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Austria y Luxemburgo negocian con la UE acabar con su secreto bancario

Juncker pone fecha a la entrada en vigor del intercambio automático: 1 de enero de 2015

La Comisión Europea apura a los países de la eurozona a mejorar la transparencia

Entre los motivos, la crisis de Chipre y la lucha contra el fraude y el blanqueo de dinero

Un hombre mira por la puerta de un banco en Viena. Ampliar foto
Un hombre mira por la puerta de un banco en Viena. AFP

Los últimos bastiones del secreto bancario en la Unión Europea están bajo asedio y lo saben. Ante una ciudadanía cada vez más hostil a los paraísos fiscales y a la opacidad de capitales, y unos Gobiernos ansiosos de liquidez, la Comisión Europea, a través del comisario de Fiscalidad, el lituano Algirdas Šemeta, ha pedido más firmeza a los Estados miembros en la lucha contra el fraude fiscal. Austria y Luxemburgo, los dos únicos países de la UE que conservan en sus legislaciones mecanismos para proteger la identidad de sus clientes, se han dado por aludidos, y han abierto negociaciones con Bruselas para mejorar la transferencia de informaciones bancarias con sus socios comunitarios.

El primer ministro luxemburgués, Jean Claude Juncker, ha puesto fecha a la puesta en marcha del intercambio de información automático: enero de 2015. "Podremos hacerlo sin ningún riesgo", ha afirmado. Para Juncker, que fue durante ocho años presidente del Eurogrupo, el sistema bancario del país centroeuropeo está preparado para el cambio. "Nuestro sector bancario no depende íntegramente del secretismo", ha considerado. "Las luces no se van a apagar por ello". La oposición liberal a los cristianodemócratas de Juncker no es de la misma opinión. "El secreto bancario es importante para la protección de la privacidad y debe mantenerse", han afirmado las juventudes liberales en un comunicado. "Juncker está haciendo propaganda electoral para las elecciones alemanas". Luxemburgo, más que ningún otro país de la UE, depende de la salud de su sistema bancario, que tuvo el pasado unos ingresos de 9.754 millones de euros, el 21% del PIB, y que da trabajo a 26.537 personas, el 10,5% de su población activa.

Pero el primero en responder a las peticiones de Šemeta fue el primer ministro austríaco, el socialdemócrata Werner Faymann, que el martes afirmó la voluntad de su país de negociar con la UE el intercambio de información automático para los inversores extranjeros en bancos austríacos. Faymann tiene que hilar muy fino para equilibrar por un lado las presiones de Bruselas, y por el otro la hostilidad de sus socios de coalición, los cristianodemócratas. La ministra de Finanzas, la cristianodemócrata Maria Fekter, declaró en una entrevista publicada el domingo en el diario Österreich su voluntad de defender "como una leona" el secreto bancario del país alpino. "No abriremos nuestras cuentas de ahorro para que otros hurguen en ellas. El secreto bancario debe mantenerse", afirmó.

Faymann en consecuencia se ciñó a la directiva europea, que solo pide más facilidad para obtener los datos de los ahorradores extranjeros. "Esto no es el fin de la libreta de ahorros de la abuela", afirmó el primer ministro. Austria celebrará elecciones parlamentarias en el mes de septiembre.