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Entrevista:JAMES WATSON | Codescubridor de la doble hélice de ADN

"Lo que piensa la Iglesia católica sobre la clonación sólo puede retrasar la medicina"

Barcelona
Una mañana de sábado de 1953, mientras barajaba en su laboratorio de Cambridge unas cartulinas con las cuatro letras del ADN (A, C, G, T), el joven Jim Watson halló la clave de la doble hélice, el secreto de la vida, probablemente el mayor descubrimiento de la biología del siglo XX. Watson, que se ha mantenido como uno de los científicos más influyentes del planeta, recibe hoy en Barcelona su primer doctorado honoris causa por una universidad española.

Sólo había venido una vez a España -a Valencia, hace 14 años-, y ayer parecía sinceramente arrepentido de no haber visitado antes Barcelona -"¡Tanto arte en una sola ciudad!"-, pero James Watson (Chicago, 1928), uno de los científicos más influyentes del siglo XX, recibirá hoy su primer doctorado honoris causa por una universidad española, la Autónoma de Barcelona. Su padrino, el catedrático de Cardiología Antoni Bayés de Luna, es consciente de que el premio es más para la universidad que para Watson, pero asegura que no ha sido una pieza especialmente difícil. Más vale tarde que nunca.

En 1953, cuando sólo tenía 25 años, Watson descubrió junto al científico británico Francis Crick la doble hélice del ADN, el secreto de la vida. De aquel hallazgo esencial viene directamente el proyecto genoma, del que Watson fue el principal impulsor, y el primer director hasta 1992. Lleva casi cuarenta años al frente de uno de los mejores laboratorios de biología del mundo, el Cold Spring Harbor de Nueva York.

"La decisión sobre qué genes evitarles a los hijos debe ser de cada familia"

"Probablemente la gente deberá facilitar su información genómica a las aseguradoras"

En 1962 recibió el premio Nobel de Medicina y en 1968 publicó La doble hélice, un clásico de la divulgación científica. Su último libro, ADN, demostró hace un par de años que su estilo directo, agudo y transparente sigue en muy buena forma. Habla con lentitud, y se interrumpe a menudo para buscar un ejemplo, o afilar un argumento al ritmo de su respiración agitada.

Pregunta. ¿Cómo evalúa el experimento de clonación terapéutica que los científicos coreanos presentaron la semana pasada?

Respuesta. Simplemente muestra que la clonación terapéutica es posible, de modo que deberíamos seguir adelante y ver hasta dónde podemos llegar. Por supuesto que el experimento no es perfecto. Por ejemplo, los genes mitocondriales

[que están fuera del núcleo, y por tanto no pertenecen al paciente, sino a la donante del óvulo] están ahí, y las células no son por tanto un clon perfecto del paciente. Otro ejemplo: para que funcione es preciso usar óvulos de una mujer joven, y esto plantea un problema ético, porque la mujer podría preferir usarlos para tener niños. Pero no son obstáculos insalvables, y es muy bueno saber que éste no era un paso tan difícil después de todo.

P. ¿Qué pasará en su país, Estados Unidos, si el Gobierno sigue sin aprobar fondos federales para la investigación con embriones y células madre?

R. Bueno, la partida presupuestaria aprobada en California

[3.000 millones de dólares para los próximos diez años] es probablemente suficiente para hacer los experimentos necesarios. El Reino Unido, por su lado, va un par de años por detrás de los coreanos, en parte porque, de momento, no tienen a casi nadie trabajando en ello, y en parte porque no quieren ofender a ciertos sectores. Es una línea de investigación polémica, y debemos proceder lentamente, pero sería una estupidez renunciar a ello. Tengo la impresión de que los chinos también están en ello. Podría ser un campo científico dominado por el lejano Oriente.

P. ¿Podría ocurrir?

R. Sí. Es muy duro renunciar a algo que puede hacer un bien con el argumento de que podría usarse mal. Lo que la Iglesia católica piensa sobre la clonación puede ser un completo error, y lo único que pueden conseguir es retrasar la medicina en Europa y los Estados Unidos. No sabemos si funcionará, pero nuestra obligación es intentarlo.

P. ¿Es necesario que la información genética sea confidencial?

R. Una compañía de New Heaven que secuencia genes muy rápido me ha pedido una muestra de mi ADN para descifrarla. Me dijeron que les llevaría un año y costaría un millón de dólares. Les respondí en broma: "Háganme todo el genoma excepto el gen de la apolipoproteína E".

P. ¿Y eso?

R. Es que ese gen predice la propensión al Alzheimer, y no quiero saberla.

P. ¿No quiere saberla?

R. No, no quiero saberlo. Así puedo pensar lo que me dé la gana. Y que me digan cuáles son mis talentos potenciales ahora que tengo 77 años, pues la verdad... En general, tú quieres saber todos los datos que pueden mejorar su vida, pero no aquéllos sobre los que no puedes hacer nada, aparte de cogerte una depresión.

P. Pero las aseguradoras dicen: si usted sabe sus datos genéticos, yo debo saberlos también.

R. Bueno, antes de hacerte una póliza, podrían preguntarte: "¿Conoce usted su genoma?". Si tú mientes y dices que no, podrán demandarte o penalizarte cuando se den cuenta del engaño. No sé, probablemente la gente deberá facilitar su información genómica a las aseguradoras.

P. Todo el mundo acepta la selección genética de embriones para evitarle una enfermedad al propio embrión. España acaba de aprobar hacerlo para que el embrión sea compatible con un hermano enfermo y pueda salvarle. ¿Dónde hay que poner la línea?

R. No debe haber línea. La decisión debe ser de los padres, y cada padre tiene una línea diferente. Por ejemplo, yo no veo qué problema hay con seleccionar el sexo si una mujer que ya tiene tres hijos varones quiere una hija.

P. ¿Hay riesgo de que vuelva la eugenesia?

R. Creo que la eugenesia está condenada a volver en un sentido: que todo el mundo quiere tener hijos lo más saludables que sea posible.

P. ¿Y que sean más inteligentes?

R. Pues eso también me parece una buena cosa.

P. ¿Que no tengan propensión a las adicciones, o a la depresión?

R. Es difícil encontrar un buen argumento general contra la idea de hacer seres humanos mejores. Por supuesto, ahora mismo tenemos uno muy bueno: que no sabemos cómo hacerlo. Todo lo que podemos hacer ahora es evitar que nazcan niños con enfermedades horribles. Tal vez, dirá usted, si evitamos los genes de predisposición al trastorno bipolar nos quedaremos sin genios creativos. Puede ser un argumento. Pero toda familia en que se dan casos sabe que el trastorno bipolar es una enfermedad terrible. No creo que el Gobierno español o el estadounidense puedan decidir lo que es bueno para la familia española, o para la estadounidense. Es una decisión de cada familia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 24 de mayo de 2005