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Aerolíneas y pilotos rechazan la presencia de agentes armados en vuelos a EE UU

Una asociación que agrupa a 270 compañías advierte de que las armas aumentan los riesgos

Que haya armas en los aviones es más una inquietud que una garantía, según múltiples asociaciones internacionales de pilotos y directivos de líneas aéreas no estadounidenses. Ha habido más muestras de reticencia que de comprensión ante la decisión de la Casa Blanca de exigir agentes armados en varios vuelos internacionales como requisito indispensable para permitir la entrada de esos aviones en el espacio aéreo de Estados Unidos. La mayoría de los pilotos están convencidos de que la presencia de armas en los aviones eleva el nivel de riesgo.

El secretario de Seguridad Interior, Tom Ridge, aclaró ayer que las nuevas normas no van a afectar a todos los países ni a todos los vuelos, aunque muchas líneas aéreas internacionales ya han confirmado la notificación formal de las exigencias de EE UU.

La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), que agrupa a 270 líneas aéreas de todo el mundo, tardó poco en dejar clara su opinión. "Nuestra postura básica es que no queremos armas en los aviones y, desde luego, no queremos armas en las cabinas de los pilotos", dijo el portavoz, Anthony Concil. Las líneas no tienen potestad para negarse a incluir agentes armados no uniformados entre el pasaje, como exige EE UU, "pero preferiríamos no vernos en esa situación", dijo el portavoz.

Concil, como muchas asociaciones de pilotos, lamentaron que se transmita la impresión de que la seguridad dependa de las medidas que se adopten en el interior de los aviones: "Tener agentes armados a bordo no debería ser una primera línea de defensa contra el terrorismo. Si se quiere evitar el terrorismo hay que hacerlo mucho antes de que llegue a los aeropuertos", aseguró.

La dirección de BALPA, la principal asociación de pilotos británicos, mostró su rechazo rotundo a la presencia de agentes armados en los vuelos, como también lo hizo, de manera más moderada, un portavoz de British Airways, convencido de que las armas en los aviones "sólo sirven para aumentar el peligro. Si el nivel de riesgo es tan alto que hace falta poner agentes armados en los vuelos, sería más fácil, sencillamente, cancelar determinados vuelos".

Para calmar los ánimos, el Gobierno británico, que ya ha comenzado a introducir agentes armados de paisano en algunos vuelos, se ha comprometido a comunicar su presencia a los pilotos. Air France también ha permitido la presencia de agentes en determinados vuelos, pero desarmados. La alemana Lufthansa rechazó implícitamente las medidas al asegurar en un comunicado que es "difícil mejorar la seguridad en nuestros aviones".

Sólo hay una reacción entusiasta, la de Polonia, fiel aliado de EE UU en sus campañas militares. Las líneas aéreas de ese país se mostraron inmediatamente dispuestas a acatar y aplaudir las normas de Washington. Según fuentes del Departamento de Seguridad Interior, uno de los países por los que se ha redactado la nueva normativa es México, cuyos aeropuertos son, dicen, un riesgo para la seguridad de EE UU. Hace una semana que México embarca agentes de paisano en ciertos vuelos, según reconoció anoche el ministro de Interior mexicano, Alejandro Gertz. "La idea es proteger las aerolíneas mexicanas y a nuestros pasajeros cuando viajan a Estados Unidos", dijo Gertz a la radio, y precisó que la decisión fue tomada tras consultar con EE UU y Canadá.

El portavoz de la asociación mexicana de pilotos, Francisco Esquivelzeta, aseguró que sus 3.000 afiliados se oponen a la presencia de armas en los aviones. Mexicana de Aviación y Aeroméxico aseguraron ayer que de momento no hay agentes armados en sus vuelos a EE UU.

Otro punto de fricción es el coste de la medida. La IATA no quiere que las líneas aéreas tengan que perder dinero para hacer sitio a unas medidas de seguridad "por las que nosotros no tenemos por qué ser facturados", dijo el portavoz. Los expertos en seguridad aérea coinciden en que la directriz de Washington cambia las reglas del juego al no ser de aplicación voluntaria en los países de origen. Cuando anunció las normas, Tom Ridge recordó a quienes se nieguen a aplicarlas que "todo gobierno de un país soberano tiene derecho a cancelar el privilegio de volar hacia él o desde él, o incluso de usar su espacio aéreo".

De momento, ningún gobierno, ni siquiera el francés, se ha opuesto abiertamente a aceptar las normas que acaba de imponer Estados Unidos. Agentes de seguridad estadounidenses han inspeccionado los aeropuertos franceses en los últimos días, después de la cancelación de varios vuelos ente París y Los Ángeles por temor a atentados.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 31 de diciembre de 2003