Reportaje:

La lucha por el vino

Tres investigadores alemanes analizan en un libro los orígenes del éxito del Rioja

Isabel II levantó la copa y preguntó a la corte: "¿Qué les parece este vino que me presenta el diputado general de Álava, Pedro de Egaña?". El elogio fue general en aquella selecta cata que tenía lugar en Madrid hacia 1860. El Médoc alavés daba sus primeros pasos: se había conseguido elaborar entre Elciego y Laguardia un caldo a la altura de los mejores "burdeos y borgoñas". El libro Kampf um den wein (La lucha por el vino) revela esta anécdota dentro de un profundo estudio sobre los orígenes del Rioja, pero también del cava, y sobre el fracaso de los vinos de calidad navarros en ese periodo de adaptación del vino de cosechero a crianza que se vive entre finales del XIX y principios del XX.

Todo surgió por un encargo de la Fundación Volkswagen a los historiadores Ludger Mees, catedrático de la Universidad del País Vasco; Klaus-Jürgen Nagel, de la Pompeu i Fabra de Barcelona, y Hans-Jürgen Puhle, de la de Frankfurt. El referente en el País Vasco era Mees, conocido por sus estudios sobre el nacionalismo, sobre todo por su participación en la historia del PNV, El péndulo patriótico. "Quería hacer una cosa completamente diferente y surgió esta oportunidad, que tampoco es tan extraña si tenemos en cuenta que en Alemania existe un gran interés por el vino, aunque todo el mundo piense que sólo se consume cerveza", ironiza el actual vicerrector de Euskera de la UPV.

Contraste entre zonas

El rigor habitual en sus investigaciones históricas se mantiene en este libro de 400 páginas, pero la pregunta que lo motivó es sencilla: ¿por qué hoy se pueden degustar caldos de calidad, a buen precio, y con ventas notables, como ocurre con los riojas, trascendencia que no viven los navarros? "Se trataba de estudiar el contraste entre una zona que se moderniza y apuesta por el vino de calidad, hace más de 150 años, y el de su región hermana que sufre las mismas crisis y hoy presenta un panorama opuesto, a pesar de que los vinos de Navarra fueron durante siglos un referente".

Según el estudio de Mees, Nagel y Puhle, el origen del vino de calidad de La Rioja hay que situarlo en un problema de superproducción. "Llegó un momento en que los cosecheros se enfrentan al dilema de tirar los excedentes que no consume el mercado local o buscar un procedimiento para conservar el vino y su transporte a otros lugares", recuerda Ludger Mees. La solución surgió en la Rioja alavesa, en una operación en la que participaron aristócratas ilustrados, como el Marqués de Riscal; políticos influyentes como el diputado general, Pedro de Egaña, y técnicos de buena formación. Empezaron a trabajar sistemáticamente en la elaboración al estilo de Burdeos, con el empleo de barricas de roble que permitieran la conservación del vino.

Médoc alavés, con su etiqueta correspondiente, inédita hasta ahora, que Mees ha descubierto en los archivos de Álava. El libro recoge una de 1864, en la que aparecen, bajo el escudo de Álava, la reproducción de las medallas obtenidas en los concursos de Bayona (1864) y Burdeos (1865), con un estilo que todavía conservan, por ejemplo, las etiquetas de Marqués de Riscal. La labor de difusión entre las clases pudientes fue tan intensa que hasta se hizo publicidad del nuevo vino en las farmacias de Madrid, con el elogio de sus virtudes terapeúticas.

El éxito fue tal que pronto aparecieron los imitadores en el resto de España. Las bodegas de otras zonas copiaban las etiquetas y vendían como Médoc alavés caldos de calidad inferior y a precios más caros. Y llegó el fracaso. La Revolución de 1868, la caída de los Borbones, la invasión en el mercado de sucedáneos arruinaron la iniciativa. "Pero, más que nada, la causa de este descalabro hay que rastrearla en la ausencia de capital que respaldara este revés", recuerda el autor de La lucha por el vino. Habrá que esperar a la industrialización del País Vasco para que se recupere aquel impulso del Médoc alavés. Pero ya se habían puesto los cimientos.

Espionaje industrial

La operación no fue sencilla. Había que implicar a los principales cosecheros para que asumieran que no iban a vender el vino del año y que debían conservarlo en barricas, para una mejor venta en unos años. Por eso, fue vital la intervención de la Diputación de Álava, que amparó la iniciativa. "El marqués de Riscal defendió la propuesta y patrocinó prácticas de espionaje industrial en Burdeos para reproducir sus métodos en la Rioja alavesa", recuerda Mees. La primera cosecha en la que se experimentó el método bordelés fue la de 1862.

Tres años más tarde, Egaña se traslada a Madrid, con su equipo, para difundir las virtudes de este nuevo vino. "El médoc alavés, comparable con cualquier burdeos y mucho mejor de precio" será el lema de la campaña. Esta combinación de empeño público e iniciativa privada ilustrada en la Rioja alavesa es lo más enjundioso de la investigación que se publica en La lucha por el vino. Ahora sólo queda su traducción al castellano.

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