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Reportaje:

Pesadillas 'todo a cien'

El análisis de juguetes revela irregularidades. Toys 'R' Us retira 160.000 baberos 'made in China'

A cualquier niño se le irían los ojos detrás de King Motor, un fornido motorista de 15 centímetros armado con tres metralletas láser. Al ponerlo en marcha, los gritos del motorista ("¡fire!", ¡fuego!) se mezclan con los disparos de las metralletas y el sonido del motor, se encienden bombillas rojas, naranjas y azules y el vehículo sale disparado alternando los acelerones hacia delante con giros sobre sí mismo. Difícil de soportar más de 30 segundos para un adulto. Diversión asegurada para el niño.

El artilugio se vende por 4 euros en un bazar chino de Sevilla. Pero, según la organización de consumidores Facua, no debería estar en el mercado. El etiquetado y la caja incumplen la directiva europea sobre seguridad de juguetes que la legislación española asumió en un Real Decreto de 1990. Esta norma exige que el envase incluya: la marca CE, que indica la conformidad con las normas; el nombre y la dirección del fabricante y del importador con el mensaje "consérvela para futuras referencias"; la edad para la que es apto el juguete, en especial la advertencia "no conviene a menores de 36 meses" si contiene piezas pequeñas; la recomendación "lea y conserve estas instrucciones" y otras advertencias que se consideren necesarias.

Para obtener la autorización de venta en España, todas estas instrucciones deben figurar en castellano. La caja de King Motor no incluye ni una sola palabra en español ni tampoco la referencia completa de la empresa importadora.

De 11 juguetes fabricados en China y comprados en una tienda oriental de Madrid y tres bazares de Sevilla, cinco incumplen las normas de seguridad y tres son de dudosa legalidad según el análisis de Rubén Sánchez, portavoz de Facua y responsable del área de control de mercado de la organización. Sólo otros tres juguetes son correctos en apariencia, aunque para garantizar que cumplen todas las exigencias legales, habría que analizar la pintura, pegamentos y otras sustancias.

El único requisito que llevan todos los productos analizados es la marca CE. Pero Sánchez advierte de que el sello europeo es "lamentablemente muy fácil de falsificar". Si las normas son tan claras, ¿por qué es tan sencillo encontrar juguetes que se las saltan? Según Sánchez, por la falta de controles. "Hay que aumentar en miles el número de inspectores", advierte, y considera "poco serio" que se "demonice" el sistema de producción chino. El problema, sin embargo, continúa: ayer la cadena Toys'R'Us retiró en todos sus establecimientos de Estados Unidos 160.000 baberos de vinilo fabricados en China, al detectar dos de ellos con exceso de plomo.

Una carrocería que se cae a trozos

La caja en la que se vende este coche de carreras (2 euros) es correcta. Incluye la referencia completa de la empresa importadora y las advertencias de seguridad están en español. Otra cosa es la calidad del producto. Nada más sacarlo del embalaje, se le cae la luna delantera y el parachoques, con cuyos filos se puede cortar el niño. Además, los dos minúsculos retrovisores se extraen con un simple tirón y pueden ser ingeridos por el crío. "Hay juguetes que está claro que incluyen accesorios pequeños que los padres pueden controlar. Pero otra cosa es que se vaya desmembrando. Eso es muy peligroso", señala el portavoz de Facua.

Normas de seguridad, pero sólo en inglés

Ninguna de las advertencias de seguridadguridad de este motorista a pilas (4 euros) está en español. Tiene la marca CE, pero según el portavoz de Facua, si el sello es real y no una falsificación, sólo ha sido avalado para su venta en países de habla inglesa. "Todo está en inglés, lo que implica que en España se está vendiendo ilegalmente", afirma Rubén Sánchez. Y, en este caso, las advertencias no son baladí: según las instrucciones, el niño no debe acercar el vehículo a su cara, pararlo en seco, ni meter los dedos en los vericuetos del aparato cuando esté funcionando. Si ni el crío ni sus padres leen inglés pueden correr el peligro de cometer una imprudencia.

Importador fantasma y cables al aire

Este buldog naranja de plástico (4 euros), que se enciende y ladra al presionarle el lomo, no lleva etiqueta que identifique a su importador ni el aviso en español de que no es recomendable para menores de tres años. Además, el compartimento de las pilas no tiene el cierre de seguridad obligatorio para los juguetes. El perro, de aspecto bonachón, puede convertirse en un animal peligroso si el dueño es mínimamente inquieto. Con un pequeño golpe en la cara, se le caen los ojos, del tamaño de una moneda de cinco céntimos, que pueden acabar en la boca del crío. La mandíbula también puede causar daños al dejar al aire los cables y las bombillas que hacen que el muñeco se ilumine.

Pilas sulfatadas y con óxido

Este ventilador (1,80 euros) no se vende como un juguete, pero sí aparenta ser un producto destinado a los niños. Pequeño, de colores vivos, con aspas de plástico blando y una pegatina de un gato, parece perfecto para refrescar a los más pequeños. Pero el fabricante (Huai Dong), el importador (Fentoys, de L'Hospitalet de Llobregat) o la tienda (un bazar multiprecios de Sevilla) han incurrido en una falta de seguridad grave: venderlo con las pilas puestas y completamente oxidadas y sulfatadas. El compartimento de las baterías se abre fácilmente y, si los padres no detectan el fallo, puede ser muy tóxico para el crío.

Ni instrucciones ni etiqueta española

Este conato de Robocop (6,90 euros) de 25 centímetros y vistosos colores que se ilumina al andar, también presenta todos los indicios de haber llegado desde China sin control aduanero. La caja no identifica a la empresa importadora en España y ninguna de las instrucciones de seguridad están en castellano. El aviso de que sólo debe ser usado por niños mayores de tres años, así como otras advertencias importantes sobre la manipulación de las baterías y sobre la conservación del juguete, sólo se recogen en inglés. "Es claramente una importación ilegal y no debería estar a la venta en España", afirma el portavoz de Facua.

Cordones más largos de lo permitido

Esta muñeca de trapo que canta en chino mientras se le encienden los pendientes fue adquirida en un bazar chino de Sevilla por 4 euros. Se vendía sin caja ni etiquetas que identifiquen al fabricante ni al importador e indiquen si es apta para todas las edades. El traje y las botas de poliéster desprenden un olor desagradable, pero los zapatos esconden un peligro mayor: los cordones miden 30 centímetros. La norma europea EN 71-1 sobre la seguridad física y mecánica de los juguetes, estipula que la longitud de las cintas de productos destinados a menores de tres años tiene que ser inferior a 22 centímetros para que el niño no pueda enrollarlos alrededor de su cuello.

Advertencias de juego seguro, pero ilegibles

El cartón en el que se vende este juego de pesca (0,75 euros) cumple la normativa: está reetiquetado por el importador español (la empresa Vidal) y recoge en castellano todas las normas de seguridad. Pero la etiqueta de la empresa española es tan pequeña que las instrucciones son casi ilegibles. "En teoría es legal, pero no debería serlo", señala Rubén Sánchez. "El fabricante le ha dado mucha importancia a estas instrucciones porque el juguete tiene piezas pequeñas y puede ser peligroso. Por eso lo pone en letras muy grandes. Sin embargo, el importador casi lo esconde". Sánchez recuerda que Vidal es también una de las sospechosas de importar dentífricos ilegales.

La princesa que se desmembra

El etiquetado de esta muñeca (2,5 euros) es correcto, aunque el portavoz de Facua cree que la pegatina con las instrucciones en español debería ser más grande. Pero la calidad del juguete es bastante más deficiente. Los brazos se desprenden fácilmente y se convierten en pequeñas piezas que pueden ser ingeridas por el niño. Asimismo, los zapatos de punta de plastico duro tienen filos cortantes. "La calidad del producto es una auténtica bazofia. No debería estar en el mercado", asegura Sánchez, que recuerda que no sólo los menores de tres años se llevan los juguetes a la boca. "Una de las niñas que se tragó dos imanes de Mattel tenía siete años".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 19 de agosto de 2007