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Entrevista:CANEK SÁNCHEZ GUEVARA | Nieto del Che y editor

"Ahora se lleva al Che del altar del bien al del mal"

Por su envergadura (alto, algo encorvado, corpulento), parece más pariente de Fidel Castro, pero la larga perilla rizada y su discurso le devuelve a su abuelo, Che Guevara. Hijo de Hilda, primogénita del comandante, Canek Sánchez Guevara (La Habana, 1974), acaba de editar, junto a Radamés Molina, Diario de Bolivia (Linkgua), anotaciones del revolucionario en su última batalla. La edición cuenta con 400 notas, de una objetividad casi contranatura. "No puedo hablar del Che como mi abuelito; mi madre tenía 10 años cuando murió; hay que encontrar siempre la distancia real", afirma desde Barcelona, ciudad que alterna con Francia como residencia y donde hace de editor. El gen intelectual del abuelo es, adaptado a los tiempos, más notorio de lo que parece.

Pregunta. ¿Qué idea quedó en su madre sobre el episodio de Bolivia?

Respuesta. De entrada, la de la muerte del padre, en cualquier sitio o circunstancia que fuese. En otro estadio, no puedo hablar por mi familia, pero creo que se valora como el triste resultado de una decisión apresurada.

P. ¿Y las causas? ¿Una traición de Fidel, un Che desengañado que optó por una acción suicida o una chapuza militar?

R. Incidieron los tres factores, con el protagonismo de Fidel: la obsesión del Che era la revolución, el ideal; la de Fidel, el poder, el pragmatismo; en algún momento tenía que haber un choque. Es evidente que había celos profesionales.

P. En Occidente se revisa ahora la figura de su abuelo, casi acusándole de ser el culpable del surgimiento de las dictaduras en América Latina.

R. Es un giro coperniquiano ridículo: se hace bajar al Che del altar del bien para llevarlo al del mal. Cierto que, a pesar del fracaso, con su postura dio el banderazo de salida de los grupos armados en América Latina, pero nadie les obligó a seguir ese camino. Ningún hombre es absolutamente bueno o malo, claro... El problema está en el mismo término: revisionismo. El revisionismo del Holocausto es la negación de las masacres; algo similar está sucediendo con el del Che. Es un error historiográfico analizar según qué con los parámetros de hoy; uno de los mitos de la posmodernidad es que la imparcialidad no existe; viendo cómo están las democracias actuales, no es de extrañar que se vean como extremismos cosas que antes eran naturalmente asumidas por la izquierda.

P. En parte de Oriente pasa al revés: Bin Laden es equiparado al Che.

R. Como en todo icono, al volverse símbolo pierde parte de su esencia, de su ser real y sólo quedan ciertos valores más o menos universales que pueden ser utilizados en cualquier contexto. Y eso es válido para iluminados, desde Bin Laden a Hugo Chávez.

P. Usted se marchó de Cuba en 1996 y no ha vuelto.

R. En los noventa Cuba estaba muy mal y a ese estado general se unió una crisis personal y laboral, una imposibilidad para hacer mi vida; siempre me moví en ámbitos contraculturales y ya se sabe en tiempos de crisis: primero, comer y luego, la poesía.

P. ¿Actuaba en una banda de heavy con una camiseta con la bandera americana?

R. No, pero sí es cierto que lo hacía con un billete de un dólar pegado en la guitarra... Era una broma personal. El rock estaba ya despenalizado, pero nunca fue legalizado del todo, siempre había un policía jodiendo.

P. Hace tres años atacó duramente a Fidel. ¿En qué ha traicionado la revolución?

R. La primera traición es que no se quería hacer tanto una revolución como recuperar la Constitución de 1940 y llegar a unas elecciones. Luego el proceso revolucionario se radicalizó, pero la propiedad privada pasó toda al Estado, que se convirtió en el nuevo patrón: los ciudadanos trabajan para el Estado, cobran del Estado y acaban gastando en el Estado; es el sueño de todo oligarca.

P. Sus críticas pueden servir a los grandes enemigos de la revolución cubana.

R. El acriticismo militante ha sido nefasto para la izquierda: sin ser crítico no se puede ir a ningún lado, se estanca y se reproduce lo peor; para mí, ser de izquierdas no significa estar en contra de la derecha, sino del poder, sea quien sea quien lo ejerza. Me costó mucho distanciarme de todo lo aprendido en Cuba... Quizá se acabó la lucha armada revolucionaria, pero no la lucha como tal.

P. ¿Existen canales para ello en las sociedades actuales?

R. Si no los hay, debemos crearlos. Existen organizaciones sociales, ONG y otras de carácter cívico-personales, como los colectivos lésbico-gays, o los antimilitaristas, que no aspiran al poder, pero que con su presión acaban forzando leyes.

P. ¿La lucha armada está ya descartada como vía?

R. Por ahora, sí. Por siempre sólo está la muerte. Hoy no forma parte de las obsesiones sociales.

P. ¿Qué siente cuando ve el merchandising sobre su abuelo?

R. Soy un iconoclasta, pero siempre impresiona ver que un hombre que eligió el capitalismo para ponérselo al frente como enemigo haya acabado así.

P. ¿Algún objeto especialmente hiriente?

R. Mi único choque visceral es con una camiseta con un rostro con la mitad de la cara de Jesucristo y la otra, la del Che. Soy ateo y esas santificaciones...

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 16 de diciembre de 2007