Un maestro literario, una conciencia política | El último adiós
Columna
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De literatura e ideología

José Saramago vino a recordarnos que hay una gran literatura portuguesa. Nos recordó que había el extraordinario antecedente de Fernando Pessoa y antes la extraordinaria contribución de Eça de Queirós. Pero José Saramago escapó, sin renegar de ella, a su condición puramente nacional para unirse a la gran constelación mundial de narradores (Gabriel García Márquez, Nadine Gordimer, Günter Grass, Juan Goytisolo...) que constituyen hoy la narrativa de la globalidad.

José Saramago nunca escribió un mal libro. Toda su obra mantiene un altísimo nivel, una gran calidad. Fuimos amigos personales aunque a veces diferimos políticamente. Pero una prueba de la amistad es saber estar en desacuerdo y mantener una gran amistad. Saramago tenía un carácter fuerte, sabía enojarse con justa causa. Dio batallas políticas importantes en México y en el mundo. Pero al fin y al cabo, lo que sobrevive de un escritor no es su ideología sino su literatura.

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Le envío mis condolencias a la bella y querida Pilar y lamento de nuevo la pérdida del gran escritor y amigo José Saramago.

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