Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
ASESINATO DEL JEQUE YASSIN

Los fundamentalistas claman venganza sin límite

Rantisi: "Han desaparecido las líneas rojas. La lucha sólo terminará cuando haya Estado palestino"

La milicia fundamentalista de Hamás, las Brigadas de Ezzdine al Kassam, recibió ayer la orden de atacar a los objetivos israelíes en cualquier lugar, con todos los medios a su alcance y sin ningún tipo de escrúpulos. La mencionada orden fue impartida por la cúpula de Hamás, encabezada por Abdelaziz Rantisi, 46 años, médico pediatra de profesión y hasta ahora número dos de la organización, convertido en el nuevo líder del movimiento integrista de Hamás tras el asesinato del jeque Yassin en Gaza. Con esta consigna, los radicales palestinos pretenden "provocar un terremoto que hará temblar a Israel" y al mismo tiempo "abrir las puertas de un infierno" en el que sucumba el primer ministro israelí, Ariel Sharon.

"Hemos dado órdenes a las brigadas de atacar a los israelíes. Han desaparecido ya las líneas rojas, que nos impedían hasta ahora agredir a determinados objetivos. No hay límites. La lucha terminará sólo cuando quede proclamado el Estado de Palestina", aseguró ayer Abdelaziz Rantisi, el nuevo líder de la organización integrista, en una conversación mantenida en el estadio Yarmuk de Gaza, convertido ayer al mediodía en velatorio del asesinado Yassin.

Mientras el jeque Rantisi hacía suyas las amenazas de venganza proferidas por la multitud, empezaba a oírse desde el centro de Gaza, el estruendo de los misiles artesanales Kasam que caían, uno tras otro, sobre los asentamientos judíos cercanos, especialmente sobre los de Gus Katif, en los que se encuentra incrustada una comunidad de más de 7.000 israelíes. Uno de los proyectiles aterrizó en las cercanías del puesto fronterizo de Eretz, donde durante horas permaneció bloqueada la prensa internacional, que intentaba desde la madrugada llegar a Gaza.

La consigna de venganza fue coreada por millares de palestinos que desfilaron por las calles de Cisjordania y de Gaza. En Jerusalén los fieles que acudían a la mezquita de Al Aqsa, lanzaron piedras sobre los judíos que oraban en la otra parte del muro, el de las lamentaciones. En el campo de refugiados de Jan Yunes, el Ejército disparó sobre la multitud que se acercaba a los puestos militares. Las balas provocaron tres muertos, uno de ellos un adolescente. Dos manifestantes más murieron tiroteados en Yenín y Hebrón.

La multitud salió también a la calle en el centro de Ramala. Centenares de jóvenes se acercaron a las ruinas del cuartel general del presidente, la Mokata, para pedir al presidente que saliera y capitaneara la protesta. La negativa de Arafat a abandonar sus aposentos fue duramente criticada por los revoltosos que empezaron a gritar contra el rais, acusándole de corrupto y de bandido. El caos se apoderó durante unas horas de los territorios palestinos. Los imames de las mezquitas repetían una y otra vez una frase del Corán: "No consideréis a aquellos que mueren en el camino de Dios como muertos porque ganarán la vida con Dios". Los jóvenes quemaban neumáticos en la calzada y destrozaban el escaso mobiliario urbano. La policía se retiraba estratégicamente y dejaba las ciudades desamparadas. El sentimiento de abandono llevó ayer a muchas familias a encerrarse en sus casas iniciando una huelga general espontánea.

En ciudades israelíes como Tel Aviv y Haifa se produjeron incidentes aislados, cuando varios hombres agredieron a viandantes con un hacha y cuchillos. En total se registraron una veintena de heridos leves, según informaron las fuentes policiales israelíes. Otros muchos incidentes pudieron ser frenados gracias a las fuerzas de seguridad que desde ayer se han desplegado por todo Israel. En plena situación de alarma, el Gobierno ha decretado el cierre de Cisjordania y Gaza por un periodo indefinido.

Ayer por la tarde, el Gobierno palestino, presidido por Arafat, con el jefe del Ejecutivo, Ahmed Qurei, sentado a su derecha, reclamaba una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU. Horas antes, Arafat había condenado el "crimen bárbaro", decretando tres días de duelo y asegurando que el asesinato iba a "reforzar la unidad nacional palestina frente a los crímenes de Israel". Al borde de la anarquía la milicia fundamentalista libanesa de Hezbolá decidía pasar al ataque y disparaba sobre las granjas de Chebab, el enclave israelí reclamado por los integristas como parte del territorio de Líbano, varios misiles.

Un comunicado atribuido a Al Qaeda clamó ayer "venganza" contra EE UU y sus aliados por el asesinato del jeque Yassin., informa Efe. "La sangre del jeque Yasín no se ha derramado en vano y llamamos a todas las legiones de las Brigadas de Abu Hafs al Masri a vengar esta muerte atacando al tirano del siglo, EE UU, y a sus aliados", señala el texto publicado en la página web del grupo islámico Al Ansar, vinculado a Al Qaeda.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 23 de marzo de 2004