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Eufemismos todoterreno

Asegura el secretario de Estado de Hacienda, Carlos Ocaña -lo hizo en el Foro del diario Cinco Días- que el Gobierno va a "modificar el sistema actual fiscal para introducir criterios medioambientales". Nadie ya puede razonablemente oponerse al principio de que el que menos esfuerzo al ahorro dedica y más consume bienes escasos e imprescindibles ha de pagar por ellos, puesto que de su actitud y costumbre se deriva un perjuicio a largo plazo sobre la comunidad. El aplauso es fácil. Lo tiene hasta la ministra Cristina Narbona con su propuesta -quizá ocurrencia como otras- sobre la subida de impuestos para vehículos todoterreno con mayor consumo que la media del parque móvil.

Se celebra en Nairobi la Conferencia internacional sobre el Cambio Climático en un marco de alarma por parte de movimientos no ya sólo ecológicos sino también cívicos y políticos en general y con mucha repercusión social que aseguran que el mundo tiene que adoptar medidas de urgencia para evitar una catástrofe que creen verosímil a medio plazo. Y nadie se resiste ya a la evidencia de que el consumo incontrolado de combustibles es insostenible e irresponsable. Los vehículos todoterreno de grandes dimensiones en las ciudades dejaron de ser un fenómeno snob para convertirse en una oferta en expansión en el mercado. Muchos consumen menos que los utilitarios de hace décadas.

Sin duda, se ha de cumplir el principio de que quien más espacio ocupa o más consume y contamina más ha de pagar. Pero la idea respecto a estos coches no es nueva y no ha funcionado ni en Roma, donde el impuesto a dichos vehículos se incluye y retira de los presupuestos desde hace tres años. Jamás han pagado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0016, 16 de noviembre de 2006.

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