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El fantasma de otra crisis financiera recorre el mundo

Las autoridades llaman a la calma, los inversores buscan refugio y los bancos centrales se replantean su política monetaria tras la caída del Silicon Valley Bank y su onda expansiva

Clientes hacen fila en el exterior de la sede del Silicon Valley Bank en Santa Clara (California), este lunes. Foto: DAVID PAUL MORRIS (BLOOMBERG) | Vídeo: Reuters

El aroma resulta familiar. Una entidad financiera no demasiado conocida entra en crisis. Las autoridades llaman a la calma. Los bancos centrales se movilizan. Los inversores buscan refugio. Las Bolsas caen. Los bonos suben. El oro, también. Huele, en definitiva, a crisis financiera. Cómo de profunda sea esa crisis y cuánto afecte a la economía real este episodio marcado sobre todo por la caída de Silicon Valley Bank es lo que aún se desconoce, pero los efectos ya son palpables en los mercados, en las expectativas de subida de los tipos de interés y hasta en el discurso político.

Los ecos de 2008 resuenan en los mensajes que han seguido a la crisis de Silicon Valley Bank (SVB). Hace justo 15 años también se decía que Bear Stearns (y algunos canarios en la mina que murieron antes) era un caso aislado y que el riesgo de contagio estaba limitado, antes de que la quiebra de Lehman Brothers diera el pistoletazo de salida oficial a la Gran Recesión. ¿Se repetirá la historia o esta vez es diferente? El escenario central sigue siendo el de un impacto limitado, pero en las crisis financieras, como en las corridas bancarias, hay algo de profecía que se autocumple. El desplome bursátil de los bancos regionales estadounidenses de este lunes pone los pelos de punta.

El fondo de garantía de depósitos (FDIC), la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro han tirado de manual y han garantizado los depósitos de los clientes del SVB, que ascendían a unos 175.000 millones de dólares, y los de Signature Bank, también caído, de cerca de 100.000 millones. Pese al riesgo moral que implica cubrir todos los depósitos (y no solo los de menos de 250.000 dólares, como marca la norma), las autoridades son conscientes de que no garantizarlos habría provocado un contagio inmediato, arrastrado a otras entidades financieras regionales y generado una gran crisis de confianza en el sistema bancario del país.

“Los estadounidenses pueden estar seguros de que nuestro sistema bancario es seguro. Sus depósitos están seguros”, aseguraba este lunes el presidente de Estados Unidos, Joe Biden. Las autoridades harán “lo que sea necesario”, añadía con palabras similares a las que usó el presidente del BCE, Mario Draghi, para defender el euro.

Al tiempo que promete lo que haga falta, Biden repite que no habrá pérdidas para los contribuyentes, sino que el saneamiento se financiará con las tasas que pagan las entidades al FDIC. Esa es la primera gran diferencia con respecto a los rescates al estilo de 2008, costeados con dinero público. La otra es que aunque se ayuda a los depositantes, no habrá rescate a los inversores de los bancos caídos, sean accionistas o bonistas: “Asumieron un riesgo a sabiendas y han perdido su dinero. Así funciona el capitalismo”, insistió Biden este lunes.

No solo los accionistas y bonistas de SVB han perdido su dinero. La semana pasada también cayeron Silvergate, un pequeño banco ligado a las criptodivisas, y Signature Bank, entidad neoyorquina también cercana al mundo cripto que se vio arrastrada el fin de semana. Las autoridades quizá hayan evitado la fuga de depósitos, pero no han contenido la huida de inversores.

El mercado apuesta sobre quién será la próxima víctima. Los primeros candidatos son los que más se parecen a SVB, bancos regionales, sobre todo de California, donde la crisis de SVB es reflejo también de un cambio de ciclo algo más amplio para las tecnológicas. Las acciones del 14º mayor banco de EE UU, First Republic Bank, con sede en San Francisco, se desplomaron este lunes más de un 60%, a pesar de que la entidad proclamó que disponía de abundante liquidez. Los títulos de otros bancos regionales como Western Alliance (Arizona), PacWest (California) y Zions (Utah) cayeron entre el 25% y el 50%. Charles Schwab, con cerca de 350.000 millones de dólares en depósitos, cayó más de un 11%.

En todo el mundo, los bancos, en especial los que se perciben como más débiles, sufrieron también este lunes el castigo de los inversores. Los partes de crisis llegan desde todos los rincones financieros del planeta, desde un fondo de pensiones sueco a una tecnológica australiana o una firma de inversiones japonesa.

La caída de SVB

Silicon Valley Bank era una entidad peculiar. Fundada en 1983 y con sede en Santa Clara (California), en pleno valle del silicio, creció hasta convertirse en el 16º mayor banco de Estados Unidos por activos. Haciendo honor a su nombre, jugaba un papel relevante en el sector tecnológico. Era un banco de referencia para las startups, las nuevas empresas emergentes a las que las entidades tradicionales eran más remisas a prestar dinero. Lo paradójico es que no ha sido el riesgo asumido en el sector tecnológico lo que ha hundido al banco, sino todo lo contrario.

El negocio de un banco es tomar depósitos de quienes tienen dinero para prestárselo a quienes lo necesitan, pero las tecnológicas nadaban en abundante liquidez en 2021 y comienzos de 2022. Tipos de interés bajos, rondas de financiación, salidas a Bolsa, ampliaciones de capital y otras vías de financiación hacían que las startups no pidiesen tantos préstamos a SVB, sino que más bien depositasen en la entidad cantidades multimillonarias. SVB decidió invertir esos depósitos a corto plazo por los que no pagaba intereses en títulos seguros de renta fija a largo plazo con algo de remuneración.

Parecía un negocio redondo, pero los tipos de interés empezaron a subir. Normalmente, para un banco, esa subida de tipos es buena. La mayoría de sus préstamos a las empresas son a tipo variable y el alza de tipos aumenta los ingresos del banco, que, mientras, puede arrastrar los pies a la hora de subir la remuneración de los depósitos. En el caso de SVB, más que préstamos a empresas a tipo variable y a corto plazo, lo que había era bonos del Tesoro y otros títulos de renta fija (léase, a tipo fijo) a largo plazo. El precio o valor de los bonos se mueve en dirección inversa a los tipos de interés. Si los tipos suben, los bonos valen menos. En principio, son solo pérdidas latentes, sobre el papel, mientras el banco mantenga los bonos en cartera, pero si los vende, se materializan.

En paralelo, la subida de tipos drenó las fuentes de financiación de las tecnológicas, que empezaron a retirar dinero del banco. Para devolver los depósitos, SVB tuvo que vender bonos y esas pérdidas teóricas se conviertieron en reales. Eso, además, deterioró sus indicadores. La pésima gestión y comunicación de esa situación el pasado miércoles y una fallida operación para ampliar capital generaron desconfianza, así que más depositantes quisieron recuperar su dinero, alimentando un círculo vicioso de fuga de depósitos que no hay entidad que resista. La estampida financiera ha tumbado así a un banco que decidió invertir en activos seguros.

El contagio

Los problemas se extendieron a Signature Bank. Ambas entidades tenían en común haber crecido con mucha fuerza en depósitos, la mayoría de los cuales estaban sin asegurar. Y mientras SVB tenía a las startups como clientes, Signature recibía depósitos de firmas de criptomonedas.

Para conjurar el fantasma de una crisis financiera más grave, las autoridades no solo han garantizado los depósitos, sino que, además, la Reserva Federal ha creado un nuevo mecanismo de liquidez para las entidades que puedan verse afectadas por retiradas de depósitos por parte de sus clientes. Podrán pedir fondos al banco central utilizando como garantía sus títulos de deuda pública a valor nominal y así no tendrán que venderlos con pérdidas. La idea de este tipo de mecanismos es que sean preventivos o disuasorios: es decir, que su mera existencia evite la fuga de depósitos y haga innecesario usarlos.

El temor al contagio está en el mercado, como explicaban este fin de semana los analistas de Citi: “Antes de SVB, ya estábamos en un entorno frágil con preocupaciones en el mercado para los bancos sobre las presiones de financiación, grandes pérdidas no realizadas en valores, y las posibles preocupaciones de calidad crediticia en áreas como el sector inmobiliario comercial por lo que el fracaso de SVB solo alimenta la narrativa”, decían. “Si bien creemos que la naturaleza del modelo de negocio de SVB es única, entendemos la preocupación por el riesgo de contagio en este entorno frágil para los bancos más pequeños, especialmente aquellos con grandes bases de depósitos no asegurados, razón por la cual una resolución es importante para restablecer la confianza. Se trata más bien de una cuestión psicológica, ya que los modelos de negocio bancario dependen de la confianza y, como demuestra la historia de SVB, una vez que esta desaparece, eso puede ser muy problemático”, añadían.

El FDIC intentó el domingo sin éxito encontrar un comprador para Silicon Valley Bank, una solución que habría sido más limpia y quirúrgica que la garantía general sobre los depósitos. Los esfuerzos por vender el banco caído a otra entidad que responda por los depósitos continuaban este lunes sin concretarse y la opción de un troceamiento se abría paso.

Los expertos de Oxford Economics sostienen también la tesis del riesgo limitado: “El colapso de SVB se ha debido a factores específicos que sugieren que no es necesariamente un indicio de riesgos más amplios para la estabilidad financiera, pero está claro que los riesgos están aumentando. La base de clientes del SVB estaba dominada por inversores de capital riesgo y startups. Y estaba excepcionalmente mal preparado para sobrevivir a las agresivas subidas de tipos de la Reserva Federal. Tenían una proporción particularmente grande de sus activos líquidos en valores a largo plazo”, explicaban este lunes. “Tras sufrir grandes pérdidas en su cartera de inversión debido a la subida de tipos, la falta de diversidad entre su base de clientes provocó un éxodo impulsado por la mentalidad de rebaño, lo que exacerbó el pánico bancario ”, añadían.

Abundantes pérdidas

Aunque el caso de SVB fuera extremo, no era único. Martin Gruenberg, el presidente de la FDIC, advirtió la semana pasada en una conferencia en Washington en el Instituto de Banqueros Internacionales de que “el actual entorno de tipos de interés ha tenido efectos dramáticos sobre la rentabilidad y el perfil de riesgo de las estrategias de financiación e inversión de los bancos”.

Como consecuencia de la subida de los tipos de interés, los activos con vencimientos a más largo plazo adquiridos por los bancos cuando los tipos eran más bajos valen ahora menos que su valor nominal, explicaba. “El total de estas pérdidas no realizadas, incluidos los valores disponibles para la venta o mantenidos hasta su vencimiento, ascendía a unos 620.000 millones de dólares a finales de 2022″, aseguraba.

Aunque Gruenberg sostiene que los bancos se encuentran en general en una posición sólida (muy lejos de los problemas de solvencia de 2008), parte de su intervención resultaba premonitoria: “Las pérdidas no realizadas debilitan la capacidad futura de un banco para hacer frente a necesidades inesperadas de liquidez. Esto se debe a que los valores generarán menos efectivo cuando se vendan de lo que se había previsto en un principio, y a que la venta suele provocar una reducción del capital regulatorio”, decía.

En la crisis financiera de 2008, quebraron más de 450 bancos en cuatro años, desde entidades de tamaño muy pequeño a grandes firmas como Lehman Brothers o Washington Mutual.

Pausa en los tipos

Para luchar contra la inflación, la Reserva Federal ha acometido las subidas de tipos más agresivas en cuatro décadas. Hay un dicho en Wall Street según el cual la Fed sube los tipos hasta que rompe algo. Y parece que ya lo ha roto. Por eso, los analistas que creían que en la reunión de la próxima semana habría una subida de tipos de 0,5 puntos, ahora se inclinan por pensar que será de 0,25 o que no habrá subida. Goldman espera una pausa “a la luz de las recientes tensiones en el sistema bancario”. Anteriores ciclos al alza de los tipos oficiales desembocaron en la crisis de las hipotecas basura (2007), el colapso del fondo LGTM (1998) o la devaluación del peso mexicano (1994).

Los mercados reaccionaron ayer con bruscos movimientos en los títulos de renta fija que reflejan el cambio de escenario y hasta llegan a anticipar bajadas de tipos antes de lo que se esperaba. Los tipos de la deuda pública a dos años, por ejemplo, tuvieron la mayor caída en 40 años. Curiosamente, eso revaloriza los bonos y disminuyen las pérdidas latentes en las carteras de los bancos.

Volviendo a la anterior crisis financiera, aún se recuerda la subida de tipos del Banco Central Europeo de julio de 2008 como el mayor error en el mandato de Jean-Claude Trichet. Ahora, no está claro en qué medida un hipotético descanso en el endurecimiento de la política monetaria se trasladaría también a Europa.

Tanto el auge de las criptomonedas como el del capital riesgo, especialmente en el sector tecnológico, han estado alimentados por el dinero ultrabarato disponible desde la anterior crisis financiera. Ahora, esos mismos sectores se convierten en víctimas de la subida de tipos.

Errores de supervisión

La caída del SVB ha abierto también el debate sobre los aparentes errores de supervisión que han permitido que la situación se deteriore hasta ser irreconducible. La Reserva Federal anunció este lunes una revisión de la supervisión y regulación del Silicon Valley Bank, a la luz de su quiebra, cuyo resultado se publicará antes del 1 de mayo. “Los acontecimientos en torno al Silicon Valley Bank exigen una revisión exhaustiva, transparente y rápida por parte de la Reserva Federal”, dijo su presidente, Jerome H. Powell, a través de un comunicado.

“Tenemos que ser humildes y llevar a cabo una revisión cuidadosa y exhaustiva de la forma en que supervisamos y regulamos esta firma, y de lo que debemos aprender de esta experiencia”, añadió el vicepresidente de Supervisión, Michael S. Barr, que dirige la revisión. Está claro que la Reserva Federal tratará de mejorar la supervisión de los bancos medianos con las armas que la ley le da.

El propio presidente Biden se refirió a posibles deficiencias regulatorias en la intervención en que subrayó que todos los clientes de SVB y Signature Bank pueden estar tranquilos porque sus depósitos están protegidos. “Debemos obtener una explicación completa de lo ocurrido y que los responsables rindan cuentas”, dijo. El presidente introdujo la caída de ambos bancos en el debate político al asegurar que algunos requisitos estrictos que se habían impuesto a las entidades durante la presidencia de Barack Obama (en la que Biden era vicepresidente) se suprimieron en la etapa de Donald Trump. Biden señaló que el rescate no costará dinero a los contribuyentes, que los directivos serán despedidos, que los accionistas y bonistas perderán su dinero y que pedirá que se endurezca la regulación financiera.

En el consejo de la Reserva Federal de San Francisco, encargada de supervisar a Silicon Valley Bank, se sentaba el antiguo consejero delegado de la entidad. En el consejo del quebrado Signature Bank estaba Barney Frank, que dio nombre a la restrictiva ley Dodd-Frank de 2010. El congresista, fichado por el banco en 2015, apoyó luego relajar las exigencias regulatorias. Un cambio legal aprobado en 2018 libró a Signature Bank de una supervisión más estricta. Frank aún figura en la web del banco como consejero. Eso sí, el banco ya no existe como tal.

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Sobre la firma

Miguel Jiménez
Corresponsal jefe de EL PAÍS en Estados Unidos. Ha desarrollado su carrera en EL PAÍS, donde ha sido redactor jefe de Economía y Negocios, subdirector y director adjunto y en el diario económico Cinco Días, del que fue director.

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