Columna
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Jóvenes y vinos

Se acercan unas fechas muy especiales, en las cuales el ambiente familiar se presta a que los jóvenes se acerquen al mundo del vino. Largas comidas y sobremesas verán desfilar todo tipo de mostos y más de un miembro familiar seguro que se explaya hablándonos de las excelencias y recuerdos en torno a su vino favorito.

En el descenso del consumo de vino que se da en la actualidad, un pequeño ratio se debe a lo tarde que nuestros jóvenes empiezan a acercarse y disfrutar de él. Hasta llegar a la treintena, los jóvenes ven al vino de calidad como un producto exclusivo y elitista, prefiriendo otro tipo de bebidas para relacionarse con sus amigos. Sin darnos cuenta, se ha creado una franja de edad en la cual el vino no existe. Este vacío ha sido aprovechada por las compañías de refrescos y cervezas, cosa imposible de pensar hace pocos años, cuando del agua se pasaba directamente al vino.

Volver a empezar es lo que toca. Enseñar los diferentes tipos de vino y cómo se puede disfrutar de ellos. No siempre tiene que ser el vino con empaque ese invitado de lujo en las mesas; también tenemos mostos jóvenes, fáciles y divertidos para disfrutar con los amigos en las tertulias de los bares. Blancos, rosados, cavas, pueden cumplir esta misión. Su poca complejidad y una exaltación a la uva en estado puro se antojan ideales para los veinteañeros, edad en la que el vino no aparece en el deseo de compartir experiencias y relacionarse.

Por otra parte, en estos días nos está pasando la Dirección General de Tráfico un anuncio de televisión donde el mensaje de "si bebes, no conduzcas" se ve reflejado en unos jóvenes consumiendo vino tinto. Flaco favor nos hace, ya que, en primer lugar, no creo que en esos ambientes que refleja el anuncio esa el vino la bebida más consumida. Y en segundo lugar, si bien esto es más difícil de analizar, aunque sabemos que una buena parte de los accidentes de tráfico se debe al alcohol, tampoco creo que el vino sea el culpable mayoritario; seguro que otras bebidas de mayor graduación tienen algo que ver. Por último, como queda dicho, los jóvenes no consumen vino para relacionarse, ni, por supuesto, los hacen a altas horas de la madrugada.

Así, a perro flaco todo son pulgas. Desde los estamentos oficiales nos bombardean con mensajes contra el vino; un ministro nos recuerda que prefiere el refresco de cola para sus comidas; otro, el más viajado, admite sus preferencias por los vinos de Burdeos y, mientras tanto, bodegas, consejos reguladores y asociaciones no se ponen de acuerdo sobre qué campañas organizar para que suba el consumo del vino y reflotar la maltrecha economía de la mayoría de las bodegas.

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