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IRAK: LA DESTRUCCIÓN DE LA MEMORIA

El saqueo viola la cuna de la civilización

La Unesco pide respeto al patrimonio tras los robos a museos y el incendio de la Biblioteca de Bagdad

Junto al petróleo, la otra gran riqueza de Irak es la cultura: en Mesopotamia nació la primera civilización, y con ella, la escritura, es decir, la fuente de la memoria. Si los soldados angloamericanos se han ocupado de proteger los pozos de crudo, nadie ha actuado, en cambio, para defender la memoria de la humanidad. El domingo, el saqueo terminó por reducir a cenizas la Biblioteca Nacional de Bagdad; el pillaje arrasó días antes las 28 salas y los sótanos del Museo Nacional. Según informó ayer el Museo Británico, allí estaban los primeros ejemplos de la escritura humana y de los símbolos númericos. La intervención de la Unesco, ayer, pidiendo respeto al patrimonio parece así sólo un lamento tardío.

Irak, el país donde según la Biblia estaba el paraíso terrenal, es un infierno de saqueo y destrucción. Una de las mayores víctimas de la posguerra salvaje es la memoria. Las ruinas de la legendaria Babilonia son un erial devastado. La reconstrucción de la que fuera la antigua capital de Sumeria ha sido destruida por los saqueadores. Los signos del saqueo son patentes desde la misma entrada al complejo arqueológico, abandonado desde que comenzó la guerra, informa Efe. En el teatro, levantado en adobe según la descripción de las tablillas judeiformes que atestiguaban su construcción, el escenario ha sido desmontado tabla a tabla y las bambalinas arrasadas. "Vinieron decenas de personas cuando los norteamericanos entraron (en la vecina ciudad de Hila) y se lo llevaron todo sin que los soldados hicieran nada para impedirlo", explica Ali, un antiguo empleado del complejo.

Además, el fuego y los ladrones destruyeron durante la madrugada del domingo, ante la pasiva mirada de los marines estadounidenses, uno de los tesoros de Irak, la Biblioteca Nacional de Bagdad. Robert Fisk, corresponsal de The Independent, narró ayer cómo vio reducirse a cenizas, entre llamas de cien metros de altura, decenas de documentos antiguos, cartas históricas y coranes, manuscritos de literatura árabe y otomana, testimonios de la guerra Irán-Irak. Fisk avisó a las fuerzas estadounidenses de que la Biblioteca Coránica estaba en llamas. Nadie le hizo caso.

Días antes, la gran joya arqueológica del país, el Museo Nacional, y la Escuela de Estudios Islámicos también fueron arrasados. Actos semejantes se repiten en Mosul, Basora y otras ciudades. Entre las obras perdidas en el caos figuran, dijo ayer la BBC, los primeros ejemplos de la escritura y los sistemas numéricos de la humanidad. Nadie sabe dónde están 50.000 de los 200.000 objetos que albergaba el Museo Nacional. Quizá rumbo a las salas de subastas de Occidente, sugieren los arqueólogos: los saqueadores cogieron piezas de incalculable valor de la antigua Mesopotamia, Sumeria, Acadia, Babilonia y Asiria. La memoria de la cuna de la humanidad, violada.

"Una catástrofe"

Los lamentos arreciaron ayer. Para Neil MacGregor, director del Museo Británico, lo ocurrido "es una catástrofe para la herencia cultural iraquí". El ministro alemán de Exteriores, Joshka Fischer, se declaró "profundamente preocupado". El secretario de Estado estadounidense, Colin Powell, y la Unesco llamaron a evitar que "esa parte de herencia de la humanidad sea objeto de más destrucción". El secretario general del Consejo de Europa, Walter Schwimmer, "consternado" por el alcance de los robos, lamentó "la pérdida incalculable que representa la destrucción de tesoros arqueológicos y literarios, testimonio de la contribución de Irak a la historia de la humanidad". La Unesco pidió que se tomen medidas "inmediatas" para proteger las instituciones culturales iraquíes. Y el jefe espiritual de los musulmanes ismaelianos, el Aga Jan, lamentó desde India la pérdida de joyas de la cultura iraquí, y advirtió: "La desaparición de las huellas físicas de nuestro pasado nos priva mucho más que nuestros recuerdos. Hemos sido testigos de forma desgarradora en Afganistán y ahora lo somos en Irak", añadió.

Mañana, en París, diversos expertos internacionales, convocados por la Unesco, pedirán una intervención urgente. Pero quizá sea tarde.

Los arqueólogos británicos han denunciado que la pasividad de las fuerzas militares de Estados Unidos y Gran Bretaña es contraria a la Convención de La Haya, que obliga a las partes en guerra a proteger el patrimonio cultural del lugar en conflicto. France Press informa de que, antes de iniciarse la invasión, varios arqueólogos norteamericanos fueron recibidos en el Pentágono para sensibilizar a los militares por los pillajes en lugares históricos. Se identificaron 5.000 lugares sensibles de ser protegidos. "Estaban informados. Todo esto se podría haber evitado", apunta Jeremy Black, especialista en Irak antigua de la Universidad de Oxford. "Creo que no había habido un pillaje de la magnitud de la que estamos viendo desde la II Guerra Mundial", añade.

Ingrid Bejarano, profesora de Estudios Árabes Islámicos de la Universidad de Sevilla, que impartió clases en Bagdad entre 1981 y 1984, también está desolada: "Lloré cuando vi el edificio en llamas, lloré por lo que estaba desapareciendo, no sólo para el pueblo iraquí, sino para todos nosotros. Han desaparecido manuscritos medievales de literatura andalusí y de prosa rimada de valor incalculable".

Los arqueólogos lamentan el destino del patrimonio iraquí y reprochan a las fuerzas angloamericanas que no hayan sido capaces de proteger del pillaje a lugares históricos. Para los expertos, es una "tragedia" y temen por el tráfico de objetos de valor, que dará con los objetos en colecciones privadas o museos con pocos escrúpulos. "Proteges el Ministerio del Petróleo y no proteges los museos. Eso refleja muy bien la actitud de la coalición en lo que se refiere al patrimonio cultural", explica Alex Hunt, conservador del Consejo Arqueológico Británico de York.

Una tradición rica en expolios

Irak es un país habituado al expolio. La práctica se remonta al siglo XVIII, cuando el nombre de Babilonia, al sur de Bagdad, despertó en Europa la pasión de los arqueólogos y la codicia de los saqueadores. El trabajo de ambos grupos ha dado como resultado que buena parte del patrimonio arqueológico iraquí esté en Occidente. Así, es posible comprar tablas cuneiformes a anticuarios del Nuevo y Viejo Continente, contemplar en el Museo Británico toros alados semejantes a los del Museo de Irak, estatuillas votivas sumerias en el Louvre y la puerta de Ishtar de la antigua Babilonia en el Museo Nacional de Berlín.

Según Bagdad, al menos 2.348 piezas históricas sacadas ilegalmente de Irak se encuentran hoy en museos de Francia, Alemania y Turquía. Entre ellas, hay de las culturas asiria, babilónica, sumeria y acadia.

Miquel Molist, director del Museo Arqueológico de Barcelona, dijo ayer que "nos encontramos en un momento crítico por la destrucción del Museo Nacional y porque hay más de 10.000 yacimientos que pueden ser saqueados. No se puede olvidar que países como Siria e Irak han realizado una política patrimonial coherente, de cooperación internacional con instituciones y universidades".

Los arqueólogos británicos han denunciado que las redes de comercio ilegal de objetos valiosos están operando en Irak y han exigido catálogos para evitar que esas piezas se vendan.

Están indignados, sobre todo, por las presiones ejercidas en Estados Unidos para suavizar la legislación que protege el legado iraquí -que prohíbe su venta en el extranjero- con el argumento de que las obras estarán más seguras en Estados Unidos. "Eso es imperialismo cultural", subraya Alex Hunt, profesor y arqueólogo de la Universidad de Oxford.

Aunque casas de subastas como como Christie's o Sotheby's se niegan a vender objetos de procedencia dudosa, el arabista de Oxford Jeremy Black explica que existen "grupos muy organizados, especializados en pedir a sus contactos en Irak y los museos que roben objetos específicos encargados por coleccionistas". "El circuito habitual pasa por Jordania, Israel, Suiza, París, Londres y Nueva York. Los ladrones conocen los sitios donde hay mercado", precisa el experto de Oxford, que subraya que tras la primera guerra del Golfo, en 1991, las redes ilegales se pusieron a funcionar. "Tienen lazos con el tráfico de armas y de drogas", oberva el arqueólogo Alex Hunt. "Y una vez que las piezas salen de Irak, es casi imposible recuperarlas", se lamenta Jeremy Black.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 16 de abril de 2003

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