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REENCUENTRO DE EE UU Y EUROPA

Chirac abre el diálogo con EE UU en el G-8

Los líderes mundiales tratan de cerrar la brecha atlántica en su primera reunión tras la crisis de Irak

Estados Unidos y Europa tratan de recomponer sus relaciones tras la brecha que ha supuesto la guerra de Irak. El marco, la reunión del G-8 este fin de semana en la ciudad francesa de Evian. Pero el momento clave para evaluar las posibilidades de éxito de este intento de recomponer el nexo transatlántico será la entrevista que celebren hoy los presidentes Georges W. Bush y Jacques Chirac. Francia, el anfitrión de la cumbre, encabezó, junto con Alemania y Rusia, el grupo de países que se opuso a esa intervención militar norteamericana. Ahora, el líder estadounidense les ha tendido la mano y pedido unidad para "cumplir las obligaciones comunes", entre ellas un acuerdo de paz para Oriente Próximo.

Un hotel de la belle époque en la ciudad balneario de Evian, cuyo centro ha sido aislado del resto del mundo por miles de policías, acogerá hoy a los líderes de los países del G-8 en un intento de cerrar la brecha abierta por la crisis de Irak. A ellos se suman 11 líderes de "economías emergentes" en sesiones informales que contribuyen a realzar la envergadura política de un encuentro diseñado por Jacques Chirac como el comienzo de un diálogo entre países ricos, futuras potencias y países emergentes.

Después de las divisiones sobre Irak, toda la cumbre está condicionada ahora a la capacidad del presidente estadounidense, George W. Bush, para restablecer la confianza entre Estados Unidos y Europa. ¿Qué se puede esperar de la entrevista personal Bush-Chirac, prevista para mañana? "Si Estados Unidos quiere contar con nosotros, tanto mejor; si no, el sol no va a dejar de salir por eso", comenta una fuente francesa, aparentando tranquilidad ante un encuentro que todos los observadores consideran importante.

Bush está decidido a obtener el reconocimiento de su liderazgo y la rectificación de los "errores" de la Vieja Europa. Pero la agenda de Chirac para esta cumbre contiene objetivos sobre el medio ambiente, el acceso al agua corriente o la disponibilidad de medicamentos para los países pobres. Las intenciones no coinciden: si la presidencia francesa ha emplazado los debates sobre la seguridad del mundo en un espacio de hora y media -en dos días y medio de sesiones-, Bush ha recalcado a varios medios franceses que la seguridad es el aspecto clave de esta cumbre. Eso, y la "discusión" con Chirac.

Bush se ha mostrado conciliador: "¡Vive la France!", espetó a los periodistas de este país que le entrevistaron en vísperas de su viaje. Pero hace un año aseguró que Francia era su "aliado más sólido" en la lucha antiterrorista, cuando visitó el cementerio de Normandía, donde reposan los restos de los militares de la 82ª y 101ª divisiones estadounidenses. La cortesía no será suficiente. Los gestos de confianza han de ser mucho más claros para que los mercados perciban una señal positiva, que es el objetivo proclamado por los organizadores de esta cumbre. Si Bush apenas hace gestos conciliadores, Francia tampoco se entrega.

El jefe de la Casa Blanca estará a gusto con sus fieles del G-8: el británico Tony Blair, el italiano Silvio Berlusconi y el japonés Junichiro Koizumi. Bastante menos con el canadiense Jean Chrétien, demasiado tibio en la crisis iraquí, y con el "frente de desleales" integrado por el presidente ruso, Vladímir Putin, y el canciller alemán, Gerhard Schröder, además de Chirac. Dos reuniones celebradas por los organizadores franceses de esta cumbre del G-8, en las que ha estado presente este periódico, no permiten entrever grandes expectativas, ni invitan a pensar en una reconciliación sobre bases sólidas. Para que la foto de familia de mañana no refleje más rupturas hace falta un golpe psicológico y no sólo el recuento del porcentaje del PIB mundial representado por los líderes que se reúnen hoy: 60% con los países del G-8, y más del 70% si se suma a las economías emergentes invitadas.

La agenda oficial de la cumbre presenta objetivos ambiciosos, desde la financiación con 18.000 millones de dólares de la destrucción de armas de destrucción masiva en poder de las antiguas repúblicas soviéticas hasta un llamamiento renovado a la aprobación del protocolo de Kioto, rechazado por EE UU. Hay negociaciones europeas para responder a la oferta norteamericana de contribuir con 15.000 millones de dólares a la lucha contra el sida y un proyecto para aligerar la deuda de los países pobres.

Evian se convierte en ciudad fortaleza

Un dirigible-espía de color blanco, suspendido sobre la Alta Saboya, es el centinela más avanzado del enorme aparato de seguridad montado por Francia, Suiza y Alemania para impedir que la cumbre del G-8 se vea perturbada. El dispositivo comprende un centenar de aviones y helicópteros, y un ejército de 30.000 militares y policías, que han creado una especie de burbuja de seguridad en 30 kilómetros a la redonda de Evian, prolongada hacia Ginebra y Lausana. Los controles se hacen más espesos a medida que se reduce la distancia a la zona cero, cerrada para los que no sean jefes de Estado o de Gobierno, personas a su servicio o el aparato de seguridad.

Si la anterior reunión de Kananaskis (Canadá) se celebró prácticamente a puerta cerrada, Francia ha dado las máximas facilidades para la instalación y funcionamiento libre de la contra-cumbre y las manifestaciones de protesta, pero les ha asignado lugares que están separados de Evian por distancias de entre 40 y 50 kilómetros.

Los helicópteros patrullan de manera constante, y desde hoy habrá Mirages franceses y F-18 suizos que sobrevolarán el lago y sus inmediaciones. El tráfico aéreo civil está prohibido en un radio de 10 kilómetros a la redonda de Evian, y muy restringido en otros 30, con dos baterías antimisiles listas para toda eventualidad. El servicio ferroviario ha sido suspendido, lo mismo que el tráfico de barcos comerciales y deportivos entre Lausana y Evian.

La ruta de Ginebra a Evian es la alternativa para transportar al grueso de los séquitos, e incluso a los líderes, en caso de mal tiempo; los militantes contrarios a la globalización pretenden cortarla hoy.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 1 de junio de 2003

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