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Mauricio Macri arranca el año electoral con más ayudas a las familias

El presidente de Argentina asegura que su país está mejor que durante el kirchnerismo en la apertura de sesiones del Congreso

El presidente de Argentina, Mauricio Macri, habla ante el Congreso en la apertura del año legislativo.
El presidente de Argentina, Mauricio Macri, habla ante el Congreso en la apertura del año legislativo. Reuters

Se le oyó más combativo, por momentos hasta crispado. Mauricio Macri abandonó el tono motivacional, casi zen, que tantos réditos políticos le ha dado hasta ahora y abrió este viernes el año legislativo en el Congreso con la vista puesta en las elecciones de octubre, cuando optará a un segundo mandato. El presidente argentino admitió que la economía no está bien, que la inflación se ha disparado y que también lo ha hecho el número de pobres. Con ello justificó un aumento de las ayudas por hijo para familias necesitadas con cargo al rescate del Fondo Monetario Internacional (FMI).

 Según el último dato oficial disponible, el 27,2% de los argentinos son pobres. Las cifras corresponden al primer semestre del año pasado, justo antes del inicio de la crisis en la que el peso se dejó la mitad de su valor, la economía se contrajo un 2,6% y forzó al Ejecutivo a solicitar al FMI un rescate financiero por 57.000 millones de dólares (unos 50.100 millones de euros).

Macri admitió que “la pobreza bajó dos años seguidos, pero ha vuelto a los niveles de antes”, en referencia al 32% de argentinos considerados pobres que se registró en el primer semestre de su gestión. No son buenas noticias para una campaña electoral. De ahí que Macri anunciara la decisión de utilizar una cláusula del acuerdo con el Fondo que autoriza al Ejecutivo a moderar la rebaja del déficit público si destina una parte del rescate a la ayuda social. De esa forma, Argentina podrá cerrar 2019 con un desequilibrio del 0,2% del PIB, en lugar del 0% que se había comprometido a alcanzar, para que las familias más necesitadas reciban 66 dólares de ayuda por cada hijo al mes. En total, cuatro millones de personas que verán incrementada en un 46% la ayuda que reciben por ese concepto del Estado.

Una plaza blindada contra las protestas

Mar Centenera

Fuera del Congreso argentino, este 1 de marzo no había nadie. Un enorme operativo de seguridad, formado por un doble cordón en las calles aledañas, impidió que partidarios o detractores de Mauricio Macri se acercasen hasta la plaza y circulasen por el centro de la avenida de Mayo. Incluso muchos legisladores tuvieron problemas para llegar al recinto, según criticaron ante los medios.

La imagen fue muy distinta a la del 1 de marzo de 2015, cuando decenas de miles de militantes coparon la plaza para despedir a Cristina Fernández de Kirchner en su última apertura del año legislativo. Un año después, Macri atribuyó “al feo día” de lluvia la escasa presencia de simpatizantes en las calles que atravesaba la comitiva presidencial hacia el Congreso. En ese momento, recién asumido, su popularidad superaba el 60%.

Hoy, con una imagen positiva del 37%, las pocas personas que lograron pasar el primer cordón lo abuchearon a su paso. Cientos de manifestantes se concentraron en el Obelisco, a diez cuadras del Congreso. “Macri ¿y la pobreza cero?”, podía leerse en la pancarta más grande desplegada en la concentración, en referencia a la principal promesa incumplida del Gobierno macrista.

En esta ocasión, Macri no dijo, como sí hizo en la apertura de sesiones del año pasado, que “lo peor ya pasó” ni prometió que “ahora vienen los años en que vamos a crecer”. Pero consciente de que esas palabras son un arma a merced de la oposición, el presidente argentino señaló: “Muchos van a pensar que están peor que el año pasado y que dije que lo peor ya pasó. Y tienen razón, pero les tengo que decir que lo que estamos haciendo [es] crujir estructuras viejas y oxidadas, muy arraigadas, que seguían beneficiando a los de siempre”. Los diputados y senadores oficialistas irrumpieron en pie en aplausos.

El presidente nunca nombró al kirchnerismo pero lo tuvo presente en cada referencia a la corrupción o a los desmanes económicos del pasado. “Ya no aceptamos que nos mientan o que pongan en jaque la democracia. Hay ahora un Estado más sano que lucha contra los comportamientos mafiosos. Todos tenemos que rendir cuentas, inclusive la familia del presidente y el presidente. Se está acabando la impunidad”, dijo.

Kirchner, ausente

Por momentos, el discurso fue tenso, con disparos tan directos que los legisladores kirchneristas se levantaron en sus bancas. La expresidenta Cristina Fernández, ahora senadora, faltó otra vez a la cita y dejó en manos de los suyos la defensa de la causa. Cuando el cruce de gritos subía de tono, Macri respondía con una frase hecha: “Los gritos, los insultos, no hablan de mí, hablan de ustedes”.

El peronismo recibió al presidente argentino con carteles con la leyenda “Hay otro camino”, ya en modo electoral. La oposición aún busca un candidato para enfrentar a Macri, que está empatado en los sondeos de opinión con Fernández de Kirchner. Por eso el tono del presidente, mucho más belicoso y electoralista que en otras ocasiones. Y por eso el discurso preparado para promover la confianza en el futuro, explicando a sus votantes que los problemas de hoy son los dolores de un parto, el precio por acabar con “cimientos podridos”. “Hoy podemos decir que Argentina está mejor parada que en 2015”, dijo, convencido. Ahora le toca convencer al resto de los argentinos.

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