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Reportaje:

Adiós al símbolo de la tortura

El Ejército argentino abandona el edificio de la ESMA

Es uno de los edificios más emblemáticos que en el mundo representan el encarnizamiento que puede llevar a cabo una dictadura contra la población civil. La Escuela Mécanica de la Armada (ESMA), situada en una de las principales avenidas de Buenos Aires, vivirá mañana una jornada histórica cuando la Armada argentina abandone los últimos edificios que aún utiliza en el complejo que se convirtió, de 1976 a 1983, en el símbolo del terror practicado por las Juntas Militares contra sus propios compatriotas, que, entre otras consecuencias, costó la vida a 30.000 desaparecidos.

Las cuatro columnas blancas coronadas por un escudo argentino que forman la fachada del edificio principal, el que se utilizaba para las torturas y por cuyas instalaciones pasaron alrededor de 5.000 secuestrados, simbolizarán desde octubre el nuevo Museo de la Memoria que se abrirá en la ESMA y cuyo objetivo es dejar constancia de la brutal represión ejercida por la dictadura militar. Aunque el edificio principal fue desalojado por la Armada en 2004 por orden directa del presidente Néstor Kirchner, las asociaciones de víctimas y familiares de desaparecidos se negaron a ocupar el espacio hasta que los uniformados no abandonaran totalmente el complejo de 17 hectáreas y 34 edificios en los que seguían funcionando con normalidad el Centro de Estudios Estratégicos, la Escuela Naval de la Armada y una biblioteca militar.

"Esta entrega representa un hecho histórico porque significa que el lugar emblemático donde se ejerció la represión sea recuperado para democracia", destaca Valeria Barbuto, del Programa de Investigación del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), el organismo gracias al cual fueron anuladas las leyes de Obediencia Debida y Punto Final en 2005.

Antes de producirse la caída de la dictadura, el edificio fue reformado por los militares, en un intento de disimular o eliminar lugares que pudieran ser utilizados en procesos posteriores. Y aunque el Ejército argentino de hoy no es el de la dictadura, las víctimas han querido que no hubiera ninguna actividad militar hasta tomar posesión oficial del terreno, firma que se concretará el próximo miércoles.

Cuando en 2004 la Armada salió del edificio principal, se encontró un escrito que dejó un cadete en su armario, consciente de que el edificio era un símbolo de la tortura: "No tuvimos que ver con lo que pasó aquí, pero les pedimos perdón".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 29 de septiembre de 2007