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Los sabores de toda una vida

¿Por qué los sabores de la infancia nos persiguen durante toda la vida? Es una de tantas preguntas sobre las que mi madre y yo hablábamos de cuando en cuando. El sabor de un guiso resulta de modalidades tales como gusto, olfato y vista, y del significado que toman estas percepciones. El paso de la sensación a la percepción es fundamental.

Mi madre me contaba que ella había desarrollado su pasión por la cocina al ver guisar a su abuela, una borgoñona que le legó sus cuadernos, primero a su hija y luego a mi madre. Yo aprendí de mi madre sólo mirando y de vez en cuando participando, sobre todo cuando el ritmo cotidiano se rompía con ocasión de algún acontecimiento familiar, ya que a diario mi madre tenía la suerte de tener una magnífica cocinera que seguía fielmente sus indicaciones.

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En estos momentos de tristeza en que una pierde a su madre, siempre puedo recordar que las mujeres somos nosotras mismas cocinas, calderos en los que se cuecen y se van haciendo nuestros hijos, y, por ello, el hombre más próximo a esta facultad creadora es el cocinero, porque está en ósmosis con los elementos. A mi madre le agradezco que haya hecho con nosotros tan buenos guisos y nos haya llenado la mente de cuentos llenos de ricos ingredientes que han estimulado en diversos campos nuestra imaginación.

Inés Ortega es hija de Simone Ortega. Colaboró con ella en la actualización de sus libros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0002, 02 de julio de 2008.