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Editorial:

Berlín contraataca

Merkel se impone ante Sarkozy y Monti, pero no evita que los mercados presionen al bono alemán

Inasequible al desaliento, todavía caliente el fracaso de la colocación de bonos a 10 años, Angela Merkel se desplazó ayer a Estrasburgo para imponer a Nicolas Sarkozy y a Mario Monti su receta para salir de la crisis. En opinión de la canciller alemana, aceptada mansamente por el presidente francés, la crisis del euro solo puede resolverse con más unión fiscal y más integración política, remedios que implican una reforma de los tratados, que los socios europeos conocerán antes de la cumbre del 9 de diciembre. Obsérvese que los socios "conocerán" lo que previamente ha muñido el eje franco-alemán, autoconstituido en guardián financiero de Europa. Merkel descarta la opción de los eurobonos, propuesta por Bruselas, y la implicación más intensa del BCE que pedía Francia.

Hay que prestar atención a los argumentos de Merkel para doblegar el conato de rebelión. La canciller ni siquiera pestañea ante la promesa de mayor disciplina fiscal con la que Barroso pretendía dorar la píldora de los eurobonos y los descarta porque "igualarían las tasas de interés de todos los países y eso nos impediría saber dónde están los problemas". Según y cómo. Hoy, por ejemplo, sabemos que uno de los principales problemas que explican la crisis europea es la mediocre situación de la banca alemana y, sin embargo, poco podemos detectar de tal cuestión a través de los diferenciales de rentabilidad y primas de riesgo. Una vez lanzada al bulto, la canciller no distingue entre deuda pública y privada, entre países que se imponen disciplina y los que no, entre activos tóxicos procedentes del ladrillo y los causados por la desconfianza hacia las deudas nacionales. Se acoge a la fórmula regia de que "el mercado volverá a igualar las tasas de interés" cuando los déficits se corrijan.

Naturalmente, esa presunción es falsa. Están lejanos los tiempos en los que los mercados reconocían los fundamentales económicos de los países, uno de los cuales es el déficit. Prueba de ello es la comparación canónica entre la rentabilidad que paga Reino Unido, con pésimas variables económicas, y España. Pero, a pesar de la fuerza del papirotazo con que Merkel ha desarticulado la rebelión contra la ortodoxia, el Gobierno francés mantiene sus dudas. Y más que tendrá si sigue la presión contra la deuda francesa. Los mercados a los que apela Merkel mandaron el miércoles un mensaje a Berlín cuando se negaron a aceptar casi el 40% de la emisión alemana. O bien los inversores están hartos de recibir una rentabilidad del 1,80% por el valor refugio alemán, o bien no quieren valores en euros, o bien interpretan que, al final, Alemania tendrá que aceptar la mutualización de la deuda.

El otro problema que Alemania no ve es que Europa estará en recesión en 2012, según el Instituto de Finanzas Internacionales. Más paro y más inestabilidad bancaria. Así que, mientras cruje la pesada maquinaria burocrática para reformar los tratados y se alcanza la "igualación de las tasas de interés", es probable que el bienestar europeo empeore considerablemente

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 25 de noviembre de 2011