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El plan para sostener el sistema financiero en Argentina abre una crisis en el Banco Central

El presidente de la institución se plantea dimitir en los próximos días si el Gobierno no rectifica

El llamado Plan Bonos, la oferta para canjear por títulos de deuda a 10 años el dinero que los ahorradores tienen depositado en los bancos y que el Ejecutivo decidió finalmente impulsar con un decreto "de necesidad y urgencia", ha enfrentado a los funcionarios del Ministerio de Economía con el Banco Central de Argentina. El presidente de la institución, Mario Blejer, un economista próximo al Fondo Monetario Internacional (FMI), está dispuesto a dimitir si el ministro de Economía, Roberto Lavagna, no rectifica. Tres de los ocho directores del Banco Central ya han presentado su renuncia.

Blejer, un economista de 53 años que hasta hace 10 meses era vicedirector del FMI para las regiones de Asia y el Pacífico, y que trabajó durante 20 años vinculado al Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial, dijo a uno de sus directores que aguardaría el regreso del ministro Lavagna de su viaje a Washington y que su propia renuncia dependía de ese último encuentro a solas, según las fuentes consultadas.

Los funcionarios del Central proponen que el canje de dinero por bonos sea obligatorio para los depósitos a plazo y que se debe ofrecer otro bono "voluntario pero atractivo" a los clientes con fondos retenidos en las cuentas corrientes y las cajas de ahorro. De otro modo, la quiebra del sistema financiero argentino sería inminente. Sin embargo, el secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen, declaró ayer públicamente que un bono colocado obligatoriamente "es absolutamente inviable". Nielsen también indicó que esta decisión de que los bonos no sean obligatorios es "innegociable" con los bancos, que necesitan con urgencia una salida a la delicada situación en la que se encuentran.

Además de Lavagna, que se encuentra en Washington, el presidente del país, Eduardo Duhalde, se encuentra en España para asistir a la cumbre entre la UE y América Latina. Los rumores del enfrentamiento entre el Gobierno y el Banco Central dispararon la cotización del dólar, que ayer se cambiaba ya a 3,45 pesos, un 5% de subida en un solo día. El Banco Central emitió ya 2.000 millones de pesos más, por encima de los 3.500 que la Ley de Presupuesto autorizaba para todo el año, para sostener con préstamos a los bancos. Las reservas del país se redujeron a 10.843 millones de dólares.

Desde que Eduardo Duhalde asumió el cargo a comienzos de enero, tras la renuncia a fines de diciembre de Fernando de la Rúa y de la presidencia provisional de Adolfo Rodríguez Saa, se redujeron en 3.735 millones. La tasa del 15% de inflación prevista en el presupuesto alcanza ya el 50% en lo que va del año.

Los bancos disponen sólo de 7.000 millones de pesos para afrontar el reclamo de unos 30.000 millones que están depositados en las llamadas cuentas a la vista, las corrientes y las de cajas de ahorro. De los 64.808 millones de pesos o dólares, a la paridad uno a uno que imponía la Ley de Convertibilidad, depositados en el sistema cuando el pasado 3 de diciembre se levantó el corralito y se frenaron los retiros casi hasta el punto de congelación, 46.401 millones se habían colocado en dólares. Los fondos de casi dos millones de personas fueron primero pesificados al valor de 1,40 pesos por dólar y luego reprogramados para devolverlos en cuotas hasta 2005.

El Ministerio de Economía había abandonado la idea de aplicar el Plan Bonos ante la resistencia de los ahorradores, que se niegan a aceptar títulos de deuda de un Estado en suspensión de pagos y de los bancos, que reclaman unos 12.000 millones de dólares como compensación por las pérdidas que sufrieron ante la pesificación a 1,40 de sus depósitos y uno a uno de los créditos, a lo que se sumó la eliminación del índice de actualización de las cuotas de esos créditos según el coste de vida.

El ministro Lavagna propone ahora un menú de opciones para que los ahorradores puedan elegir entre el canje "voluntario" por bonos del Estado o "certificados" de los depósitos a plazo extendidos por los bancos para que puedan utilizarse en la compra de bienes registrables (viviendas, automóviles, acciones) o como inversiones en empresas. Los funcionarios del Banco Central consideran que si no se impide la sangría de fondos y se la estimula aún más con los certificados, la fuga de dinero se trasladaría a la compra de dólares, la única inversión que los ahorradores estiman segura, y la consecuencia sería una carrera de los precios contra la cotización del dólar que dispararía la hiperinflación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 18 de mayo de 2002