentos que no quieren algunos de los supermercados de la ciudad, bien porque su aspecto no les permite ponerlos a la venta o porque están a punto de caducar. El proyecto nació hace un año y abrió sus puertas el pasado 13 de septiembre. “Todavía estamos tejiendo la red de proveedores”, reconoce Sophie Sales, voluntaria y cofundadora. No es fácil sistematizar la entrega de los alimentos y lograr variedad. “Lo más difícil ha sido convencer a las empresas para firmar acuerdos. Además trabajamos día a día, con un menú diferente; algunas veces tenemos mucha variedad, y otras no. De momento, el 30% de lo que cocinamos procede de estos supermercados”, explica Sophie, quien subraya que lo importante es centrarse en el gasto de la comida.

Y en casa, ¿qué hacer para aprovechar los recursos? Marc Puig-Pey, miembro de la Fundación Alicia, aconseja planificar (qué hay en la nevera, organizar las compras, ajustar las cantidades), conservar, manipular los alimentos correctamente e intentar cocinar solo lo que ingeriremos. “Debemos abrir nuestra mente y huir de la uniformidad de los productos”, afirma.

“No podemos dejar que algo se tire porque no gusta la forma o el color, ya que cocinado tiene buen sabor; hay que formar a la población en habilidades culinarias que le permitan aprovechar mejor las sobras. Debemos abrir nuestras cocinas y talleres, y demostrar que nosotros no tiramos comida”. Paco Muñoz zanja la cuestión: “La comida que no consigue su fin, alimentar, es un despilfarro imperdonable".

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