Teresa Ribera: “Las energéticas tienen que aportar propuestas en lugar de un no a todo”

La ministra defiende que “España ha hecho un gran esfuerzo en materia energética” y que “ha invertido mucho más” que otros países europeos para asegurar el suministro

Teresa Ribera, vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, el lunes en su despacho en la sede del ministerio.
Teresa Ribera, vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, el lunes en su despacho en la sede del ministerio.Samuel Sánchez

Las medidas urgentes de ahorro energético se aplican a rajatabla en el despacho de la vicepresidenta Teresa Ribera (Madrid, 53 años) incluso horas antes de su aprobación. Ribera, ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, ha protagonizado el final del curso político en Bruselas. Primero con la excepción ibérica, que deja un precio del gas sensiblemente más bajo en España y Portugal que en el resto de la UE. Y en los últimos días, con el crescendo que ha acompañado la negociación de la propuesta de la Comisión Europea que preveía inicialmente un recorte lineal del 15% del consumo, y que España consiguió rebajar al 7% con una posición inusualmente dura que ha levantado alguna que otra ampolla. En el despacho hay 27 grados clavados al inicio de esta entrevista, a primera hora de la mañana. Pero la temperatura subirá con las preguntas sobre el lobby que han hecho las empresas españolas y con los momentos más ásperos en la negociación para suavizar ese plan de la UE.

Pregunta. “A diferencia de otros países, los españoles no hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, dijo usted en plena negociación para reducir el consumo de gas. ¿A qué se debe esa dureza?

Respuesta. A que creo que era importante destacar que toda nuestra voluntad de ayudar requiere cierto respeto previo. España ha hecho un gran esfuerzo en materia energética no siempre acompañado en Europa, como con las interconexiones. Cuando alguien necesita ayuda, debe pedirla; no imponerla. Nosotros, cuando la hemos necesitado, la hemos pedido y la hemos agradecido enormemente. Y en la situación actual, absolutamente endiablada, nadie nos preguntó cuál era la mejor manera de ayudar. La Comisión no tenía un ejercicio fácil por delante, pero optó por poner encima de la mesa la propuesta sin debate previo.

P. ¿No pueden ser contraproducentes esas palabras si España acaba necesitando ayuda, por el lado fiscal o incluso el de energía?

R. ¿Por qué? Hemos hecho una declaración explícita, y reiterada, sobre nuestra voluntad de ayudar.

P. Porque esa retórica recuerda a la crisis del euro. ¿A quién se dirigía con esas palabras?

R. Que cada cual lo interprete como quiera: yo me dirigía a los españoles. Es importante que sepan que lo que estamos haciendo no es porque nos tengamos que ajustar el cinturón por un comportamiento irresponsable o frívolo. Hemos invertido mucho más para asegurar nuestro suministro que otros Estados miembros. Creo que es un mensaje importante: no hemos estado viviendo por encima de nuestras posibilidades.

P. Pues parecía un mensaje al Norte. ¿Se expresaría hoy, de nuevo, en esos mismos términos?

R. Creo que eran palabras para aquel momento y que sirvieron para hacer ver que nosotros estábamos dispuestos a ayudar, pero que era importante encontrar la solución adecuada. La solidaridad puede expresarse de maneras muy diferentes, y lo que proponía la Comisión no era lo más efectivo ni lo más justo. No se trata de imponer castigos a la población, sino de hacer llegar energía a quien lo necesita. Es verdad que en la medida en que uno consume menos puede aportar a terceros, pero no tiene sentido imponer reducciones por encima de lo que se puede hacer llegar a esos terceros países.

P. ¿Se invierten los papeles en esta tesitura respecto a la crisis del euro?

R. Muchos de nuestros socios afrontan una situación muy complicada: aquí estamos hablando de esforzarnos, pero allí están hablando de racionamiento, que es algo que en Europa Occidental no hemos vivido desde el final de la II Guerra Mundial. Es un shock emocional para la población y hay que acompañar lo máximo que se pueda para que no se llegue a dar esa situación. Después de las consecuencias tan terribles que generó la respuesta a la crisis del euro se ha entendido que no se puede apelar al riesgo moral para dejar descolgada a una parte de la sociedad europea.

Teresa Ribera, en la sede del ministerio en Madrid.
Teresa Ribera, en la sede del ministerio en Madrid.Samuel Sánchez

P. Ha dicho que la Comisión no informó a los gobiernos. Bruselas dice lo contrario.

R. No he dicho que no informara: digo que no escuchó. Y al final la situación se ha resuelto bien, hubo una reacción rápida. Todos entendimos la importancia de la unidad y de la solidaridad y hemos conseguido una propuesta que abre la puerta a reforzar la política energética europea de cara a consolidar una capacidad de respuesta rápida, usar las infraestructuras en común y acometer compras comunes de energía.

P. Algunos países se saltaron a la torera todo eso al principio.

R. Efectivamente.

P. ¿Quiénes?

R. No voy a quiénes, pero es cierto que algunos socios han buscado alternativas por su cuenta

P. ¿Esos rifirrafes pueden volver si la situación empeora? ¿El recorte del 15% hubiera supuesto un parón industrial en España?

R. Sí, suponían un parón porque el planteamiento de la Comisión era priorizar sectores industriales en función de lo que considera más estratégico para el conjunto de la economía europea. Y hay sectores que Bruselas no considera estratégicos para el conjunto de la UE y que, sin embargo, sí lo son desde nuestro punto de vista. Eso hubiera generado resultados injustos que, además, no hubiesen beneficiado a nadie.

P. La última vez que Rusia cortó el gas antes de la guerra, la entonces canciller alemana, Angela Merkel, se fue a Minsk y pactó con Vladímir Putin el gasoducto Nord Stream 1. Luego, en los primeros estadios de la invasión rusa en Ucrania, Alemania se fue a buscar gas a todas partes pagando precios muy altos. ¿Cómo juzga la política alemana en los últimos años?

R. Siempre es más fácil hacer un análisis a toro pasado, pero sea cual sea la historia que venga de atrás, es capital salir a respaldar a Alemania en este momento. A nadie le va bien que a Alemania le vaya mal, del mismo modo que, como nos enseñó la anterior crisis, a Europa no le vino bien que a Grecia le fuera mal. Sí es cierto que ha habido señales recientes que ponían de manifiesto la conveniencia de diversificar proveedores y que, a pesar de ello, se aprobó la construcción de un segundo gran gasoducto [el Nord Stream 2]. Durante muchos años eso le ha reportado a la industria alemana gas a precios baratos. Eso explica parte de las diferencias de competitividad y parte del sobrecoste que han estado pagando los consumidores españoles por toda esa infraestructura necesaria para albergar las plantas de regasificación. La situación hoy ha cambiado; se han alterado las dinámicas tradicionales.

P. El escenario central ahora mismo es un cierre de fronteras por parte de Putin.

R. Sí.

P. ¿Eso implica recesión en Alemania?

R. Pero lo que buscamos es evitar a toda costa ese escenario. Y no importa solo lo macroeconómico: si se produce una gran división nos encontraríamos con escenarios políticos muy complicados, con desconfianza en las instituciones y entre países... Eso hay que cuidarlo al máximo si no queremos ver deterioros sociales y democráticos a gran velocidad.

P. Históricamente, la inflación ha sido capaz de tumbar gobiernos, y la subida de los precios energéticos es uno de los factores que explica que los precios suban más en España que la media europea. ¿Explicaría eso en parte la dureza del Gobierno español en esa negociación?

R. Llevábamos meses pidiendo que Europa se tomara en serio la situación y mitigara al máximo el impacto de los precios del gas en el conjunto del sistema energético. La primera respuesta que recibimos fue “ya pasará”; resulta que no solo no ha pasado, sino que se ha complicado cada vez más. Hoy, afortunadamente, contamos con la protección del mecanismo ibérico. Pero necesitamos una respuesta europea a la crisis.

Teresa Ribera, durante la entrevista en su despacho en Madrid.
Teresa Ribera, durante la entrevista en su despacho en Madrid.Samuel Sánchez

P. ¿Teme el Gobierno que, si no se doblega la inflación, podamos ir hacia un invierno caliente?

R. Obviamente el impacto de la inflación está detrás de la preocupación que mostramos por la evolución de la energía.

P. ¿Y en ese contexto está satisfecho el Gobierno con la respuesta que han dado las energéticas?

R. Es difícil explicar un incremento tan importante de los beneficios en un momento tan delicado para el conjunto de la población. Las primeras propuestas de minoración de los beneficios extraordinarios asociados al alza del precio del gas fueron muy contestadas, con una campaña en contra en Europa y más allá de Europa. El resultado fue que la Agencia Internacional de la Energía y la Comisión Europea recogieron nuestra propuesta como una recomendación de mejores prácticas. Es decir: acabaron encontrándose con que aquello que les parecía de un intervencionismo terrorífico acabó siendo una de las recomendaciones básicas que hacían las principales autoridades económicas y energéticas. Más que poner el grito en el cielo, de lo que se trata es de buscar soluciones para proteger a sus clientes.

P. ¿No genera problemas que el presidente cite ad hominem a [Ignacio] Sánchez Galán o [Ana] Botín?

R. El presidente Sánchez mide muy bien lo que dice.

P. ¿Qué le parece esta respuesta tan monolítica en el sector energético contra el impuesto y el resto de medidas?

R. Creo que sería deseable encontrarnos con propuestas y no con un no a todo.

P. ¿Le preocupan las reacciones negativas a la anécdota de la corbata?

R. Los mayores entienden la diferencia entre consumir y desperdiciar energía, y tienen un recuerdo de cuando la energía era mucho más cara —en términos relativos— que hoy. Desde el punto de vista del coste, un grado en el termostato de nuestros hogares puede representar hasta un 7% de nuestra factura. Hace falta un esfuerzo especial en un momento extraordinario. El mundo está patas arriba, tenemos una guerra en Europa y para muchos conciudadanos europeos esto resulta un debate frívolo: están buscando sacos de dormir para evitar morirse de frío en invierno sin calefacción. La diferencia es tan grande que creo que esas reacciones negativas están fuera de lugar.

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