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El riesgo de creerse invulnerable

Pese al liderazgo de las economías emergentes en el crecimiento mundial, necesitan reformas tanto como los países desarrollados

El acrónimo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), en construcción.
El acrónimo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), en construcción. Getty Images

Incluso en el escenario más incierto, siempre hay margen para cierto optimismo y para las historias de éxito. En el relato actual de la economía mundial ese espacio lo ocupan, indiscutiblemente, las economías emergentes. Pese a las sorpresas negativas que algunas de ellas han protagonizado en 2012, los emergentes siempre aparecen en el lado soleado de las perspectivas económicas y se han convertido en estos momentos casi en la única esperanza para el crecimiento global.

“El 75% del crecimiento mundial lo aportan las economías emergentes. Ya son los líderes del crecimiento mundial”, apunta Alan Conway, responsable de renta variable de mercados emergentes de Schroders, desde Londres. “En 2011, China aportó 1,3 billones de dólares al crecimiento adicional del PIB en el mundo, lo que equivale casi a crear una nueva economía española”, advertía Jim O’Neill, presidente de la gestora de Goldman Sachs, en un artículo reciente [O’Neill fue el autor, hace una década, del término BRIC —acrónimo de Brasil, Rusia, India y China— que se ha generalizado para denominar a las grandes potencias emergentes].

Las cifras en términos de crecimiento, niveles de empleo, inversión o flujos de capital son aplastantes, más aún frente a la desolación que producen los datos de un mundo industrializado arrasado por cinco años de crisis financiera y económica. Pero no todo es de color rosa en el mundo emergente. Los buenos resultados obtenidos en los últimos años y el amplio margen del que gozan sus cuentas públicas les ha llevado a relajar, en cierta medida, el proceso de reformas en el que estaban embarcados y, sin ellas, muchas de las estrellas emergentes pueden perder su brillo.

“El mayor riesgo es pensar que no hay riesgos porque es entonces cuando todos se empiezan a relajar y abandonan el proceso de reformas”, asegura Álvaro Ortiz Vidal-Abarca, economista jefe de economías emergentes de BBVA Research. En la misma línea se pronuncian los analistas de Barclays en su informe trimestral sobre economías emergentes. “Evitar el esfuerzo de abordar reformas estructurales porque la financiación exterior está disponible con facilidad es muy arriesgado y puede dañar a las economías. Pese a sus numerosas ventajas, la mayoría de las economías emergentes aún tienen mucho margen de mejora por el lado estructural”, subrayan los economistas de la entidad británica.

El 75% del crecimiento mundial lo aportan los emergentes

Y es en esa necesidad de reformas donde convergen las trayectorias de los países industrializados y las de los países en desarrollo. “En realidad, los mercados desarrollados y los emergentes comparten en este momento la misma historia. A diferentes niveles, eso sí, pero los dos deben abordar un proceso de reformas intenso”, señala Steen Jakobsen, economista jefe de Saxo Bank. El riesgo, para los segundos, es que sus economías se instalen en una menor tendencia de crecimiento, con la que no serían capaces de hacer frente a las elevadas necesidades sociales de su población ni podrían generar empleo a un ritmo acorde.

Esa falta de reformas explica, en parte, el desempeño decepcionante que han mostrado en 2012 países como China, India, Brasil y Corea del Sur. “Mientras que el dispar comportamiento económico de los emergentes en 2012 puede vincularse claramente al deterioro de los mercados a los que se dirigen sus exportaciones, en particular la eurozona, no se puede negar el papel jugado por factores estructurales domésticos”, advierten los economistas de Barclays.

Lo cierto es que la historia de las grandes economías emergentes es una historia en transición. El modelo de crecimiento de los países que han liderado los avances hacia el desarrollo ha estado impulsado por las exportaciones y ha llegado la hora de moverse hacia otro modelo con mayor peso de la demanda interna, del consumo y la inversión. El caso más evidente, y el que mayor impacto tiene para el resto de los emergentes, es China, pero no es el único. Los líderes chinos han apostado por dirigir sus esfuerzos hacia ese cambio de modelo, pero son muchos los cambios que deben llevar a cabo para que sus intenciones se conviertan en realidad. La hoja de ruta de China es igualmente aplicable a países como India o Sudáfrica.

Se mantiene el predominio financiero de los países desarrollados

“China debe aprobar medidas para elevar la competitividad y reducir los niveles de corrupción; tiene que crear un sistema de salud y de pensiones para sus ciudadanos, o de lo contrario seguirán ahorrando y no gastando en previsión de futuras emergencias; y deben avanzar hacia la liberalización de los mercados de capitales y financieros”, enumera Jakobsen, de Saxobank.

Este último es un factor que ha quedado en clara evidencia durante esta crisis. Como recalca el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés), en términos de crecimiento a los mercados emergentes como grupo les llevó apenas cuatro trimestres superar sus anteriores niveles y mantener, desde entonces, unos niveles sólidos de incremento del PIB. “Por eso resulta llamativo que los mercados de activos emergentes hayan seguido en general la tendencia de los mercados desarrollados, que tampoco han alcanzado los niveles previos a la crisis. Eso refleja hasta qué punto la política de los mercados maduros, en particular la Reserva Federal, sigue marcando la marcha de los mercados globales”, señala la institución que agrupa a los principales bancos privados del mundo en su informe sobre mercados de capitales de este mes.

“Sigue habiendo un predominio de los mercados financieros desarrollados sobre los emergentes y si estos quieren pasar a jugar en la primera liga deben cambiar esa tendencia. Es lo que ha ido pasando entre los países desarrollados”, recalca Ortiz Vidal-Abarca, de BBVA Research. Para Allan Conway, responsable de renta variable de mercados emergentes de Schroders, no resulta, sin embargo, una condición indispensable. “Sin ello, ya son los que más crecen a nivel mundial y, en cuanto al resto de las reformas, no hay que obsesionarse. Es un componente natural del crecimiento y están mejor que en el pasado”, apunta en conversación telefónica. La opinión de Conway parece un tanto aislada entre los demás analistas.

De la disposición de estos países para llevar adelante las reformas, de que sus Gobiernos sean capaces de lograr el apoyo político necesario para aprobarlas y del calendario en el que lo lleven a cabo dependerá el éxito o el fracaso de los emergentes en este empeño. Aunque los puntos de partida son muy dispares. México, que ya pertenece al club de los países industrializados, la OCDE, parece concentrar las esperanzas de los analistas con el cambio de Gobierno. “En el caso de México, un círculo virtuoso de iniciativas por parte de los legisladores y decisiones de inversión por las compañías parece estar emergiendo con fuerza. En Brasil, actualmente observamos justo lo contrario”, señalan los expertos del banco HSBC.

Porque, pese a lo cómodo que sea tratar al grupo como un todo, las diferencias entre los distintos países y regiones emergentes son muy profundas. “La principal característica de los emergentes, o de los mercados de crecimiento, ha pasado a ser su heterogeneidad”, señalaba O’Neill en su artículo.

Turquía y Brasil pueden protagonizar la vuelta de la 'guerra de divisas'

Por ejemplo, la antigua Europa del Este es, de lejos, la región que peor se ha comportado en los últimos años, afectada de lleno por la crisis de la eurozona, con la que mantiene estrechos lazos comerciales y financieros. Tanto que algunos países —República Checa, Hungría, Croacia y Serbia— han recaído en la recesión y apenas se prevé una leve recuperación de estas economías en 2013. Y ello gracias a que los grandes fantasmas relacionados con la ruptura de la eurozona parecen haberse disipado.

China ha dejado atrás el temor a un aterrizaje forzoso —que, según los analistas de Société Générale, pasaría por crecer por debajo del 6%— y ha registrado una fuerte recuperación de la producción industrial y de las exportaciones en el último mes, lo que permite augurar una moderada recuperación en este ejercicio y cerrar con un crecimiento cercano al 8%.

En el lado de las sorpresas positivas se encuentran Rusia y Turquía, que en 2012 han crecido por encima de lo previsto. Especialmente Turquía, que con una política monetaria “innovadora” ha sido capaz de frenar la creciente burbuja de activos sin frenar el crecimiento de la economía. Pero puede que no sea el único motivo por el que Estambul se ponga de moda.

Según los analistas de Barclays, Turquía se unirá a Brasil y a otros países latinoamericanos como soldado de la guerra de divisas. La esperada mejora de la economía estadounidense y el consiguiente aumento de la demanda de materias primas y productos de la primera economía mundial producirán una revalorización de las divisas, principalmente latinoamericanas, dice el equipo de analistas económicos de Société Générale, contra la que lucharán sus autoridades. El pistoletazo de salida puede ser la decisión de Japón de profundizar en la depreciación que ya está sufriendo el yen e intervenir con dureza en el mercado para conseguirlo.

En todo caso, las perspectivas a corto plazo de los países emergentes apuntan a una recuperación moderada que no es tan segura en el caso de los países desarrollados. Solo que ese escenario ha creado un binomio paradójico en el que la percepción del riesgo aparece concentrado entre los países desarrollados y no en los emergentes, como sucedía en el pasado. En esas circunstancias, el riesgo pasa por creerse invulnerable.