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Reportaje:

El arte entre pozos de petróleo

El emirato de Abu Dabi aspira a convertirse en nuevo centro mundial de la cultura

¿Moda? ¿Ejercicio de marketing? El anuncio de que el emirato de Abu Dabi ha firmado un acuerdo con el Louvre para que le ayude a desarrollar su propia pinacoteca y planea construir el mayor Guggenheim del mundo, ha sido recibido con escepticismo. Pero sus responsables miran al futuro. Su ambicioso proyecto va más allá de los espectaculares edificios que albergarán esos museos y un centro de artes escénicas. La ciudad de la cultura en la isla de Saadiyat aspira a tomar el relevo de los faros del saber que un día fueron Bagdad, El Cairo o Beirut, y convertir el poderío económico de la región en un "activo cultural para el mundo".

"Se trata de dar forma al Abu Dabi del futuro", explica Mubarak al Muhairi, el joven director general de la Autoridad del Turismo del emirato (ADTA) y gerente de TDIC, la compañía pública que gestiona los activos inmobiliarios del proyecto. Las cifras desnudas ya dan una idea del alcance: 20.000 millones de euros para desarrollar los 27 kilómetros cuadrados de una isla vecina a la que sustenta la capital del emirato y que acogerá a 150.000 habitantes. A diferencia de otros planes urbanísticos de la región, las autoridades de Abu Dabi han elegido la cultura como polo de atracción.

Los dirigentes del emirato hablan de "una visión a 20 o 30 años vista". "Nuestros hijos pensarán sin duda de forma diferente a la nuestra. Queremos liderar no sólo en lo económico, sino también en lo cultural, estar al frente de la plataforma para el diálogo y el respeto del otro", señala Al Muhairi. Este responsable reconoce que el efecto del Guggenheim en Bilbao les ha servido de ejemplo. "Su éxito ha probado cómo el arte puede influir en el desarrollo social y económico de una ciudad".

El desarrollo de la isla de Saadiyat, que significa felicidad en árabe, gira en torno a un distrito cultural en el que van a construirse cuatro museos, un centro de artes escénicas y 19 pabellones para exhibiciones temporales. De la envergadura de los objetivos dan cuenta los arquitectos elegidos para firmar algunas de esas obras. Los proyectos de Frank Gehry para el Guggenheim, Jean Nouvel para el Louvre-Abu Dabi, Zaha Hadid para el auditorio y Tadao Ando para el museo marítimo, pueden verse en una detallada exposición recién inaugurada en el grandilocuente hotel Emirates Palace.

Destaca entre ellos la maqueta de la anglo-iraquí Hadid. Desde fuera parece una enorme cabeza de serpiente (tendrá una altura de 62 metros) que se asoma hacia el mar. En las recreaciones del interior, el aspecto futurista de sus espacios sin esquinas e iluminados por enormes cristaleras con forma de ameba, refleja sin duda la apuesta de futuro que está haciendo el emirato. El edificio incluye salas de conciertos, ópera, music hall y teatro, y un gran auditorio multidisciplinar con capacidad para 6.300 espectadores.

Pero en una región que desde el descubrimiento del petróleo se convirtió en un paraíso de arquitectos, lo más llamativo es el contenido que se quiere dar al proyecto. Las autoridades de Abu Dabi están en conversaciones con la Universidad de Yale para crear un centro de formación que incluya las bellas artes, la arquitectura, la música y el teatro. "No es justo criticar que aquí no se aprecia el arte o la cultura porque simplemente no hemos tenido la oportunidad de disfrutarlos", defiende Al Muhairi, para quien las nuevas generaciones (que han estudiado en el extranjero) tienen intereses más amplios. "Habrá que hacer esa pregunta dentro de 25 o 30 años", sugiere el responsable. De hecho, las páginas de los periódicos informan a diario de exposiciones en las que participan no sólo artistas extranjeros o árabes, sino también locales. Hace ya un par de años que el discurso oficial se preocupa de la cultura, el turismo, la salud, las energías renovables...

"Por supuesto, atraerá turismo, pero el beneficio superará a esos ingresos que en todo caso no se verán hasta dentro de 20 o 30 años", insiste Al Muhairi, más interesado en el aspecto cultural del proyecto. Abu Dabi no necesita turismo, coinciden varias fuentes consultadas. Los dividendos de sus inversiones en el exterior superan los ingresos del petróleo, ya que el fundador del país, el recientemente fallecido jeque Zayed tuvo la precaución de invertir los excedentes desde los primeros años del auge del oro negro.

La misma visión parece inspirar a sus sucesores. "No quieren tener que estacionar 10.000 tropas extranjeras en el emirato", apunta una persona cercana al jeque Mohamed, heredero del trono y que sigue de cerca la evolución de los trabajos en Saadiyat. De alguna forma, los gobernantes esperan que esta experiencia de fusión cultural sirva de vacuna contra los extremismos y los estereotipos ayudando a tender puentes en un momento en que las divisiones ponen en peligro la estabilidad regional.

"El objetivo es crear un activo cultural para el mundo, una puerta y una referencia para el intercambio cultural porque la cultura trasciende todas las fronteras", manifestó el jeque Mohamed al presentar el proyecto, que incluye un museo nacional, cuyo diseño va a otorgarse mediante un concurso internacional. Además, los responsables precisan que la idea no se limita a los museos o sus contenidos, "son sobre todo los acontecimientos, las exposiciones... y éstos van a estar dirigidos a la gente que vive aquí, a los artistas locales y regionales, para animarles a crecer".

Al Muhairi se muestra convencido de que las culturas que no interactúan desaparecen. "Nosotros tenemos una cultura fuerte y lo probamos abriéndonos a los demás y adaptándonos", manifiesta convencido de que eso no tiene por qué generar enfrentamientos. Entonces, ¿no habrá censura como sospechan algunos? "El debate surgió en Francia antes incluso de que firmáramos el acuerdo con el Louvre, pero esa palabra no aparece en todo el texto del acuerdo. Lo que exigimos es que las exposiciones tengan el mismo alto nivel que en el resto de los museos". Ahora habrá que ver si las instituciones occidentales implicadas también comparten ese compromiso o simplemente se dedican a alquilar sus nombres.Vaqueros y 'abayas' conviven en los campus de Dubai, Qatar y Abu Dabi

Sed de conocimientos

Vaqueros y abayas (las túnicas negras con que se cubren las árabes del Golfo) conviven en Harvard, Georgetown y la Sorbona. Hablamos de sus campus de Dubai, Qatar y Abu Dabi, respectivamente. El interés de la región por el arte y la cultura se enmarca dentro de una tendencia más amplia por dotar a sus nuevas generaciones de una formación de nivel internacional sin salir de casa.

Las universidades americanas de Beirut y El Cairo datan de mediados del siglo XIX y principios del XX, respectivamente. Pero ha sido a partir del 11-S, cuando prestigiosas universidades de todo el mundo han decidido abrir sucursales en esta parte del mundo atraídas tanto por las favorables condiciones económicas, como por el potencial de una población joven y sedienta de conocimientos que quiere tomar las riendas de su futuro. Desde esa fecha, los árabes tienen dificultades para entrar en Estados Unidos, donde se formaron la mayoría de quienes hoy tienen puestos de responsabilidad política y económica. Otro fenómeno ha contribuido al boom: la creciente incorporación a la educación superior de las mujeres, a quienes las familias son más renuentes a enviar al extranjero.

Así ha surgido la Ciudad de la Educación en Qatar, alentada por la jequesa Mozah, esposa del emir, y que ya cuenta con sucursales de Georgetown (Escuela Diplomática), Texas A&M (especializada en la industria del petróleo) y Cornell (medicina). O la Ciudad del Conocimiento en Dubai, donde además de la británica Middlesex y el indio Institute of Management & Technology, la Facultad de medicina de Harvard acaba de abrir un centro de postgrado. Abu Dabi, por su parte, ha logrado atraerse a dos instituciones francesas: la Sorbona y la escuela de negocios INSEAD. El Louvre va a estar bien acompañado.

EL ORO NEGRO

Emiratos Árabes Unidos (EAU) cuenta con las quintas reservas de petróleo (un 9,6% de los depósitos conocidos).

Un 90% de ese oro negro se encuentra en Abu Dabi,

el mayor de los emiratos de la federación que se fundó

en 1971 al independizarse de la corona británica.

Su desarrollo, impulsado por el descubrimiento del petróleo una década antes, ha transformado una sociedad primitiva de beduinos y pescadores en otra opulenta en la que el dinero y las comodidades han puesto a prueba las tradiciones y cultura de siglos.

A pesar de la modernización y el enorme influjo de población extranjera, "importada" para atender las necesidades del progreso, sus habitantes han logrado preservar su identidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de marzo de 2007

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