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Argentina sube el interés de la deuda para frenar la caída del peso

El banco central paga hasta el 60% por el papel emitido, con el objetivo de desmotivar la venta de moneda local para comprar dólares

Pizarra con las cotizaciones de moneda en una  casa de cambio en Buenos Aires, el viernes.
Pizarra con las cotizaciones de moneda en una casa de cambio en Buenos Aires, el viernes. Reuters

El banco central argentino logró este viernes detener la caída del peso, pero a un costo alto. La autoridad monetaria pagó tasas de hasta 60% a los bancos compradores de Letras de Liquidez (Leliq), la herramienta que usa desde el año pasado para secar la plaza de pesos y reducir la presión sobre el mercado cambiario. La tasa promedio cerró hoy a 58%, seis puntos más que ayer. La subida ha sido inevitable. El jueves, el peso argentino perdió 4% de su valor frente al dólar y acumuló 11 puntos desde enero, casi cuatro veces más que la moneda emergente que le sigue en la lista de las de peor desempeño mundial, el lei rumano. La estrategia del instituto emisor permitió al peso recuperar parte de lo perdido en la semana, pero puso en evidencia, una vez más, la vulnerabilidad de la economía argentina.

El jueves, los argentinos debían pagar por cada dólar 43,5 pesos argentinos. El viernes, la cantidad necesaria había bajado hasta los 41,2 pesos. El banco central tiene pocas herramientas para sostener a la moneda local. No puede intervenir en el mercado de cambios, después de que Argentina se comprometiese ante el Fondo Monetario Internacional (FMI) a respetar una banda de flotación de su moneda con un techo de 50 pesos por cada dólar. Le quedan entonces el mercado futuro o tocar la tasa de interés. Cuando el mercado se recalienta, el prestamista de último recurso absorbe pesos a través de las Leliqs, bonos de vencimiento semanal que sólo pueden comprar los bancos. Claro que para convencer a los bancos de que apuesten al peso y no al dólar debe pagar cada vez más, al punto que Argentina tiene hoy la tasa de interés más alta del mundo.

Entre el miércoles y el jueves, el Banco Central redujo la base monetaria en casi un 10% con la absorción de 105.000 millones de pesos. Con ese dinero, los bancos podrían haber comprado casi 2.500 millones de dólares. La estrategia cuenta con el aval del FMI. El organismo sigue de cerca a Argentina desde que el año pasado le otorgó un rescate financiero de 57.000 millones de dólares. Incluso ya se encuentra en el país el hombre elegido por el Fondo para el caso argentino, el jamaiquino Trevor Alleyne.

Alleyne se refirió el viernes a la volatilidad del peso y defendió la estrategia de tasas altas. “Estamos en un marco de política monetaria de cambio flexible. Ayer [por el jueves] fue una larga depreciación del peso pero, hoy, al contrario. El banco central puede manejar la tasa de interés si quiere hacerlo y con eso, cumple el compromiso de continuar en esta política bastante estricta y puede calmar al mercado”, dijo durante un foro de inversores. La contracara de la estrategia ha sido la recesión. La economía argentina cayó 2,6% en 2018 y las expectativas para este año no son mejores. El FMI prevé para 2019 una retracción del 1,7%.

La palabra que más se escucha en el mercado argentino es “volatilidad”. El tipo de cambio se mueve dentro de la banda de flotación acordada con el Fondo, pero al banco central le preocupa la brusquedad con que el peso pierde o recupera valor. Por eso interviene ante cualquier salto.

Los factores que explican la excepción argentina son múltiples. En lo coyuntural, los mercados emergentes sufren la huida de los inversores hacia China luego de la decisión de la calificadora MSCI de aumentar cuatro veces el peso de las acciones de ese país en sus índices. Hay también causas estructurales vernáculas, como el endeudamiento externo argentino en dólares, que ya roza equivalente al 100% del PIB. Y otras que son políticas. En octubre próximo, Macri irá por la reelección y la posibilidad de que Cristina Fernández de Kirchner se presente como candidata espanta a los inversores.

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