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ANÁLISIS

El jarro de agua fría del FMI

El INE ha publicado una de las estadísticas principales para seguir la compleja coyuntura económica española: las cuentas de los sectores institucionales del primer trimestre. A ellas dedicaré hoy mis comentarios. Pero creo obligado referirme antes a las previsiones de crecimiento que dio a conocer el Fondo Monetario Internacional (FMI) el pasado martes. El FMI constata que, desde la publicación en abril de sus Perspectivas de la Economía Mundial, el crecimiento se ha desacelerado en las economías emergentes y en Estados Unidos, al tiempo que la recesión se profundizaba en la zona euro. Como consecuencia, aunque mantiene las perspectivas de recuperación para la segunda mitad del año, ha revisado a la baja en dos décimas porcentuales las tasas medias anuales previstas para la economía mundial en este año y el próximo. Para España mantiene la misma cifra este año (-1,6%), pero rebaja la de 2014 siete décimas porcentuales, dejándola en cero.

Esta previsión supone que la caída del PIB toca fondo a finales de este año y luego se mantiene en crecimientos trimestrales próximos a cero durante todo el próximo. Un jarro de agua fría justo cuando las autoridades y los analistas de la coyuntura empezamos a ver signos de que la recesión está próxima a tocar fondo y a mejorar ligeramente nuestras expectativas el próximo año. El consenso de analistas que forman parte del Panel de Funcas acaba de revisar una décima al alza el crecimiento en 2014, hasta 0,7%. Dentro de la complejidad y la volatilidad de la coyuntura actual en todo el mundo, las diferencias entre estas previsiones son más cualitativas que cuantitativas. Quedémonos con la idea subyacente en la posición del FMI de que a la economía española le va a costar levantar el vuelo, sobre todo si no se implementan muchas reformas pendientes y se mejoran otras ya adoptadas o en curso de aprobación. Pero la previsión del Fondo peca, en mi opinión, de alguna inconsistencia. Desde abril para acá se ha levantado el pie del freno fiscal, ya que el objetivo de déficit se ha revisado unos dos puntos porcentuales del PIB, desde -4,5% hasta -6,5%, en 2013, y desde -3% hasta -5,8%, en 2014. Por otro lado, los datos que vamos conociendo sobre la actividad y el empleo son algo mejores de lo esperado. Todo ello no llevaría a revisar a la baja la previsión de crecimiento, sino, al menos, a mantenerla o, incluso, a mejorarla.

El Fondo cree que a España le va a costar levantar el vuelo, si no se implementan las reformas pendientes

Las cuentas de los sectores perfilan una situación de suma debilidad en las economías familiares al comienzo del año. Muchos de los agregados de estas cuentas adolecen de una estacionalidad trimestral acusada, por lo que conviene analizar los datos haciendo previamente medias o sumas móviles de los últimos cuatro trimestres. En estos términos, la renta disponible de los hogares cae a un ritmo anual nominal del 2,6%, que alcanza el 5% en términos reales, es decir, si restamos el alza de los precios de consumo. Esta pérdida de renta real es lo que explica la gran debilidad del consumo y no, como suele creerse, la falta de confianza. Si fuera eso, la tasa de ahorro no se situaría en mínimos históricos. Con todo, esta tasa se recuperó ligeramente en el primer trimestre hasta el 8,5% de la renta disponible. Esto, junto a la continuada caída de la inversión, permitió a los hogares aumentar levemente la posición superavitaria en sus cuentas.

La renta (valor añadido) generada por las sociedades no financieras también evoluciona negativamente [gráfico inferior izquierdo], pero la parte destinada a remunerar a los asalariados disminuye más aún, por lo que el excedente bruto sigue creciendo a buen ritmo. Esto permite a las mismas seguir aumentado su tasa de ahorro (beneficios no distribuidos después de impuestos). Pero este mayor ahorro no va destinado a aumentar la inversión en capital fijo, por lo cual, la posición superavitaria de las empresas se agranda [gráfico inferior derecho]. El destino principal de este superávit es, sin duda, la autofinanciación (que suple la carestía de crédito) y la reducción de la elevada deuda. Suponiendo que estos datos reflejen correctamente la situación empresarial, estas sí que estarían en condiciones de elevar su gasto en inversión generadora de empleo, pero, para ello, habrá que esperar a que reduzcan sus deudas, aumente la demanda de sus productos y mejoren las condiciones del crédito.

Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (FUNCAS).

 

Confianza empresarial

El INE viene realizando desde el pasado año una nueva encuesta trimestral de opinión a las empresas, la primera de este tipo que realiza en toda su historia. Consiste en preguntar a estas cómo valoran la marcha de su negocio (favorable, normal y desfavorable). Haciendo la diferencia entre las respuestas favorables y desfavorables se obtienen dos indicadores, uno, de situación sobre el trimestre finalizado, y otro, de expectativas sobre el trimestre que comienza. A partir de estos dos se construye el Índice de Confianza Empresarial Armonizado (ICEA). Todo ello se publica al comienzo de cada trimestre natural. La confianza de los empresarios españoles empeoró durante la segunda mitad del pasado año, pero ha cambiado de tendencia en la primera mitad del actual. Lo que es más significativo, el indicador de expectativas para el segundo trimestre del año mejoró notablemente, y los resultados así lo han confirmado. Para el tercer trimestre que ahora comienza, este indicador vuelve a mejorar. Esperemos que se acierte de nuevo.