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Análisis:ANÁLISIS

Reformas con diálogo

El Gobierno de Artur Mas se ha dado cuenta: anunciar recortes en plena campaña electoral es un ejercicio de riesgo. Además, perjudica seriamente a quien lo practica. Xavier Trias, candidato de CiU a la alcaldía de Barcelona, debe compartir este diagnóstico.

En estos 100 días, los primeros anuncios de la reducción drástica del gasto vinieron precedidos de una proclamación de principios calvinistas. El arrauxat Gobierno tripartito había dejado a Cataluña sumida en tal situación de caos que hacía falta echar mano del espíritu noucentista para ordenar el patio. Pero lo que pretendía ser una muestra de sensatez se convirtió en una bomba de relojería. Al principio todo parecía obedecer a una campaña para sumar esfuerzos en el camino de la consecución del pacto fiscal. Pero no era así y la concatenación de anuncios de recortes en enseñanza y salud dejó de ser un ejercicio de realismo para convertirse en una amenaza contra el núcleo del Estado de bienestar. No cesaba el goteo de noticias sobre el cierre de servicios hospitalarios o el impago de facturas de luz, gas y agua por parte de centros escolares. Crecía la inquietud social sin que hubiera muestras de pericia gubernamental para gestionar la situación.

Más de 20.000 personas salieron a la calle en Barcelona el 14 de abril pasado. Y no para festejar el 80º aniversario de la proclamación de la II República, sino para hacer oír su voz contra los recortes. Paralelamente, Artur Mas perdía la batalla en los despachos: sus asesores Joaquim Vilardell, Teresa Crespo y Guillem López Casasnovas exigían que las medidas se acometieran con más diálogo social.

El aplazamiento ayer anunciado no debería obedecer a un repliegue táctico, sino a la voluntad de buscar un consenso básico. Acometer reformas contra todos no es el camino.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 27 de abril de 2011