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Ayala cuenta su pasión por la literatura

La entrega del Premio Antonio de Sancha de los editores madrileños abre su centenario

Francisco Ayala les contó en la noche de ayer a los editores de Madrid su larga relación con los libros, pero sobre todo con el mundo de quienes los publican, en lo que constituyó el pistoletazo de salida de lo que será la celebración del centenario del escritor granadino, "el último exponente de la generación del 27", como destacó el director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, presente en el acto. Escucharon a Ayala los editores de Madrid, que le otorgaron el pasado 16 de junio, por unanimidad, el Premio Antonio de Sancha, nombre de un impresor madrileño de finales del siglo XVIII. La ministra de Cultura, Carmen Calvo, y el presidente de la Asociación de Editores de Madrid, Emiliano Martínez, le entregaron el galardón.

Ayala hizo un discurso que leyó con voz firme. Sus 2.500 palabras las escribió el pasado 26 de septiembre. Comenzó improvisando, y terminó esas palabras espontáneas aludiendo al placer que sentía, al recibir tanto agasajo "ante una vida que se termina, y se termina ya". Al final del texto que tenía escrito Francisco Ayala hizo una reflexión de parecido dramatismo. El pasado que le contempla, estos 100 años, han sido vividos con pasión literaria, con compromiso civil en "un mundo deleznable".

El académico, intelectual y novelista hizo un repaso que partió de los comienzos de su vida "anómala" como escritor, pues nunca se ha considerado un profesional, pasando por el entusiasmo de los años de las vanguardias, por el drama de la Guerra Civil que a tantos como a él impulsó al exilio, hasta llegar a esta etapa de perplejidad a la que aludió con melancolía. También habló de los escritores, de aquellos que persiguen la fama y el éxito, de los que habla en uno de sus relatos con actitud "ligera, burlona, escéptica". Su expresión sobre el "planeta deleznable" que nos contempla fue un colofón digno de su actitud rabiosa ante el mundo que vivimos.

La figura de Ayala fue glosada por Emiliano Martínez y por Carmen Calvo. "Cuánto le debemos y qué poco le podemos dar, por su desvelo moral por hacer mejor el mundo", le dijo el presidente de los editores. Ayala "es un hombre comprometido con la libertad, y ha hecho de su vida una actitud civil que ha huido siempre de la modorra provinciana y de la certeza confortable". Su obra está llena de "preguntas incesantes" sobre el estado de la libertad, "preocupación de su obra y de su ejemplo moral". Emiliano Martínez se congratuló de que se publique de nuevo su ensayo Historia de la libertad, la obra que en 1945 expresó su convicción de que "la libertad no es una abstracción, sino que hay que ganarla cada día. Su regreso del exilio mostró su actitud generosa, dispuesta a hacer más habitable el país al que volvía". "Ayala no ha transigido sino con los compromisos de su conciencia, siempre contra la frivolidad y contra otros desánimos".

La ministra de Cultura, Carmen Calvo, subrayó parecidas notas de ese perfil intelectual y humano. La herida de la guerra está en la obra de Ayala, pero asumió la historia y se integró en la España de la transición para levantar con todos la libertad de este país. Es testigo y es protagonista, continúa pensando y produciendo con lucidez, y ha batido varios récords: 80 años publicando libros, 90 obras de extraordinaria calidad, y ha conocido la vida española en todas las etapas del siglo XX".

El acto se celebró en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Junto a Víctor García de la Concha estaba el compañero y paisano de Ayala, el académico Gregorio Salvador. De la Concha comentó que "un día le pregunté a Francisco cómo se mantenía tan saludable, y me dijo: 'Yo nunca hice deporte y el güisqui lo venden en las farmacias", añadió el director de la Academia. "Es el último del 27, nunca presumió de nada, ni del exilio. Viajó por América como por su propia casa, es un hombre de dimensión hispánica general".

El académico Gregorio Salvador comento que "es un fenómeno de la naturaleza, es el primer caso de un hombre que preside su propio centenario. Su salud mental pertenece más al realismo mágico que al realismo pedestre que vivimos".

Con Francisco Ayala estuvieron en el acto su esposa, la hispanista Carolyn Richmond; el comisario del centenario del escritor, Luis García Montero; académicos, editores y amigos; en compañía de las auto-ridades señaladas presidió el acto el director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Ramón González de Amezúa.

Una joven estudiante, Lara González, recibió el premio a los jóvenes que leen, y para celebrarlo ella misma leyó el epílogo de El jardín de las delicias, de Francisco Ayala.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 30 de septiembre de 2005