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Reportaje:La gran dama de la literatura gastronómica

El recetario se queda huérfano

Simone Ortega, la autora que popularizó en España la escritura culinaria, fallece a los 89 años - Vendió tres millones y medio de ejemplares del libro '1.080 recetas de cocina'

Simone Klein Ansaldy hablaba con sencillez y se manifestaba con amabilidad sin ocultar ese aire refinadamente burgués que la acompañaba. De silueta frágil y porte elegante, nadie que no la hubiese conocido de cerca habría podido asegurar a primera vista que parte de su vida había transcurrido entre pucheros y cazuelas. Mujer culta, exquisita y refinada, presumía de ser muy golosa y sentir pasión por el chocolate. Una cocinera vocacional que jamás convirtió en profesión algo que le entusiasmaba.

Fue su segundo marido, José Ortega Spottorno, hijo del filósofo y ensayista José Ortega y Gasset, cofundador del Grupo PRISA y del diario EL PAÍS, que por aquel entonces se hallaba al frente de Alianza Editorial, quien la incitó a publicar su famoso libro 1.080 recetas de cocina. Una obra que vio la luz en 1972 y que en poco tiempo conocería un éxito sin precedentes. Hoy, con más de tres millones y medio de ejemplares vendidos, ocupa una posición de privilegio en el mundo editorial español, detrás del Quijote y la Biblia.

Su libro es el más vendido en España después de 'El Quijote' y 'La Biblia'

"Me encanta que las parejas me digan que he salvado su matrimonio", decía

Con el éxito le llegó una fama que ella no pretendía. No es extraño que, en los momentos de mayor apogeo, su propio marido, ya desaparecido, bromease acerca de la popularidad de su esposa: "He pasado de ser el hijo de Ortega y Gasset al marido de Simone Ortega".

Con argumentos de peso se ha repetido hasta la saciedad que Simone Ortega ha enseñado a cocinar a tres generaciones de españoles. Y es cierto. "Me encanta", solía afirmar con media sonrisa, "que algunas personas se me acerquen por la calle para decirme que he salvado su matrimonio o que, al independizarse, les he resultado de gran ayuda".

Fiabilidad, sencillez y claridad presiden el espíritu de una obra cuya mayor virtud es el rigor de su contenido. Frente a la ingente colección de recetarios de décadas pasadas elaborados con tijeras, burdos recortes de otros libros anteriores repletos de fórmulas frustrantes que siempre omitían algo, el libro de Simone Ortega garantizaba los resultados. Y no sólo eso, sino que enseñaba a cocinar desde lo más elemental hasta ciertas fórmulas de la cocina popular francesa que en España se acogieron como sofisticadas.

Cuando alguien le preguntaba cuáles eran los pasos para aprender a cocinar, siempre respondía: "Si no saben, que sigan las recetas al pie de la letra. Las mías -y lo digo con un puntito de orgullo- siempre salen. Si tienen gracia, les quedarán riquísimas, y si no, conseguirán resultados más que aceptables".

Para poner a punto su libro partió de un cuaderno manuscrito con recetas de su abuela, una borgoñona que había despertado su afición cuando niña y le había descubierto no pocos trucos. En 2006, el Gobierno francés le otorgaba la Orden de Caballero de las Artes y las Letras de la República de Francia, por su contribución a la difusión de la cocina francesa en España. Las palabras que pronunció a guisa de agradecimiento resumen el espíritu de su trayectoria: "Mi contribución ha sido modesta, más bien popular. No he provocado ninguna revolución gastronómica de masas, sino que he ayudado a elevar el nivel de la cocina familiar de este país con recetas adaptadas a la vida moderna, comenzando por mis aportaciones francesas".

A Simone Ortega no le gustaban la cocina moderna ni las mezclas imposibles: "Todo esto de la nueva cocina no me convence. Creo que muchos se limitan a mezclar cosas que ya existen o a presentar los ingredientes de manera diferente, por eso no me lo creo. Lo que hace Ferran Adrià es distinto. Adrià inventa en el siglo XXI una manera de guisar diferente". Tampoco le gustaban los precocinados ni las ollas a presión superrápidas, pero profesaba un enorme respeto por los congelados.

Simone Ortega había nacido en Barcelona en 1919, en una familia de padre alsaciano destinada en España. A los nueve años, se trasladó junto con sus progenitores a Madrid, donde estudió en el Liceo francés. Llegó a su primer matrimonio a los 23 años y enviudó dos después. Trabajó como enfermera y puericultora, contrajo segundas nupcias a los 30 años y abrió la primera tienda de bricolaje en Madrid con unas amigas.

Aparte de su famosa obra, tiene publicadas otras como Nuevas recetas de cocina, La cocina madrileña, Las mejores recetas de Simone Ortega y Quesos españoles. Durante años colaboró asiduamente en las páginas de EL PAÍS, pronunció conferencias y participó en revistas como Sobremesa y Club de Gourmets.

Pertenecía a la Cofradía Española de la Buena Mesa y recibió un Premio Especial de Gastronomía en 1987. Veinte años después recibió el Premio Alimentos de España.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de julio de 2008