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Análisis:La lucha contra el terrorismo

Gestoras y el elixir de la felicidad

Dirigentes del entorno de ETA aparcan la lucha y buscan salidas personales

En estos tiempos en los que todo se mide en milésimas de segundo y en los que ser el más rápido en alcanzar la meta es el signo del triunfo, sigue habiendo lugares donde llegar primero no es siempre mejor, como, por ejemplo, el ataúd o la cárcel.

Eso debió de pensar Iñaki Reta, el único de los 27 dirigentes de Gestoras pro Amnistía que no se presentó a la lectura de la sentencia en la Audiencia Nacional, por lo que el tribunal ha decretado su búsqueda y captura. Reta, que ha sido condenado a ocho años por integración en banda terrorista, había cumplido poco más de dos en prisión preventiva. Hace tiempo habríamos supuesto que se había decidido a entrar en ETA, pero ahora, con 49 años él y con los terroristas en horas bajas, la hipótesis más probable es que ha optado por una salida personal: no le compensaba volver a prisión para cumplir los seis años restantes porque la libertad es un componente irreemplazable del elixir de la felicidad. Habrá que ver lo que le dura.

Reta fue el único rebelde, porque los 26 restantes -y ésta es la auténtica noticia- comparecieron puntualmente, escucharon la lectura del fallo por parte de la magistrada Teresa Palacios en respetuoso silencio y mantuvieron un comportamiento ejemplar. Ni comentarios audibles mientras la juez leía las condenas, ni los habituales alborotos y gritos de apoyo a ETA al abandonar la sala. Y todo esto con condenas de entre ocho y 10 años de cárcel para 21 de los 27 acusados. Casi nada. ¿Qué explicación tiene? ¿Es una estrategia o simplemente resignación?

Todos recordamos las broncas organizadas en anteriores macrojuicios del entorno etarra, como el de Jarrai en 2005 o el de Ekin en 2006. Claro que en el de Jarrai, por ser el primer caso, todo estaba por decidir y no se sabía si el Supremo iba a avalar o no las tesis de Garzón de que ETA no son sólo sus comandos sino las estructuras paralegales que le ayudan. Además, se juzgaba a miembros de las plataformas juveniles del entorno etarra, y ya se sabe que la alegre muchachada siempre alborota más. De hecho, los 23 jóvenes condenados a seis años de prisión se negaron a entregarse y tuvieron que ser detenidos (19 de ellos estuvieron más de dos meses en paradero desconocido).

En el de Ekin, que duró casi año y medio, hubo hasta un proceso de paz por medio y las esperanzas se dispararon. Luego, tras romper ETA el alto el fuego, las expectativas de una sentencia favorable se difuminaron. Las protestas por las duras condenas fueron sonadas.

Y ahora, con Gestoras, nada. Cierto es que la doctrina del Supremo sobre la integración en banda terrorista está ya establecida y los documentos incautados a dirigentes de ETA eran pruebas difíciles de eludir, por lo que el resultado era previsible. Pero el miércoles pasado hubo llanto, despedidas por el móvil y abrazos en directo; ni un mal gesto. Puede ser una estrategia, como la del inicio de la vista, cuando escenificaron un juicio denuncia y recurrieron al victimismo. Sin embargo, más parece resignación. Ya en la época de los romanos, el poeta Quinto Horacio Flaco sostenía que "la resignación alivia todos los males sin remedio". Con todos sus referentes en prisión o en perfil bajo -la dirigente más conocida en libertad es Jone Goirizelaia y su presencia pública está limitada al papel de abogada-, todo indica que los políticos de la izquierda abertzale se han dado cuenta de que ya no hay bromas y que, aunque no hayan disparado una pistola, pueden pasarse varios años en prisión.

Por eso, varios de sus más reputados representantes, todos ellos ya mayores -y decía Camus que "envejecer es pasar de la pasión a la compasión"-, parecen haber aparcado la lucha política destinada a la construcción nacional de Euskal Herria para buscar con mayor o menor éxito su propio elixir de la felicidad. Arnaldo Otegi, de 50 años, nada más salir de prisión se ha ido de vacaciones a Italia con su familia (y le quedan varios juicios pendientes); Iñaki de Juana Chaos, de 53, está en Irlanda con su mujer desde hace más de un mes, y el líder de Gestoras, Juan Mari Olano, también de 53, que ingresó en prisión el miércoles para cumplir los seis años de condena que le faltan, trata de ser papá con su compañera Elena Beloki, condenada a 13 años pero en libertad provisional para seguir un tratamiento de fertilidad in vitro. Ver para creer.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 22 de septiembre de 2008