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GUERRA EN IRAK | Baño de masas

Sadam reaparece en las calles de Bagdad

El ministro de Información anuncia un ataque "no convencional" para reconquistar el aeropuerto

En una inesperada doble aparición televisiva, un hombre que parecía ser Sadam Husein arengó a las masas, inspeccionó las defensas de un Bagdad teñido de columnas de humo negro al fondo e invitó a la población a repeler a los invasores. Poco antes, en un discurso, Sadam dijo: "Golpeadles fuerte con el poder de vuestra fe" e hizo una alusión al derribo del helicóptero Apache estadounidense por campesinos en el centro de Irak, el 23 de marzo. Esta referencia indica que la grabación y el posterior baño de masas en las calles capitalinas se realizaron después del ataque, tres días antes, contra un búnker de la capital, y que tenía como objetivo su eliminación. Es la primera prueba creíble de que sobrevivió a los misiles.

Ese Sadam sonriente cogió un niño en brazos, estrechó manos, recibió besos y saludó

Los bagdadíes aprovechaban la luz del día para adquirir agua, dátiles y frutos secos

Con combates a una veintena de kilómetros de Bagdad cerca del control del aeropuerto internacional Sadam Husein -situado al suroeste y que ya está en manos del 7º de Caballería; en esa zona y al Este se escucharon explosiones esta madrugada-, y con la capital a oscuras desde las siete de la tarde del jueves, la reaparición pública de Sadam es un importante golpe de efecto, con el que el régimen trata de preparar a los bagdadíes para la gran batalla final.

La televisión estatal iraquí, que en las últimas semanas sólo proyectaba vídeos pregrabados de canciones patrióticas o de reuniones del Gobierno sin sonido ambiente, interrumpió ayer su programación con imágenes supuestamente actuales: un locutor aseguró con la voz en off que se habían obtenido ese mismo día. Una cámara, situada en un automóvil, recorrió algunos de los barrios más conocidos, evitando, eso sí, mostrar la destrucción causada por los 15 días de bombardeos ininterrumpidos. Ese Sadam sonriente cogió un niño en brazos, estrechó manos de una población entusiasta, recibió besos y saludó con el brazo extendido, como en cualquiera de las estatuas que pueblan el país.

Ese inesperado paseo por las barriadas más castigadas de un hombre que parecía ser Sadam Husein apenas se pudo ver en la televisión local, pues desde hace días sólo emite por satélite y la mayoría de los hogares están sin luz eléctrica y dependen de los generadores.

Poco antes, Sadam apareció en las pantallas para pronunciar un discurso-arenga. Eso ya representaba una novedad, pues sus últimos dos mensajes habían sido leídos por su ministro de Información, Mohamed Said al Sahhaf.

Por la tarde, Said al Sahhaf, en el mismo tono entusiasta, advirtió a los aliados de que el Ejército iraquí iba a recurrir a "acciones no convencionales" para derrotar a las tropas que han ocupado gran parte del aeropuerto en las últimas horas. "Esta noche [por ayer] llevaremos a cabo algo que no es tradicional, no convencional, algo que va a dar una gran lección a estos mercenarios", dijo el ministro portavoz. "Será muy difícil que alguno de ellos salga con vida a menos que se rindan; están completamente rodeados". Preguntado por los periodistas extranjeros si se refería al uso de armas químicas o bacteriológicas, respondió: "No; en absoluto". Un portavoz militar británico en Qatar sostuvo, por su parte, que la misteriosa acción podría consistir en el lanzamiento de una "marea humana" de civiles para retomar el aeródromo.

El régimen trata de concentrar su defensa en el interior de la ciudad e invitar a los estadounidenses al combate cuerpo a cuerpo. Parte de los hombres de la Guardia Republicana que defendían el perímetro tratan de regresar al centro.

Pero en las calles de la capital bulle otra realidad muy distinta. Cuanto más bajo vuelan los aviones estadounidenses y más suenan sus motores, más alto cotiza el dólar. Hace un mes, la divisa norteamericana se cambiaba por 2.000 dinares iraquíes. Con el ultimátum de George W. Bush en la cumbre de las Azores, subió a 2.400. Llegó la guerra y pasó a 3.000. Ayer, un dólar costaba 3.700 dinares.

Las últimas 24 horas han sido especiales y muy confusas; sin teléfonos, sólo corre el rumor y el miedo. La situación lo permite. El juves, a las cinco de la tarde, las autoridades iraquíes llevaron a un grupo de periodistas, previamente seleccionados, al aeropuerto de Bagdad. Querían demostrarles sobre el terreno que las noticias sobre la presencia de tropas estadounidenses en la zona eran falsas. Lo comprobaron. Era cierto, todo estaba bajo control del Ejército de Sadam. Pero dos horas después, esas tropas extranjeras combatían en su interior. En la mañana de ayer, los estadounidenses anunciaron el control del aeropuerto; y por la tarde, la ocupación completa. El régimen lo desmetía, pero no permitió el acceso de testigos.

Los guías oficiales, en realidad agentes del Ministerio de Información iraquí, eran más prácticos y aconsejaban a los periodistas extranjeros la compra de provisiones. Bagdad vivía un extraño bullicio; los habitantes aprovechaban la luz solar para adquirir víveres. En las calles comerciales, los vendedores ambulantes ofrecían mascarillas -como las que usan los barrenderos- y se veían los coches cargados de botellas de agua, dátiles y frutos secos.

En estas condiciones, las palabras de Sadam ayer en la televisión suenan extrañas -"La victoria está en nuestras manos, pero necesitamos reforzar el campo de batalla y os recuerdo que ésa es vuestra obligación. Debemos llevar la iniciativa y sólo me vale el sacrificio al cien por cien", dijo-. El pueblo sigue con la mirada puesta en el dólar. Cada día de guerra demuestra que los iraquíes han ido cambiando sus ahorros a la divisa norteamericana en espera de lo que depare el futuro. Sin teléfono, sin luz eléctrica en la mayoría de la ciudad, sin agua corriente y sin idea de qué va a deparar la mañana siguiente, los ciudadanos mantienen la calma dentro de lo posible. Se ven muchas tiendas cerradas pero muchas abiertas también. Día y noche, de forma inexorable, van cayendo objetivos civiles y militares. Esta semana fueron destruidos los hangares de una de las mayores fábricas de automóviles de la ciudad, y también el recinto ferial de Bagdad. "Era uno de los orgullos de nuestro país. Aquí se han organizado ferias famosas en todo Oriente", comentaba un ciudadano. "No había nada militar dentro. ¿Por qué lo destruyen?", se preguntaba ese ciudadano iraquí.

Sin embargo, a pesar del aspecto cada vez más desolado que adquieren muchas partes de la ciudad, aún no se han registrado saqueos ni violencia. Las bombas no dejan de estallar mañana, tarde y noche y es imposible conciliar el sueño durante varias horas. Los milicianos siguen paseándose por las calles tranquilamente con sus vetustos kaláshnikov entre las manos. "Los americanos han podido llegar al aeropuerto", comentaba ayer un funcionario, "pero no les va a resultar fácil tomar la ciudad. Éste es un pueblo bravo. La gente está acostumbrada a luchar. Morirán muchos antes de entrar aquí".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de abril de 2003