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La lucha contra el terrorismo

Un muerto y 18 heridos tras estallar tres coches bomba de ETA en 24 horas

La banda asesina a un militar en Santoña, intenta una matanza de 'ertzainas' en Ondarroa y atenta contra Caja Vital en Vitoria en respuesta a la ilegalización del PCTV

ETA asesinó esta madrugada en Santoña (Cantabria) a un brigada de 46 años y causó heridas a otras ocho personas, una de ellas hospitalizada en estado grave, al hacer estallar un coche bomba, el tercero en menos de 24 horas en su criminal ofensiva contra la ilegalización del PCTV y ANV. Es la tercera víctima mortal de ETA en lo que va de año.

Un hombre que dijo hablar en nombre de ETA había alertado a la Guardia Civil veinte minutos antes. El artefacto estaba cerca del Patronato Militar Virgen del Puerto, en la calle Almirante Carrero Blanco. "Han dado muy poco tiempo y hemos podido desalojar a muy poca gente", explicaron fuentes policiales. A la hora anunciada, la una de la mañana, el tercer coche bomba de ETA contra las sentencias del Tribunal Supremo mataba al brigada y hería a otras ocho personas. Una de ellas es un capitán ATS, herido grave aunque no se teme por su vida. Antes, la banda había dejado su huella con similares atentados en Ondarroa y Vitoria. En total, 18 heridos, una matanza frustrada de ertzainas y abundantes destrozos materiales.

Para Balza, el ataque a la policía vasca es de los más duros de los últimos tiempos

Una chica de 15 años sufrió fractura de cráneo en el atentado contra la comisaría

En su acelerada escalada de terror, ETA avisó dos veces, en Vitoria y en Santoña (Cantabria). En Ondarroa (Vizcaya), donde buscaba una matanza de ertzainas, su obsesión de los últimos meses, no hizo llamadas. La banda ha convertido a la policía vasca en uno de sus objetivos prioritarios, y sólo las medidas de seguridad y blindaje dispuestas y una dosis de buena suerte evitaron que lo consiguiese en la madrugada de ayer en Ondarroa. El primero de los tres coches bomba de ETA había explotado menos de 24 horas antes, en la sede de Caja Vital, en Vitoria. Causó importantes daños materiales, pero ningún herido.

Cada uno de los coches que estallaron en el País Vasco estaba cargado con cerca de 100 kilos de un explosivo aún por determinar. El primero, en Vitoria, no causó daños personales; el segundo, en Ondarroa, diez heridos, entre ellos, una adolescente con fractura en el cráneo. ETA tenía "la intención inequívoca de causar la muerte del mayor número posible de ertzainas", recalcó el consejero de Interior, Javier Balza, tras visitar la comisaría de Ondarroa.

La Ertzaintza esperaba de forma inminente un gran atentado contra sus agentes desde finales de julio, tras la detención de parte de la estructura del complejo Vizcaya. Su principal responsable, Arkaitz Goikoetxea, había elaborado un plan para hacer estallar un coche bomba contra un furgón de la Ertzaintza en julio en Getxo.

El comando que actuó ayer en Ondarroa, formado por al menos dos terroristas, colocó un Peugeot 307 poco antes de las 4.30 de la madrugada junto a la comisaría, con la puerta del maletero (donde se hallaba la bomba) abierta y cruzado en la carretera, de forma que quedaba orientado al edificio policial para dirigir allí la onda expansiva. No hubo aviso previo. En la huida, los etarras lanzaron a unos 50 metros dos cócteles molotov para que los agentes saliesen de la comisaría y la explosión les atrapase de lleno. Los ertzainas, en cambio, siguiendo sus protocolos de seguridad, usaron la puerta trasera. La explosión causó heridas a seis ertzainas y cuatro jóvenes que iban en un vehículo justo detrás de los etarras y que quizá salvaron la vida porque poco antes de que estallara el coche bomba se dieron cuenta de lo que ocurría y dieron marcha atrás. Anoche seguían hospitalizados un agente con pronóstico reservado, fractura en una mano, contusiones y rotura de un tímpano y una chica de 15 años que fue operada por una herida en el cráneo causada por la metralla. El estallido destrozó el cuartel, abriendo tres grandes boquetes en su fachada. "Es uno de los atentados más duros de los últimos tiempos", enfatizó Balza.

Parte de la estructura de legales (etarras no fichados) del complejo Vizcaya sigue sin descubrirse y podría haber recibido un coche bomba de la dirección de la banda. El atentado de Ondarroa es casi idéntico en su realización a los que Goikoetxea y su compañero, el fugado Jurdan Martitegi, cometieron en agosto de 2007 contra el cuartel de la Guardia Civil en Durango (Vizcaya) y en mayo contra el de Legutiano (Álava), donde murió un agente. Ambos coches cargaban también 100 kilos de explosivos. La banda ha buscado una demostración de fuerza con acciones con cargas muy potentes tras los arrestos de julio y en la semana de la ilegalización de ANV y PCTV y la condena a Gestoras pro Amnistía.

"Ha sido impresionante", dijo Jesús Mari, vecino de la vivienda sita justo enfrente de la comisaría, en Ondarroa. Mostraba dos trozos de metralla que cayeron en su balcón, a unos 50 metros en línea recta del cuartel. Su hijo se llevó un mayor sobresalto: los cristales de la ventana de su habitación cayeron hechos añicos sobre sus piernas mientras dormía. Su domicilio, como muchos de la misma calle, tenía los marcos de ventana arrancados de cuajo y puertas desencajadas. Una vecina mostraba su piso: como si hubiera pasado un huracán, con trozos de metralla en las persianas. Al lado está la única guardería pública de Ondarroa. Los 17 niños que acuden a sus aulas se quedarán sin clase estos días. Los daños en el municipio son cuantiosos. La onda expansiva alcanzó a inmuebles con más de 20 metros de altura.

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el líder de la oposición, Mariano Rajoy, encabezaron los mensajes de apoyo a la policía vasca, condena del atentado y petición de unidad de los partidos. "Mi repulsa y todo mi desprecio a quienes usan la violencia. Deben saber que el Estado democrático de Derecho no va a retroceder ni un milímetro; ellos son los que van a tener que retroceder porque su único destino es la cárcel", aseguró Zapatero en Valladolid, informa Anabel Díez.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 22 de septiembre de 2008