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61ª MOSTRA DE VENECIA

Javier Bardem confía en que la historia de Ramón Sampedro remueva las conciencias

La Mostra dispensó ayer a Alejandro Amenábar y a los actores de Mar adentro la acogida que reserva a los grandes del cine. El prolongado aplauso de la crítica internacional representa para el director su "mejor premio". Belén Rueda y Lola Dueñas acapararon la atención de los fotógrafos, mientras Javier Bardem, viejo conocido del certamen veneciano y que obtuvo la Copa Volpi por su actuación en Antes que anochezca, bromeaba con los periodistas y paseaba a sus anchas por el Lido, donde ya se apuesta por él como intérprete triunfador del certamen. "Venecia tiene para mí un recuerdo muy especial. Todo comenzó hace unos años con Jamón, jamón y se prolonga hasta hoy, con este recibimiento tan cálido, que es lo mejor que puede uno vivir en un festival como éste", aseguró Bardem.

"La inmovilidad que viví en esa rutina me ayudó a comprender el suplicio de Ramón"

"Me siento también muy contento de la recepción que ha tenido la película", prosiguió el actor, "porque creo que a medida que se la va viendo, va ratificando su calidad cinematográfica y narrativa y, sobre todo, emotiva. Como intérprete, yo no sé si deba esperar nada, porque aquél que espera, se frustra. Mejor quedarse con la sensación de que a la gente le emociona. Eso es mejor que ninguna estatuilla y es la única razón por la que se hace un trabajo así. La humildad debe ser la base de todo actor y yo tengo los pies bien puestos en el suelo".

Con enorme talento, el intérprete ha impregnado de humanidad y veracidad a Ramón Sampedro. "El es un héroe y su lucha por la defensa de las libertades la dejaba muy clara en las sabias palabras que solía decir: 'La vida es un derecho, no una obligación'. Me ha dejado irónicamente un sello de respeto y de amor a la vida. Me ha regalado un poco de reflexión, sobre cómo uno ha de celebrar el hecho de estar vivo y de poder expresar libremente las emociones".

En sus intervenciones ante la prensa no faltaron reflexiones sobre la eutanasia, sobre el amor, la vida y la muerte: "Mi relación con la muerte es la misma que la de todos nosotros. Es algo que intentamos no afrontar, es nuestra limitación como seres humanos. Es parte de nuestro ego. Sin embargo, tras hacer de Ramón he asimilado que se trata de un proceso más del simple acto de haber nacido".

Bardem recordó los días del rodaje de Mar adentro y las largas sesiones de caracterización: "Era una transformación completa, un proceso que arrancaba cada mañana y se destruía al final de la jornada. La inmovilidad que viví en esa rutina me ayudó a comprender el suplicio de Ramón y su impotencia. El maquillaje es tan perfecto que no reparas en él en la pantalla. Yo mismo me he quedado sorprendido al verme".

"Cuando encarnas un personaje de estas características, es sencillo hacerlo, aunque haya limitaciones físicas", continuó. "Lo físico se supera con esfuerzo, lo importante es que su trasfondo sea hondo y hermoso. La figura de Ramón definitivamente lo era". Según Bardem, lo esencial al encarnar un personaje real es "intentar acercarse lo más respetuosamente a su identidad, sus motivaciones y su búsqueda. Un trabajo de minuciosa observación. He tenido suerte al poder construir dos personajes [refiriéndose también a Reinaldo Arenas] de los cuales existe material rico y gente viva que, con sus testimonios, me han ayudado a acercarme a ellos".

Para Bardem, Ramón Sampedro era al final " un ser iluminado. Tenía una categoría moral y una ética indiscutible. Espero que su historia no quede en el olvido, que remueva las conciencias y que sirva para promover debates sobre la relevancia y la importancia de su lucha".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de septiembre de 2004