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Venezuela y la hiperinflación

El Gobierno acaba de devaluar el bolívar hasta 6 millones contra el dólar desde 10 y le ha eliminado cinco ceros

Un kilogramo de carne junto a 9.500.000 bolívares, su precio equivalente a 1,45 dólares en un mercado de Caracas.
Un kilogramo de carne junto a 9.500.000 bolívares, su precio equivalente a 1,45 dólares en un mercado de Caracas. REUTERS

En 1998 Hugo Chávez ganó las elecciones de Venezuela con 16 puntos de diferencia sobre el otro candidato. La crisis asiática de 1997 se había extendido a la mayoría de países emergentes y el petróleo había caído a niveles de 10 dólares por barril. Como me explicó un economista venezolano “la economía de Venezuela es PDVSA”, la empresa pública de petróleo. La crisis económica fue clave para que los venezolanos confiaran en la revolución que prometía Hugo Chávez.

La revolución vivió el mayor súper ciclo de materias primas de la historia. El precio del petróleo cuando Hugo Chávez dejó la presidencia estaba por encima de 100 dólares, diez veces más que al llegar. Eso es el equivalente a una brutal transferencia de renta del resto del mundo a los venezolanos, que aumentó su PIB y sobre todo sus ingresos públicos derivados del petróleo.

Venezuela era un país con una desigualdad extrema, como la mayoría de países de América Latina, y la revolución chavista consistió en desarrollar políticas sociales para los ciudadanos de rentas bajas. Misiones para construir casas, escuelas, salud con médicos cubanos que visitaban los barrios... El gasto público pasó del 24% del PIB al 40% con el mayor crecimiento del PIB desde la década de los años setenta.

En 2014 el crecimiento en Asia, donde se concentra la mayor parte del alza de la demanda de petróleo mundial, se frenó y el precio del petróleo comenzó a caer. En febrero de 2016 el precio del barril de petróleo venezolano cayó al mínimo de 15 dólares el barril y los ingresos eran una décima parte de los máximos. En 2013 Hugo Chávez dejó un déficit público próximo al 15% del PIB. Con esos precios del petróleo sus políticas sociales eran insostenibles.

El Gobierno presidido por Nicolás Maduro tardó en reaccionar y el déficit público se disparó. Sin acceso a los mercados de capitales internacionales, decidió financiar el gasto con inflación aumentando el dinero en circulación, el impuesto más injusto que afecta especialmente a los pobres. El resultado ha sido desastroso. La hiperinflación ha acabado con la capacidad de compra y los ahorros de todos los venezolanos. Las importaciones en Venezuela desde 2012 se han desplomado un 80%, la mayor crisis económica en un país desde la Gran Depresión. Y la producción de petróleo está en su nivel más bajo desde 1965.

El Gobierno acaba de devaluar el bolívar hasta 6 millones contra el dólar desde 10 y le ha eliminado cinco ceros. Ha anunciado una subida de impuestos superior a 10 puntos de PIB que provocará una intensa caída del consumo y la inversión. Pretenden mantener fija la cotización de la nueva moneda sin reservas de dólares para intervenir. Mantienen un déficit público próximo al 10% del PIB que sigue financiando con dinero del banco central. Tienen una tasa de inversión del 10% del PIB, de las más bajas del mundo. Y con esta incertidumbre extrema no hay ningún incentivo para que aumente la inversión privada. Por lo tanto, la hiperinflación y la depresión económica continuarán.

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