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Editorial:

Cambio de tendencia

La economía española va a concluir el año 2006 con un crecimiento en torno al 3,7%, muy por encima del crecimiento económico europeo y también de las expectativas transmitidas a principios de año. Durante casi 10 años y en especial desde 1999, España se ha beneficiado de una gran prosperidad económica, con tasas de crecimiento medio por encima del 3% y, lo que es más importante, con tasas muy elevadas de creación de empleo, superiores al 2,5% anual, que han conseguido reducir el desempleo a niveles mínimos, en torno al 9%. Es muy probable, además, que el crecimiento elevado se prolongue al menos durante el ejercicio 2007. Este largo periodo expansivo coincide con la estabilidad derivada de la integración de la economía española en la Unión Económica y Monetaria (UEM), conocida vulgarmente como zona euro. Para nadie es un secreto que la política de tipos de interés bajos seguida hasta ahora por el Banco Central Europeo (BCE) ha favorecido extraordinariamente el crecimiento de la demanda interna en España; de esta forma se ha configurado un modelo de crecimiento sostenido por la construcción, el mercado inmobiliario y el consumo, precisamente las actividades más favorecidas por el dinero barato.

Ésta es, precisamente, una de las incertidumbres que pesa sobre la prosperidad española. La tasa de inflación, actualmente en torno al 3%, pero con diferencias históricas de entre un punto y 1,5 puntos respecto de la inflación europea, está deteriorando la competitividad económica y contribuyendo a generar un déficit exterior de tamaño descomunal. El déficit comercial supera el 7,5% del PIB y el déficit por cuenta corriente está por encima del 6,6%. Al mismo tiempo, las familias españolas mantienen un elevado nivel de endeudamiento, principalmente hipotecario, uno de los factores que se ha considerado más arriesgado debido al cambio de tendencia en la política monetaria del BCE.

Hizo bien el gobernador del Banco de España en desdramatizar la situación de la deuda familiar; efectivamente, estamos muy lejos de un crash financiero, sobre todo mientras se mantenga la intensa creación de empleo. Pero el encarecimiento del dinero aumenta la carga financiera de las familias y drena recursos para el consumo. Son éstos indicios claros de una desaceleración de la economía a medio plazo.

El factor decisivo que marcará el año económico 2007 es el encarecimiento del dinero. El BCE lo ha situado en el 3,25% desde principios de este mes y es probable que antes de que termine el año lo eleve hasta el 3,5%. Si se mantuviera el nivel de los precios en el 3%, estaríamos por primera vez en mucho tiempo en tipos de interés reales positivos. En este cuadro de situación, la probabilidad mayor es que el mercado inmobiliario y el consumo tiendan a enfriarse y la inflación descienda. Con este aterrizaje suave empezará el cambio de modelo económico, que pretende una mayor competitividad de las empresas españolas y un menor peso de la construcción y su mundo en la composición general del crecimiento.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 15 de octubre de 2006