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Reportaje:GOYA A LAS MEJORES ACTRICES | PREMIOS GOYA 2005

Triple apuesta

Las tres actrices de 'Mar adentro' son candidatas hoy a un premio cada una. En este encuentro, Belén Rueda, Lola Dueñas y Mabel Rivera hablan de cómo les ha influido en su visión del amor y de la vida el protagonista real, Ramón Sampedro.

Soy feliz, soy feliz, soy feliz. ¿Tú no eres feliz, Mabel?". La conversación entre Lola Dueñas y Mabel Rivera está viéndola Belén Rueda a través del espejo ante el que la están maquillando para la sesión de fotos. Belén Rueda sonríe y asiente. Ella también es feliz. Lola Dueñas salta y brinca cuando se reencuentra con las actrices que han compartido con ella la película Mar adentro, y que definitivamente ha cambiado sus vidas. Personal y profesionalmente. Las tres optan esta noche a los Premios Goya en candidaturas diferentes: Lola Dueñas opta al premio como mejor actriz; Mabel Rivera, al de actriz de reparto, y Belén Rueda, al de actriz revelación. Les separan varios años -Lola tiene 33; Belén, 39, y Mabel ha cumplido ya los 52-, pero hay una complicidad entre ellas como si la amistad viniera de sus años de colegio. Y les viene de la unión de dos nombres: el director Alejandro Amenábar y Ramón Sampedro, un hombre tetrapléjico gallego cuya única obsesión, después de 26 años postrado en la cama, fue la de morir. "Nos unió Ramón", asegura Lola Dueñas, que en la película encarna a Moncha, la novia de Sampedro, con la que se trasladó a vivir a Boiro para ayudarle definitivamente a morir. "Hablábamos todo el tiempo de él, era como nuestro punto de referencia", añade Lola. "Y tanto que hablábamos de él y nos peleábamos por él. Nos celábamos por él", recuerda Mabel Rivera, una actriz coruñesa que, tras años de éxito local en la televisión gallega con la serie Pratos combinados, ha dado un salto definitivo con el papel de Manuela, la cuñada de Sampedro que le cuidó con tanto mimo durante tantos años.

Las tres jugaron a competir por el amor de Ramón: Manuela, la cuñada; Moncha, la novia de Boiro, y Julia, una abogada, papel que interpreta Belén Rueda. Los dos primeros están basados en personas auténticas de la vida de Sampedro; Julia, la abogada, es un compendio de varios personajes que tuvieron contacto con él. Un hombre en la cama, pero valiente, rodeado de mujeres. Ésa fue la realidad trágica y amable de Sampedro, que batalló durante años por una muerte digna en tribunales y medios de comunicación para lograr un apoyo que nunca encontró y que tuvo que buscar luego privadamente. Le han conocido ahora y hablan de él en presente. Debió de ser tal su poder de seducción que hoy, cuando se acaban de cumplir seis años del suicidio (murió el 12 de enero de 1988 tras beber un vaso de agua con una dosis de cianuro de potasio) de alguien que no conocieron en vida, las tres siguen bajo los efectos de su magia y de sus poemas. Como el titulado 'Ya ves', en el libro Cartas desde el infierno (editorial Planeta): "Cuando me habló, estaba triste; / me preguntó la causa de mi tristeza. / Mujer, la causa de mi mal siempre es la misma: / que yo adoro lo bello y tú eres la belleza. / A menudo, yo soy como el Quijote: te idealizo dueña de mi locura / pero no se me olvida nunca que es sólo sueño. / La causa de mi mal, ¡ya ves!, es la cordura".

"Lo conoces como persona a través de las personas que realmente estuvieron a su lado. La idea que yo tenía concretamente sobre Ramón ha cambiado bastante. Cuando sale en los medios de comunicación, sale por una causa, con la que puedes estar a favor o no, y lo primero que te transmite es su valentía, la valentía de defender algo así desde una postura muy tranquila, muy pensada y razonada. Cuando empiezas a hablar con las personas que estuvieron con él, la figura de Ramón se engrandece mucho más porque te das cuenta de que tenía mucho corazón. También es verdad que Ramón no quería ser protagonista, aunque el hecho de que estuviera tan presente en los medios de comunicación te podía llegar a confundir. De hecho, cuando alguien le quería hacer líder de una causa, él decía: 'No os equivoquéis, esto es lo que yo deseo para mí, lo que no quiere decir que esta elección es la mejor para todas las personas que estén en mi situación'. Era muy valiente porque de alguna manera él representaba ante la sociedad una reivindicación, la de una muerte digna, que quizá ante esa misma sociedad era negativa. Lo grandioso de él es que no se dejó morir, a pesar de su trágica situación, sino que creció y creció. Por eso era tan epatante para las personas que le conocían", dice Belén Rueda. A su lado, Mabel ha escuchado callada y reflexiva. Es quizá ella la que mejor entiende ese carácter tan gallego, tan cerrado en sí mismo a pesar de su apariencia comunicadora. "A nadie dejaba indiferente. De alguna manera, él te obligaba a que cada uno tomase una posición con respecto a su historia. En este sentido, creo que una de las características de este personaje, porque era un auténtico personaje, una persona fuera de lo común, era su individualismo, llevado a unos extremos que en algunos momentos podría ser incluso duro para él. Era muy gallego. Y muy obstinado". Belén quiere añadir algo: "El hecho de tener que estar ahí sin moverse y pensar, teniendo algo en la cabeza, te hace recibir de los demás no sólo lo que te quieren contar, sino lo que sienten. Para eso, Ramón tenía una sensibilidad especial, y por eso conectaba tan bien con las mujeres".

El fotógrafo les había pedido que vinieran a la sesión vestidas de blanco y negro. Mabel llegó la primera. En una maletita se ha traído, formal y obediente, una falda y una chaqueta negras, y una camiseta blanca, tacones altos comprados en Nueva York y un toque elegante: una pequeña flor blanca para la solapa. Lola expresa una y otra vez un deseo para la foto: quiere prenderse en el pelo unas horquillitas de flores que se ha traído de un viaje por Singapur. Ella, con pantalones vaqueros y camiseta blanca, sólo ha traído una camiseta negra -"creía que la foto no era de cuerpo entero"-. Finalmente llega, arrebatadora y marchosa, Belén Rueda. Son las doce de la mañana y ya viene de rodar desde la madrugada uno de los capítulos de Los Serrano, la serie de Telecinco, en la que comparte protagonismo con Antonio Resines. Se la ve cansada y delgada. Trae un bolsón de plástico con multitud de prendas negras y blancas. No sabe lo que lleva dentro. "Me he acordado en el último minuto y le he pedido a mi hermana, encargada del vestuario en la serie, que me dejara algo, y está todo ahí". Lola revuelve en su interior. "Coge lo que quieras", le dice Belén mientras la maquillan y le quitan los rizos que trae de Los Serrano.

Parece que todo son deudas. Deudas sentimentales, pero muy positivas. Deudas con los familiares y amigos de Sampedro que les han abierto sus casas y corazones.

Mientras la peinan y maquillan es difícil imaginar a Mabel Rivera en el papel de Manuela, todo el pelo frito, pegado a la frente y con un mandilón oscuro. "¿Pero de dónde ha salido esta actriz?". Era una de las preguntas que con asombro se hacía todo el mundo a la salida de las proyecciones de Mar adentro. En Galicia la conocen de sobra gracias al éxito de la serie de la televisión gallega Pratos combinados, en la que la actriz lleva trabajando 10 años. Pero ella empezó en el teatro, género que nunca ha abandonado y al que siempre vuelve -"es como hacerte chequeos periódicos, es un gimnasio muy especial que te revalida día a día"-. Pero ha sido su trabajo en Mar adentro el que le ha dado fama en todo el país. "Lo he vivido con normalidad y tranquilidad, no como algo que pareciera excesivo. Ha cambiado el punto de vista de los demás, pero no el mío. La confianza que ha depositado en mí Amenábar me ha revalorizado, me ha dado un punto de confianza para que pueda seguir avanzando en mi profesión".

Rivera ha dejado de momento la serie -"ha coincidido con la película, pero llevaba tiempo con ganas de cambiar, y cuando algo te empieza a preocupar es que necesitas hacer algo distinto"-, pero no tiene ningún proyecto concreto. No le preocupa especialmente, tan metida como está todavía en la promoción de Mar adentro y en los coletazos felices que va provocando. Es consciente de su deuda con Manuela, la cuñada de Ramón Sampedro que le cuidó con "talento, respeto y prudencia" durante tantos años. "La habitación de Ramón la conserva tal cual la dejó él mismo. Sólo ha recogido algún libro y algo de ropa. Ahí sigue el cuadrito, el teléfono, el ordenador donde escribía; el pantalón del pijama lo tiene guardado, y la chaqueta azul, que era el color que le favorecía. Manuela es una mujer muy linda y graciosa, con un sentido común y sin grandes alardes; es de las personas más generosas que yo he conocido. Me ha contado mucho. Había cosas que no me atrevía a preguntar y parecía que me adivinaba el pensamiento. Vi cómo se movía por la casa y cómo se respiraba allí, cómo se adueña de todo sin afán de posesión. Me ayudó a tejer un tipo de relación. Ella recibía mucho de Ramón. Y sufrió un desgarro tan fuerte cuando él salió de su casa…", va recordando Mabel Rivera.

Especial, muy especial, es el recuerdo que tiene Lola Dueñas de su querida Moncha, la novia de Boiro que finalmente se decidió a ayudar a Sampedro a conseguir lo que quería, dejar el infierno en el que vivía, y que se ha atrevido a contarlo en directo hace poco en un programa de televisión. Expansiva y positiva, Dueñas, que estudió en la primera promoción del Teatro de la Abadía, de José Luis Gómez, le debe un viaje a Moncha. Pero esta vez lo hará como Lola y no como la actriz que quiso saber todo de ella para poder encarnarla en la gran pantalla. "Me dejó hasta grabarla. Me ha cambiado la vida. Es tan generosa… Me abrió su historia, sus sentimientos, sus debilidades…".

Julia, el personaje que interpreta Belén Rueda, es el único de los tres que no se centra en una persona concreta, sino que es la unión de varias de las que anduvieron muy cerca de Sampedro. Rueda se ha basado sobre todo en el guión escrito por Amenábar y Mateo Gil. "A medida que investigabas en el personaje, hablando con la gente, te dabas cuenta de que nada era un truco cinematográfico para que la película funcionara. Es verdad que el ritmo es diferente a la vida real, pero es que realmente todo lo que cuenta fue así. Creo que, desde el principio, tanto Alejandro como Mateo profundizaron muchísimo en las relaciones, y por eso cada personaje en la película es muy importante".

Rueda hace hincapié en el poder de los papeles femeninos de Mar adentro, algo que no es muy usual en el panorama cinematográfico actual, tanto nacional como internacional. Aunque protagonizado por un hombre, Javier Bardem, el cuarto filme de Amenábar es toda una recreación de la fuerza de los personajes de mujeres. "Son tan poderosos", explica Rueda, "porque se desarrollan con mucha coherencia, es toda una evolución de los sentimientos de cada una de ellas. Sí es verdad que hay un punto en común que es Ramón, pero luego cada una tiene su vida, y eso está muy bien contado". Mabel Rivera cree que el poder de las mujeres en la película obedece al interés de Amenábar por contar esta historia desde la perspectiva del amor. "Fue planteando cada forma de relación amorosa de cada una de las mujeres. Y nosotras, encantadas, porque no hay muchos trabajos de actrices tan poderosos".

Y si hay deudas con Sampedro, no digamos con Amenábar. Belén Rueda ya lo puede confesar tranquila y relajada. Muy poca gente creyó en ella cuando Amenábar planteó su nombre para dar la réplica en la película al monstruo cinematográfico de Javier Bardem. Hubo desconfianza y críticas, pero ella siempre se mantuvo callada. La recompensa la tiene hoy con la candidatura a los Goya como mejor actriz revelación. "Ahora todo parece que tenía que ser como está siendo, pero las inseguridades eran importantes. La candidatura es el mejor regalo que me han podido dar los compañeros de profesión", explica. "Al principio tenía la sensación de que Alejandro confiaba más en mí que yo misma. Creo que él tiene una forma de ser que te gana personalmente y te hace ganar confianza. Sabe sacar lo mejor y lo peor de ti, y se lo das porque sabes que no lo va utilizar mal. Yo vengo de la televisión, y la lucha que hay entre el medio televisivo y el cine es absurda. No sólo a nivel de actores, también de guionistas, directores de fotografía, técnicos de sonido. Creo que en vez de esta guerra tendría que existir complicidad. Mi participación en Mar adentro era además una reivindicación de la gente de televisión, una manera de decir: somos actores, estamos aquí, también sabemos hacer esto. Ahora hay gente que me pregunta por qué no he hecho cine hasta ahora. Y yo digo que me alegro de no haber hecho antes cine; no porque no me guste el cine, es que quizá yo no hubiera podido con este personaje si no hubiera hecho antes todo lo que he hecho, ¿o es que lo de televisión no es interpretación? Los actores vamos creciendo según vamos trabajando, como personas y como intérpretes, y esto te enriquece para, en un momento dado, construir un personaje más complejo. Agradezco muchísimo a Alejandro y a Luis San Narciso, el director de casting, que hayan hecho un reparto sin prejuicios. Eso enriquece la película. Cuando Alejandro me preguntó que si estaba dispuesta a hacer este viaje con él, le dije que sí, pero que, por favor, me cogiera de la mano y me llevara con él. Así lo he sentido yo". En ese momento, Lola Dueñas, generosa como la que más, apunta: "Me he alegrado muchísimo por Belén, por todo lo que la gente dijo o comentó. Me he alegrado diez veces, porque una actriz es una actriz. Belén da luz a esta historia porque ella la tiene".

También Mabel Rivera conoce lo que es el paso de la televisión a la gran pantalla. "Para mí, Alejandro, independientemente de que desde fuera se le vea como un genio, es una persona normal, de gran calidad humana. Eso es lo fantástico. Me da la impresión de que ha sido siempre así. No se ha endiosado, a pesar de todo lo que le ha pasado en estos últimos años. Como actriz, le estaré agradecida toda mi vida, pero toda mi vida, por tener la valentía de romper con cualquier tipo de encasillamiento, de pasar por encima de las cosas. Porque los encasillamientos funcionan en muchos sentidos. Hay un encasillamiento incluso físico. Yo no me presenté a la primera prueba de casting porque yo misma me había autoeliminado. Fíjate hasta qué punto determinadas historias te pueden influir. No me veía como Manuela, y a Alejandro no le importó. Nunca le agradeceré lo suficiente esa confianza".

¿Qué sucederá en la ceremonia de los Goya? Puede que esta noche todavía se cumplan más sueños en ese viaje por las profundidades del mar y la vida. Será un homenaje póstumo a ese hombre valiente, seductor y poeta: "¿Por qué morir? / Porque a veces el viaje sin retorno es el mejor camino que la / razón nos puede enseñar, por amor y respeto a la vida. / Para que la vida tenga una muerte digna". (Extracto del poema ¿Por qué morir?).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 30 de enero de 2005