Crítica:ESCAPADAS | Bodegas de Rueda
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

El auténtico laberinto del enoturista

Hasta hace poco, la gente sólo paraba en la vallisoletana localidad de cuando, yendo o viniendo por la autovía A-6, sentía la imperiosa necesidad de hacer aguas. Satisfecha la misma, uno se zampaba un bocadillo de cecina en El Leonés y, echando unas botellas de verdejo en el maletero, partía escopetado sin advertir siquiera que aquel edificio de azul y muy movida fachada barroca no era un despacho de vinos más fino que el resto, sino la iglesia parroquial.

Ahora, en cambio, con la decidida apuesta de las bodegas Grupo Yllera y Antaño a favor del enoturismo, la villa vallisoletana de Rueda da de sobra para pasar allí el día y el fin de semana incluso.

Grupo Yllera, firma autora de los vinos más laureados de Rueda, ha puesto en marcha El Hilo de Ariadna, un recorrido guiado por sus bodegas mudéjares, dédalo de ladrillo de más de un kilómetro de longitud, 30 metros largos de profundidad y seis siglos de antigüedad.

Un recorrido por bodegas mudéjares, dédalo de ladrillo de más de un kilómetro

La referencia al mito del Minotauro está justificada no sólo por el carácter laberíntico de la cueva, sino porque la isla de Creta fue la cepa madre de la cultura europea y la que llevó a todos los rincones del Mediterráneo el vino nacido en Oriente Próximo.

Jalonan el paseo 10 salas, cada una dedicada a un vino de los que aquí se elaboran y al personaje (o escenario) mitológico que mejor lo representa.

En la sala de las Doncellas, por ejemplo, están los blancos inmaculados de la variedad verdejo, la uva que ha hecho famosa a Rueda. En la de Ícaro, los rosados, vinos jóvenes y frescos, pero de corta vida.

La del Minotauro encierra los poderosos y complejos reservas. Y el Mediterráneo, mar bullente de civilizaciones, da nombre a la que alberga los espumosos, un éxito creciente de la Denominación de Origen Rueda, que no para de quitarle mercado al cava catalán.

Otro monstruo legendario -José Luis Ruiz Solaguren, el de los restaurantes José Luis- es el artífice, dueño y reo gustoso de Antaño. Esta bodega, inaugurada en 1992 por don Juan de Borbón, posee tres kilómetros de cuevas de los siglos XV y XVI, donde, además de morapio y telarañas, hay una colección de antediluvianas cubas de castaño español, otra de 8.000 piezas de vidrio y una tercera de 1.500 sacacorchos de todas las épocas.

La pasión coleccionista del propietario se confirma, ya sobre tierra, con una biblioteca de 20.000 volúmenes -larga y viciosa como la siesta de una hora y media que se echó Camilo José Cela el día que vino a inaugurarla-, y con un museo que atesora 500 obras de artistas como Dalí, Barjola, Grandío...

La pieza más llamativa de Bodegas Antaño es, sin embargo, aquélla con la que el afamado restaurador José Luis empezó a labrar su inmensa fortuna en un café de Bilbao hace 64 años: una caja de limpiabotas.

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