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Argentina cierra los bancos para evitar la salida masiva de depósitos

El ejecutivo intentará que el Congreso apruebe el canje de los depósitos a plazo por bonos

El Banco Central de Argentina ordenó el cierre desde el lunes y "por tiempo indeterminado" de los bancos y el mercado cambiario para evitar la fuga masiva de depósitos que producían los miles de recursos de amparo que a diario concedían los jueces a los ahorradores atrapados en el 'corralito' y que hubiera llevado a la quiebra del sistema financiero en unos 20 días. El Gobierno confía en que el Congreso apruebe la próxima semana una ley que permita cambiar bonos del Estado por el dinero colocado a plazo fijo. Lo que está en cuentas corrientes y depósitos de ahorro no se verá afectado.

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Nada más conocerse la noticia se formaron largas colas en los cajeros automáticos de los bancos. Unas horas después, las entidades advirtieron de que ya no quedaba más dinero. Ayer por la tarde Buenos Aires agotó la liquidez de sus cajeros y la ciudad quedó sin dinero.

El llamado Plan Bonex, que legaliza de hecho la confiscación del dinero de los ahorradores, ya fue aplicado a comienzos de 1990 por el Gobierno que presidía el peronista Carlos Menem.

Pero entonces el Estado no había suspendido pagos y podía ofrecer un respaldo a los títulos que emitía. Ahora los ahorradores que reciban papeles no saben si cumplido el plazo podrán recuperar su dinero o el Gobierno de turno decidirá la extensión del plazo de pago.

El bono se cotizará en el mercado al 25% de su valor, según analistas financieros. Esto significa que aquellos que necesiten cambiar urgentemente los bonos por pesos en el mercado sólo recibirán la cuarta parte de lo que colocaron en los depósitos. Los ahorradores que tenían sus plazos en dólares ya habían sido perjudicados por la pesificación obligatoria de sus depósitos a una paridad de 1,4 pesos por dólar, cuando en el mercado libre se cotizan a 3,2.

La "bomba de tiempo" del corralito financiero que levantó el ex ministro Domingo Cavallo, según la descripción del presidente Eduardo Duhalde, finalmente explotó. El intento de desactivarla con la promesa de una devolución programada de los depósitos en cinco años fracasó porque los ahorradores recurrieron a la Justicia y obtuvieron sentencias favorables que obligaban a los bancos a devolver el dinero.

La fuga inicial de unos 40 millones de dólares diarios se duplicó en poco tiempo y en los últimos días superaba ya los 200 millones. Todo el dinero se cambiaba por dólares y el Banco Central no pudo evitar ya una riada que amenazaba con arrasar el sistema. El jueves pasado, el Banco Central suspendió las operaciones del Scotiabank, de capital canadiense, un banco al que había socorrido tres días antes con préstamos por 177 millones de dólares.

Quiebra del sistema

La Asociación de Bancos advirtió que el sistema no soportaría más de dos semanas la fuga masiva. La pasada semana Duhalde se negó a firmar un decreto elaborado por el Ministerio de Economía para impedir a los jueces conceder los recursos de amparo ante la evidencia de que sería declarado inconstitucional por el Supremo.

Fue entonces cuando el ministro de Economía propuso, como último recurso, la reedición del Plan Bonex que había sido inicialmente descartado hace ya cien días. "El presidente está pensando en llegar a un acuerdo con el Fondo y adelantar las elecciones de septiembre de 2003 al próximo noviembre", declaró ayer un alto cargo del Gobierno a este periódico.

Los anunciados y temidos estallidos sociales han vuelto ha reproducirse esta semana en cuatro provincias. Los empleados públicos de Jujuy y Chaco al norte del país, de Chubut al sur y los de San Juan, al oeste, ocuparon las legislaturas, provocaron destrozos y se enfrentaron con la policía en reclamos de salarios atrasados.

En los casos más graves hace cuatro meses que no cobran un salario promedio de 500 pesos, unos 180 dólares. El gobierno enfrenta además huelgas y paros de camioneros, de los productores del campo y de maestros.

El acuerdo con el FMI es clave para el futuro del gobierno de Duhalde, un caudillo peronista elegido y sostenido por una debilitada coalición parlamentaria de peronistas y radicales. Jorge Remes Lenicov, el ministro de Economía, inició reuniones ayer en Washington que serán decisivas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de abril de 2002