Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:

Garzón visita un centro de tortura en Argentina

El juez español recorre las instalaciones de un centro de tortura de la dictadura argentina

"Aquí quemaron dos cuerpos, uno de ellos era el de Hugo", dijo un hombre señalando un rincón el interior de un ático. En ese momento un anciano que asiste a la explicación con un cartel colgado del cuello se gira y romper a llorar. "Era mi hijo, era mi hijo", alcanzó a decir. En el cartel figura el rostro de un joven y la fecha de su desaparición. La escena se produjo ayer en la sede de la Escuela Mecánica de la Armada (ESMA) en Buenos Aires, uno de los centros de detención, torturas y asesinatos durante la dictadura argentina (1976-1983) y testigo de ella fue Baltasar Garzón, quien había acudido a visitar el edificio para poner forma, olores y colores al lugar que tantas veces ha escuchado describir a testigos en la Audiencia Nacional de Madrid.

"Para mí ha sido una experiencia fortísima ver a las víctimas y a sus familiares y escuchar cómo explicaban qué pasaba en el lugar en el que han sufrido tanto", destacaba después el magistrado. Acompañado de la mujer del presidente, Néstor Kirchner, la senadora Cristina Fernández, Garzón recorrió ayer uno de los edificios adonde eran trasladados los detenidos durante la dictadura militar. Pocos salían vivos de allí.

A pesar de las obras de reforma que han sufrido las instalaciones para tratar de borrar las huellas de los asesinatos y torturas, el magistrado conoció los sótanos donde estaban los detenidos y donde un pasillo fue bautizado por los militares como "avenida de la felicidad". Allí, dos víctimas explicaron al juez español cómo durante las sesiones en que eran sometidos a tortura escuchaban canciones de los Rolling Stones. Pocos metros más allá, una mujer llorosa notaba que le faltaba el aire: en la ESMA desaparecieron siete familiares.

"Lo que más impresiona es el lugar donde está la ESMA", explicó Garzón. "Está en el centro de la ciudad, justo al lado del estadio del River Plate. No he podido evitar pensar que durante los mundiales de fútbol de 1978 Argentina se estaba proclamando campeona en ese estadio y apenas a diez manzanas de distancia había muertos en vida", señaló el magistrado.

Entre las personas que le esperaban a la puerta se encontraban madres y familiares de desaparecidos, pero también víctimas de las torturas e incluso un joven cuya madre embarazada fue recluida hasta que dio a luz las angostas habitaciones que se dedicaban a ello y que ayer el juez español pudo visitar. "Queríamos verlo aquí". "Ahora va a ver donde sufrimos", explicaban los familiares a Garzón, que acababa de llegar de un encuentro con Kirchner.

"Es una muestra de la locura humana", señalaba Cristina Fernández, mientras Garzón se preguntaba en voz alta "hasta qué grado de degradación puede llegar el ser humano para que los torturadores terminen viviendo a escasos metros de sus víctimas". Ambos se detuvieron a ver la inscripción que años después de la dictadura dejó un joven cadete en su armario: "No tuvimos que ver con lo que pasó aquí, pero pedimos perdón".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de agosto de 2005