Columna
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Final y principio

Acaba el año. Es hora de análisis y de preparar proyectos para el nuevo ejercicio. El sector del vino se despide con alegría. Como siempre, a final de año las ventas se disparan, pero los aromas los exquisitos caldos consumidos en estas fechas no nos debe nublar la vista de lo acontecido durante todo el año.

Bajada del consumo de vino: cada día se producen y elaboran más caldos de los que somos capaces de consumir en el mercado interior. ¿Solución? Salir a vender fuera, pero en el exterior, salvo algún grupo aventajado, las bodegas españolas están en paños menores.

Estancamiento de las ventas: aquí no se salva nadie. Elaboradores cuyos precios nadie sabe a qué criterios obedecen; distribuidores que se afanan en saturar los almacenes de tiendas y restaurantes; hosteleros que siguen multiplicando por tres y cuatro el orecio del vino; prensa especializada que sigue ensalzando etiquetas sin saber quién es el padre y madre del vino.

Entre todos, por conveniencia o imposición, estamos consumiendo menos vino. El cumplimiento del vaticinio de que acabaremos como nuestros vecinos europeos, abriendo el buen vino en casa, ha llegado. Aun viendo todo este panorama no paran de salir bodegas y vinos nuevos al mercado, aunque los nuevos productos tienen calidad y precios comedidos.

Las novedades para este año vienen de todos los rincones de la geografía española. Por empezar por los grandes grupos, Bodegas Torres se estrena en Ribera de Duero. Su Celeste 2003 viene a ampliar su extenso catálogo, que se irá completando con próximas denominaciones, mientras llega el momento definitivo del salto a Rioja. A esta última denominación de origen, acaba de aterrizar otro grande, el grupo Freixenet, con bodega en Laguardia.

En Navarra, empeñados como están en destronar al rosado por sus buenos tintos, aparecen bodegas de jóvenes productores que se unen a los clásicos de la zona.

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Fuera de denominaciones de origen es donde llegan más novedades. Lo más espectacular que hemos probado lo elabora en Valencia, con la variedad bobal, Bodegas Mustigillo. Otra variedad exótica en nuestro entorno es la touriga nacional. Se empieza a aclimatar en Cuenca gracias a las gentes de Finca Sandoval. De Canarias nos llega la uva autóctona baboso, rescatada gracias al trabajo de la Bodega Viñatigo, con la que se consigue un tinto de complejidad y concentración en medio del Océano.

A Toro, como nueva zona emergente, no paran de llegar famosos. El último, Gerard Depardieu, un gran enamorado de los vinos. Sus caldos, Paciencia 2003 y Spritus Sancti (entre 70 y 80 euros), están al alcance de muy poca gente. Habrá que esperar que el bueno de Gerard nos invite a unas de sus fiestas para probarlos.

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