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CARTAS AL DIRECTOR

Los artículos de Norman Gall

Me satisface que se hayan publicado los dos artículos de Norman Gall sobre Venezuela. Su observación es acuciosa y objetiva, a pesar de que a él o a cualquiera debe resultarle muy difícil aprehender integralmente el problema venezolano. Por otra parte, es interesante que se haya escrito una apreciación tal sobre Venezuela, y de que EL PAÍS resalte a través suyo la importancia del rumbo perverso de las cosas. Queda claro que éste no se debe sólo a las debilidades de la "oposición" y a la falta de buenos líderes o dirigentes capaces de enfrentar a Chávez.

Pero lo que no suelen expresar los analistas del caso venezolano -y tampoco lo destaca Gall- es el hecho de que hay un juego de paradojas notorias relacionadas con la presencia de dicotomías de eficacia-fracaso/eficiencias-ineficiencias en el proceso revolucionario. Si bien es patente la eficacia de la planificación interna y externa del "proceso" y sus proyecciones a todos los renglones y ámbitos (sin duda de factura foránea), no está menos presente la ineficiencia manifiesta del Gobierno en el cumplimiento de la propia función gubernamental que le compete. Así, si bien se ha sido eficaz para montar el cuadro de destrucción institucional y material concomitante con el "proceso revolucionario", se está mostrando la incapacidad para crear y hacer rodar eficientemente el orden nuevo. Las propias fuerzas del "proceso" caen en las redes del atavismo recurrente y de la corrupción tentadora en una revolución "con tanto real" flotando en el facilismo y la ineficiencia consustanciales al país. En estas condiciones, el problema ético arrasa la entorpecida vida pública. Sólo queda como víctima la "gente en resistencia". Gente golpeada, débil, maniatada, semanalmente humillada, asesinada y engañada, reducto humano único del que pueden surgir gérmenes de mayor eficiencia para organizar la resistencia y la reconstrucción de la nación en democracia, defendiendo, rescatando y forjando instituciones capaces de ser instrumentos que hagan valer la voluntad ciudadana secuestrada una vez más, en el fondo, por el recurrente personalismo político y por la tiranía.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de abril de 2006