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LA DOCTRINA DE BUSH

Bush convierte el ataque preventivo en la doctrina estratégica de EE UU

El presidente de EE UU hace público el documento con su estrategia militar

Estados Unidos se atribuye el derecho a lanzar ataques preventivos contra otras naciones y a actuar al margen de las organizaciones internacionales, cuando así lo aconsejen sus propios intereses; no permitirá que se reduzca su 'inmensa ventaja militar' frente a los demás países, y trabajará activamente para extender su modelo de capitalismo al resto del planeta. Éstos son los principios desarrollados en un documento de 30 folios, firmado por el presidente George W. Bush, sobre la nueva doctrina estratégica estadounidense, que la Casa Blanca envió ayer al Congreso.

El texto, de enorme importancia geopolítica y articulado en torno a la lucha antiterrorista, plasma la agresividad exterior de la presidencia de George W. Bush y detalla los principios que guiarán a la hiperpotencia durante el siglo XXI. Bush es consciente de que el documento titulado La nueva estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos inquietará al resto del mundo, pese a que, según la Casa Blanca, han sido suprimidos los pasajes 'demasiado arrogantes'. El borrador, redactado por la asesora de seguridad nacional, Condoleezza Rice, era mucho más duro. Su publicación y envío al Congreso fueron aplazados hasta ayer para que no coincidieran con el discurso del presidente ante Naciones Unidas y con las posteriores negociaciones acerca de Irak: la claridad y la dureza de la doctrina Bush se proyectarán durante mucho tiempo sobre las instituciones multilaterales.

'La estrategia de seguridad', proclama Bush, como firmante del texto, 'se basará en un internacionalismo típicamente americano que refleja la unión de nuestros valores y nuestros intereses nacionales'. El texto establece, de forma oficial, que Estados Unidos está por encima de instituciones internacionales como la ONU: trabajará con ellas, pero sin sentirse obligado a seguir sus instrucciones ni a respetar sus acuerdos, que sí rigen para el resto de los países.

El pensamiento que subyace en la primera explicación integral del sistema diplomático de George W. Bush tiene sus raíces en dos acontecimientos históricos: el fin de la Guerra Fría y los atentados del 11 de septiembre. Supone la ruptura definitiva con los principios multilaterales que guiaron a Bill Clinton y a George Bush padre, y enlaza, en cierta forma, con la idea del 'imperio benigno' establecida por Ronald Reagan. Pero ya no existe, como en los años ochenta, un imperio del mal, la Unión Soviética. El imperio americano ha obtenido una 'victoria decisiva', disfruta de 'una fuerza e influencia sin precedentes en el mundo' y debe 'extender los beneficios de la libertad a todo el orbe'.

La supremacía militar estadounidense será mantenida a toda costa: 'Nuestras fuerzas serán lo bastante poderosas como para disuadir a potenciales adversarios de que acumulen armas con la esperanza de superar, o igualar, a Estados Unidos'.

El primer paso, ante la ausencia de otras potencias comparables a Estados Unidos, es acabar con la doctrina de la 'no proliferación' de armamento, vigente desde la II Guerra Mundial y basada en tratados, y pasar a la 'contraproliferación', una doctrina que combina elementos pasivos y activos: desde la creación de defensas como el proyectado 'escudo antimisiles' sobre territorio estadounidense, al desmantelamiento forzoso de presuntos arsenales enemigos, como el que, según la Casa Blanca, justifica la invasión de Irak.

La disuasión es otro viejo principio que desaparece. La hiperpotencia 'ya no está amenazada por Estados expansionistas, sino por Estados fracasados' y por 'tecnologías catastróficas en manos de unos pocos amargados' que no temen las represalias. En adelante, frente a organizaciones terroristas y países enemigos, el objetivo consistirá en 'identificar y destruir la amenaza antes de que se acerque', 'incluso si hay dudas sobre el lugar y momento del ataque enemigo'.

Derecho a la autodefensa

'No dudaremos en actuar solos, si es necesario, para ejercer nuestro derecho a la autodefensa con una operación preventiva', promete Bush, quien proporciona al resto de la comunidad internacional la sola garantía de su palabra: 'Las razones de nuestras acciones serán claras; la fuerza, medida, y la causa, justa'. Y añade una advertencia a quienes puedan sentirse tentados de utilizar en su favor los precedentes sentados por Washington: 'Las naciones no deben utilizar la prevención como pretexto para la agresión'.

En el ámbito de la economía y el medio ambiente, Bush eleva sus preferencias personales al rango de doctrina planetaria. Anuncia que utilizará su poder para promover en todo el planeta medidas que 'generen crecimiento económico', y destaca entre ellas la reducción de los impuestos directos y la desregulación de la actividad empresarial. Coherente con su rechazo del acuerdo de Kioto, afirma que la reducción en la emisión de gases que provocan el efecto invernadero debe ser un acto voluntario de empresas y gobiernos, sin que les obligue ningún tratado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 21 de septiembre de 2002